Hace poco me lancé en la aventura de hacer guacamole. Parecía muy sencillo. 2 aguacates, una cebolla no muy grande, un pimiento verde chiquitito, dos tomates y poco más. Pues no, de sencillo nada. Primero porque los aguacates no estaban todo lo maduros que hubiese sido bueno, por lo que pelarlos ya fue una odisea. Estaba tan duro que más que "machacarlo" con el tenedor, tuve que tirar de batidora. Corté mucho los tomates, la cebolla picaba horrores y el pimiento... buuuufffff... no soy para nada amiga de los pimientos. Por lo que, lo que debería haber sido una salsa, parecía un mazacote que no había manera de comer, que picaba mucho y que había que acompañar con medio vaso de agua por lo menos. Mi marido me dijo que estaba bueno; pero no... no me salió bien y lo sé. Tengo que hacerlo otra vez, ahora que me sé la receta, porque me encanta, es uno de mis aperitivos favoritos, guacamole con nachos. Una delicia, si está bien hecho. No siempre me va a salir todo estupendamente a la primera, no tendría ningun mérito y tendría que pensar seriamente en sustituir a Arzak o a Adriá.

¿Por qué hablo de guacamole? Primero porque no tengo ninguna gana de hablar de a recién inaugurada campaña electoral. Segundo porque el mero hecho de que me plantee hacerlo es curioso, pues no forma parte de la gastronomía española. Al igual que creo que no me atrevería nunca a hacer sushi, sólo por la pereza de estar dos horas cociendo arroz, con este tipo de platos me atrevo. A mi marido las fajitas le salen estupendas, por lo que tenía que lanzarme a hacer guacamole o tacos. Y me pareció más sencillo empezar por el guacamole. Pero bueno, viendo el exitazo inicial, seguramente, este fin de semana me decante de nuevo por la comida italiana. Aunque el guacamole me ha recordado lo que me cuesta hacer tortillas... más que tortillas parecen huevos revueltos con patata, con atun o con lo que me atreva a hacer. No es tan sencillo, a pesar de que lo parece. Nunca he intentado darle la vuelta en el aire, más que nada, porque le tengo cariño al techo blanco de la cocina y no me ha dado por hacerle estampados. Si algun día lo pinto de amarillo veremos si me pongo en plan cocinilla. Por ello pueden estar tranquilos los cocineros profesionales. Y aún así, estoy convencida que no me saldrán tan bien como las de mi madre, que es una auténtica profesional de la tortilla... normal, mi padre lleva años diciendo que el R. Madrid gana los partidos porque él cena mientras los ve tortilla de patata con una cerveza bien fría. Si se enteran los del Madrid fijo que darían un sueldo a mi madre ;-)

Es bueno intentar cocinar comida de otros sitios. Nuestra sociedad es un compendio de culturas de las que se puede sacar muchas cosas buenas. No todo es "fast food". Eso sí, cuando te apetece comer algo "de la tierra" lo tienes complicado. Para comer pizza, hamburguesas o comida oriental no tienes problema... si quieres comer de tapas, tampoco dependiendo de la zona. Si quieres comer de cuchara busca un restaurante gallego o asturiano... en los que puedes encontrar hasta la famosa "paela" de los "guiris". Claro, siempre tienes la opción de ir a comer a un restaurante o casa de comidas, de menú diario y atreverte a comer lo del día, no tanto el socorrido plato combinado. Así, puedes comer variado... hay zonas en las que todos los bares siguen los mismos parámetros. No me los sé; pero si la memoria no me falla, los jueves en muchos de ellos hay paella.

Reconozco que hoy mi memoria anda un poco somnolienta. Ayer, mi marido me regaló el último de Harry Potter y no me puse a leérmelo hasta que Dani no se durmió y terminamos de ver la peli "Abajo el periscopio". Vamos que cuando me acosté eran las cuatro y pico. Me quedé en la página 189, con lo que hoy me queda otro "atracón" literario. Mi pobre marido aguantó tres cuartos de hora esperando en una cola para poder pagar... y poder entrar en casa... era broma, aunque él se lo tomó muy en serio. Me sentí un poco culpable de que hubiera estado tanto tiempo. Eso sí, tuvo "suerte" y no fue a donde se agolpaban cientos de personas como locos a las 18.30 Las imágenes que ofrecieron las televisiones eran, por lo menos, llamativas. Tanta gente vestida con los colores de Gryffindor, con varitas, con gafas y cicatrices en forma de rayo en la frente.

Vuelvo a mi guacamole. Sé que tarde o temprano me saldrá estupendo. El hecho de que no me saliera la primera vez, es un aliciente para volver a intentarlo. Y cuando lo consiga, me sabrá mucho mejor que el del mexicano, porque me sabrá a "prueba conseguida" a esfuerzo y trabajo bien hecho. Lo que se consigue con facilidad no se valora tanto. Cuando lo consiga, ya me sabré el truco y a partir de ahí, siempre tendré que buscar mejorar. Porque, una vez que lo consiga, el reto será en mejorar... porque siempre se puede mejorar. Es lo bueno de las recetas.