Llevo mucho tiempo sin ir a una tierra que ha sido y es muy especial para mi. No tengo sangre gallega (creo) pero mis dos peregrinaciones a Santiago hacen que sienta morriña de esa tierra y que tenga ganas de ir. Sé que algun día mi marido, Dani y yo andaremos desde Roncesvalles. Creo que todo el mundo debería tener esa experiencia, en año Xacobeo o no. Sea creyente o sólo quiera encontrarse a sí mismo. El camino te va haciendo a tí, aunque creas que eres tú el que lo andas. Y quien ha andado por esas alfombras de helechos, por esas "cuestiñas", por esas montañas, por esas calles, al lado de esas gentes que te ofrecen sin pensar si les quedará a ellos o no. Los gallegos son gente impresionante, por lo menos yo tengo ese recuerdo. Ahora, con ciertos personajes que sólo se miran el ombligo, no sé. Por lo menos no voy a dejar que me quiten las ganas de ir cuatro "independentistas". Y me daría mucha pena sentirme extranjera en una tierra tan especial para mi. Ya tuve esa sensación en otro lugar y no quiero que vuelva a pasar. Aunque no lo creo, los gallegos son buena gente, no creo que dejen que les manejen de esa manera. Además, ¡que soy del Depor y no he estado en la Coruña!. Ya tengo ganas de visitar Riazor, aunque sea desde fuera.

Sí, siento morriña de Galicia, de los campanarios de Santiago, del mercado de quesos de Sobrado, de las calles de Mondoñedo, de Lourenzana, de Arzúa o de Guitiriz. Tengo ganas de conocer La Coruña, ver la torre de Hércules, Finisterre, la playa de las Catedrales, Lugo, la Ribera Sacra, volver a Samos... No haremos la ruta "Paris-Dakar" en Santiago, porque con el peque sería demasiado. Pero tengo ganas de pasear con mi marido y mi peque por esas calles que anduve hace años con los pies cansados de tanto caminar, pero feliz de haber llegado a la meta. No veré la catedral con los ojos de una peregrina, pero la veré con mis dos hombrecitos. No me alojaré en el parador de Santiago... ni falta que me hace... lo haré en un molino convertido en casita rural, donde el suelo del salón es de cristal para ver el río que pasa por debajo. Y, aunque no lo parezca, no vamos con planes preestablecidos. Iremos a disfrutar de la compañía. Porque vamos a ir, con la excusa de que quiero enseñarle el mar a Dani. Sí, quizá habría sido mejor ir al Mediterráneo... pero es que no vamos buscando bañarnos en el Atlántico. Buscamos enseñarle lo que es el mar. Que le metamos los pies será otra cosa. Dependerá del tiempo. Lo que no vamos a perdonar es un poco de pulpito con cachelos, con un vinito de la tierra. Aunque luego tengamos que pasear un par de horas antes de coger el coche. Disfrutar no nos quita un ápice de responsabilidad.

No quiero acabar el post de hoy sin hacer una mención a lo que pasó ayer. En una comunidad de blogueros como la coctelera, con tantos post escritos, aparecí en la newsletter. Y me llenó de emoción, porque eligieron un post que he dedicado al recuerdo de Juan Pablo II para dar a conocer mi manera de escribir. Las visitas se vieron incrementadas y los comentarios y el encontrar a nuevas amistades... pero lo que más me gustó fue que eligieran ese post. Muchas gracias a los Barman y a las Barwoman. Brindaré por ello cuando estemos en Galicia.