Hoy me pongo ante el ordenador casi de puntillas. No porque el peque ande durmiendo, pues no lo está, sino porque termina una semana de muchos nervios, de muchas alegrías y que será difícil que olvide. El primer año de Dani ha sido algo único. Saber que estaba bien y recordar todo lo que hemos pasado este año. Ha sido mucho y he podido disfrutarlo en cada momento. Estoy viviendo una etapa dulce, difícil, pero merece la pena. La llegada de un hijo es algo más que echar números, equipamiento y horas. A veces parece que estamos más ocupados en ver si es posible ocuparse de ellos que traerlos al mundo. Y tener un hijo es, siempre, motivo de alegría. Esta semana lo he ido recordando, si es que alguna vez lo había olvidado. Es una alegría, aunque a veces nos tengamos que poner a reflexionar para sacarlos adelante. Por mi experiencia puedo decir que merece la pena y mucho.También he vivido esta semana el "nacimiento" de mi primer libro. Y eso ha producido muchos nervios y quebraderos de cabeza. Me ha costado mucho, muchos temores, dudas, incógnitas... pero todo merecerá la pena si alguien, en algun lugar del mundo, lo lee y cree que se ha escrito para él/la.

Mi semana ha sido diferente a la que han mostrado en televisión. Parece casi de escándalo el estar hablando de alegría cuando ha habido varias muertes por violencia de género. Es como si el mundo fuese a una velocidad distinta a la mia. Yo llevo un año con muchos cambios y el mundo sigue a su ritmo, sin que parezca que importen demasiado las alegrías o las tristezas. No es que la vida siga igual, sino que sigue los pasos del tiempo. Es la misma para todos, aunque distinta cada dia. Lo que para mi es una semana dichosa, alegre... para otros puede ser la mas dura de su vida. Y puede que nadie lo sepa. No tienen que salir en las noticias. Aunque el gran público no los conozcan, sus vidas son importantes para otros. Nadie es tan desafortunado como para no tener nombre para nadie