Un sábado más, tomo un texto prestado, de esos que hace pensar. Mi teoría es sencilla: si lo que piensas decir, ya lo ha escrito otra persona, es mejor que des a conocer el original. Así no te equivocarás al intentar explicarlo con tus palabras y, como citarás al autor, nadie podrá decirte que lo que dices no es tuyo. Otro motivo que me parece bueno es que, con los textos que nos hacen reflexionar, al final vamos haciendo los pequeños apuntes de la vida. Es como si en cada ocasión, hubiera un detalle puesto especialmente para nosotros, como una señal que nadie más puede percibir. Si no estamos atentos, esa señal se pierde. Nadie más puede encontrarla. Con los textos pasa algo parecido. Puedes intentar meterte en la mente del autor para saber lo que quiere decir, o bien, exponerte y mirar lo que te dice a tí. Yo, personalmente, prefiero lo segundo porque meterse en la mente de Kant, Hegel, Follet o Hesse tiene que ser una tarea más propia de Harry Potter que de un ser humano corriente. Por no hablar que el hacerlo no me aporta nada. En cambio, si al acercarme al texto, voy en blanco, sin crearme antecedentes, intentando sacar una enseñanza para mi vida, seguro que la lectura es mucho más productiva. Costará un poquito más, porque habrá que poner las neuronas a funcionar y revisar la vida de vez en cuando; pero merecerá la pena. Quizá sea un camino que nadie haya pisado. Quizá no, seguro que nadie lo ha pisado antes porque es tu camino quien te sale al paso. Es a ti a quien le toca andarlo, con sus subidas y bajadas, obstáculos y curvas. Os dejo con otro texto de Paulo Coelho. No sé que ocurre que siempre que pienso en un buen texto, es del mismo autor. Puede que algun día escriba sobre ello

CÓMO SE ABRIÓ EL SENDERO

En el Jornalinho, de Portugal, encuentro una historia que nos enseña mucho respecto a aquello que escogemos sin pensar:

Un día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pastura. Siendo animal irracional, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, lider de un rebaño, que, viendo el espacio ya abierto, hizo a sus compañeros seguir por allí.
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha, a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa.
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, posteriormente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto era el peor posible.

Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía, al ver que los hombres tienen la tendencia a seguir como ciegos el camino que ya está abierto, sin preguntarse nunca si aquélla es la mejor elección.

(Autor: Paulo Coelho. Publicado en "El Semanal", nº 729.)