Hoy es Jueves Santo. No sólo se nota porque en la tele ya han empezado a dar "Rey de reyes", "Quo Vadis", "Ben Hur" y películas por el estilo. Tampoco por los carteles en mi calle avisando de no aparcar desde las 16.00 horas porque pasa la procesión. O por los atascos en unas carreteras que dejan a Madrid prácticamente despoblada para uso y disfrute de los que no viajaremos. Si navego por internet hoy podré leer meditaciones sobre la Última Cena, o la Oración en el huerto de los olivos, o el lavatorio de los pies, o la institución de la Eucaristía... Mas no es en nada de eso en lo que quiero detenerme hoy. Sino en "el fresco" que he puesto ilustrando el post. Siempre nos muestran la imagen de la izquierda. Jesús rezando y los discípulos roncando. Propio del ser humano ¿verdad? Basta que haya algo importante en nuestra vida para que alguno de los cercanos lo tome a la ligera y se dedique a pensar en otras cosas. Yo le llamo el sueño "no es pa'tanto". ¿Por qué? Porque no será la primera vez que abro el corazón a alguien y está más pendiente del reloj, del móvil, de limpiarse las gafas u otra minucia antes de lo que le estoy contando. Le cuentas tus movidas y esa persona te dice "Vamos, no es para tanto". ¿Cómo? ¿Qué no es para tanto? ¿Acaso te has puesto en mi piel? Es como si te cayera todo el caudal de las cataratas del Niágara en el cogote de sopetón. Los apóstoles en ese momento habían sido elegidos para apoyar, para ayudar, para sostener a Jesús... recién ordenados sacerdotes, recién comulgados... no se dan cuenta del momento que están viviendo y se quedan dormidos. Da igual que Jesus les reprenda, que les despierte... para ellos no es interesante. Se duermen, van a su rollo. Literalmente, pasan del tema. Lo sé, corro el riesgo de que me llamen blasfema; pero nadie puede negar que se durmieron. El primado, Simón Pedro, la cabeza de la Iglesia, se quedó frito.

En el otro lado, dos mujeres, rezando. Ocultas, en un segundo plano. ¿Os suena de algo? A mí sí. Ellas han entendido lo que está ocurriendo y desde su sitio, desde la soledad, aman, rezan, no dejan de pensar en el ser querido que lo está pasando mal. Es lo propio de las mujeres. Y no es de cultura machista, quien me conoce sabe que no lo soy. Pero sólo las mujeres podemos ser madres y esa preocupación es propia de las mamis. He perdido la cuenta de las veces que me he despertado por las noches y con mucho cuidado me he acercado a la puerta de mi pequeño para comprobar que respiraba. O que me he puesto en plan previsor y he metido en la mochila el apiretal, el dalsy, gasas y... sobre todo, muchos besos y mucha ternura. No importa que esté hecha una cochambre o que me duela lo que sea. Si Dani llama a su mamá, lo dejo todo. No digo que los padres no quieran a los peques. No, para nada. He visto con qué mimo cuida mi marido al peque. Pero una madre es como si, a pesar de todo, no cortara el cordón umbilical. Seguro que a mas de uno nos pasa, a pesar de los años, nuestras madres siguen viéndonos como a sus peques. De hecho, puedo decir que mi sueño ya no es como antes. Hace años podían tirar el suelo de la habitación de al lado con un martillo percutor y yo seguía durmiendo plácidamente sin enterarme del ruido. En la actualidad, una sola tos o un cambio de postura de Dani en la habitación de al lado hace que me despierte. Y estoy convencida de que no estoy loca ni soy un caso raro en el mundo de las mamis. Mi madre, por ejemplo, no podía dormirse si salíamos por ahí. Llegábamos a nuestra hora pero ella siempre permanecía en vigilia. Luego nos contaba cualquier excusa, como que tenía sed, hambre, tenía que ir al baño o... la que más me gustaba... la terraza necesitaba un barrido. Y allí veía a mi madre a las once de la noche, escoba en mano, barriendo la terraza, hasta que yo aparecía.

En este mundo en el que tanto se habla de la igualdad, yo creo que se entiende un poco mal. Me gusta más la diferencia, es más instructiva. Nos han vendido la moto de que la mujer debe ser igual al hombre. Pero, parafraseando a Mulán (sí, una peli de Disney) quiero parecer un hombre pero no oler como ellos. O lo que es lo mismo. Quiero que me respeten por mi condición de mujer, de igual a igual sin que por ello tenga que perder lo que soy, no tener que embrutecerme. Hombres y mujeres somos diferentes y el mundo gira gracias a eso. Tenemos los mismos derechos; pero somos en esencia diferentes. Es algo demostrable: ellos tienen más fuerza por ejemplo. Sólo nosotras podemos dar a luz. No se trata de ver a la mujer sólo como una "máquina" de procrear. De eso nada. Pero es indudable que físicamente, sólo nosotras estamos preparadas para traer a un peque al mundo. Y aunque sólo sea por eso, tendrían que respetarnos. En historia eclesial a mi me encanta pensar en que en uno de los momentos más importantes no hubo, por decirlo finamente, concurso de varón. Fue una historia entre Dios y una mujer. Nada más. Quizá para darle la vuelta nos han "vendido" la moto de que Dios Padre, sólo Padre. Y de eso nada, porque Dios por su propia esencia es Padre-Madre. Si no fuera así, no sería perfecto, todopoderosos... no sería Dios porque le faltaría el lado femenino.

Vuelvo a la imagen que ilustra el post. Dos mujeres despiertas, rezando sin que nadie las vea, sosteniendo al que sufre. Para mí es la gran lección del Jueves Santo. Hacer las cosas sin pedir protagonismo, sin tanta cara a la galería. Es como lo del día del padre o de la madre. ¿Un sólo día? ¿Y cuándo es el día de los padres? Yo diría que todos, no hay que celebrarlos por separado. Y no hacen falta regalos que llenen los bolsillos a ECI (conocida cadena de tiendas, hipermercados y centros comerciales). Para mi marido, estoy segura que valió más la sonrisa de Dani que el mayor de los regalos. Y en lo que se refiere al aniversario, se puso malito, tuvo lo mismo que yo el lunes, por lo que todos nuestros planes se desbarataron. ¿O no? Yo creo que no. Es preferible ver oportunidades antes que problemas o trabas. Él no eligió estar malo; pero no podíamos permitir que se "chafara" el aniversario. ¿Qué mejor manera de renovar nuestras promesas matrimoniales que cuidándonos el uno al otro? ¿Acaso tiene que ser todo vino y rosas? No, la vida no es sólo fiesta, juerga y diversión. A veces hay que apechugar, arrimar el hombro y cuidar al otro que flaquea, que está débil. Éso es el amor y las mujeres somos verdaderas expertas en ello, aunque a veces nos gustaría tener un corazón de piedra, tenemos un corazón humano que bombea, que late. Lo sé, estoy haciendo publicidad de mi libro; pero es que es por esa razón por lo que se llama así. Corazón humano que se compadece, que ama, que busca, que no se queda dormido en plan no va conmigo. Que lo siente todo.

Hoy, mi reflexión se queda en esas mujeres del cuadro, que pasan siempre desapercibidas. Todo lo que se celebra hoy es importante. Pero hoy quiero poner la luz en ellas. Quizá porque era lo que menos se esperaban.