Muchas veces pensamos en los sueños como si fueran una utopía, algo inalcanzable y que es mejor desechar. Y es una de las grandes equivocaciones de la vida. Porque los sueños están para ir a por ellos. Cada uno de nosotros tenemos un potencial enorme en nuestro interior. Sólo nos hace falta estar convencido de ello para conseguirlo. Es como en la imagen que ilustra hoy el post. El gato lleva dentro un león. Lo será en la medida en que se lo crea y luche por serlo. Evidentemente hay sueños realistas. Por mucho que yo creo que soy Jennifer López no lo seré. Puedo hacerme operaciones estéticas, aprender baile, canto, interpretación... pero será un error dejar de ser yo misma para intentar llegar a ser ella. Lo mejor es mirarse en el espejo interior, descubrir lo que somos y mostrarlo, aunque cueste. En este mundo parece que está todo estipulado y si te sales de las normas o te marginan o te desprecian. Un ejemplo de ellos, los artesanos. La gente que no mira tanto el dinero como realizarse en su trabajo. Quizá no haga una producción como una fábrica; pero tiene una calidad y una particularidad que no lo dan los productos "made in...". El otro día sacaron en tv un programa de gente que vivía de forma distinta. Arquitectos e ingenieros que habían dejado su super trabajo de ejecutivos ganando una pasta para irse al campo a plantar un huerto. Artistas que habían dejado su vida para irse a vivir a un castillo abandonado que no tenía ni luz, ni agua, ni nada de las comodidades actuales. Gente que iba en pos de la utopía y que nos mostraban que se podía ser feliz yendo a contracorriente.

A contracorriente. Parece lo mejor; pero al final casi todos nos dejamos llevar por la corriente de la sociedad. Algo parecido a: estudiar, trabajar, ganar dinero, tener el carnet de conducir, comprarse un coche, hacer números para pagar la hipoteca, tener novio, casarse, tener hijos, viajar de vez en cuando... Cuando aconsejamos a nuestros hijos que estudien pensamos en carreras con futuro: económicas, empresariales, ingenierías, derecho... si uno nos dice que quiere hacer arqueología o filosofía, intentamos quitarles la idea. Aunque ése fuese el camino de su felicidad. Lo hacemos pensando en su bien, para que lleguen a ser algo en la vida. Lo que significa que deben ser algo que tenga repercusión material, juzgado segun nuestros propios parámetros sociales. Y conseguimos que se frustren porque en el fondo ellos saben que anhelaban otra vida. Puede que sean felices siendo abogados o empresarios; pero siempre les quedará la espinita de que, quizá, si hubiesen hecho lo que ellos pensaban desde un principio, estando en algun perdido de la geografía mundial excavando o haciendo teorías filosóficas, quizá serían más felices. Pero no tuvieron el valor de mirarse al espejo interior, de descubrir al verdadero león y de luchar por ese sueño que parecía utopía y que ahora ya queda demasiado lejos.

¿Por qué ese miedo a perseguir los sueños, la utopía? Porque no hay seguridad. Lo vemos, nos gustaría; pero son tantos cambios que nos parece que no hay tierra bajo los pies. Es demasiado brusco, hace falta mucho valor para lanzarse. Los resultados no se ven en la cuenta corriente. Y nos da miedo cometer un fracaso público, el tener que volver a casa diciendo "teníais razón". ¿Ejemplos? Bufff, las películas están llenas de historias de personas que dejaron su casa para ser actores o actrices y acabaron de camareros o limpiando botas. Como si el cine nos dijera "es lo que ocurre si te sales del camino establecido". En la vida no ocurre como en el esquí, que si te sales de las pistas marcadas puedes provocar una avalancha. En la vida, cada uno debe trazar su propio camino y buscar lo que le llena el corazón. Pienso en los pueblos que ven cómo se marchan sus vecinos poco a poco. Recuerdo cuando fuimos a celebrar nuestro primer aniversario de casados a La Rioja. Pasamos por delante de un pueblo abandonado, me parece que se llamaba Turruncun. Impresionaba, de verdad, pensar en las gentes que una vez caminaron por sus calles, vivieron en sus casas, disfrutaron de sus paisajes, pusieron sus ilusiones en negocios, en las huertas.... y ahora sólo el viento lo habita, las casas se van cayendo, las calles se llenan de polvo. La vida se hizo difícil alli. Hace poco sacaron en la tv un reportaje sobre la comarca más despoblada de Europa. Se encuentra en Soria. Había un pueblo con un sólo habitante. La gente de otros pueblos decían que era insociable. El reportero le buscó a gritos y al final, el hombre apareció tras una ventana. Parecía desagradable y el reportero se empeñó en hacerlo parecer así. Porque vivía solo. Casi nos hacían pensar que estaba mal de la cabeza. Cuando lo ví, pensé ¿qué pasará si el hombre tiene un accidente? ¿Alguien le echará de menos? Porque su sitiación era como la última brasa de un fuego. Una a una se van apagando. Si no se acerca más leña, al final ese calor desaparece. Los pueblos que se van vaciando son algo parecido. Las brasas (los vecinos) se marchan en busca de otros fuegos que calienten mas... los que quedan, si no hay más leña, terminan apagándose poco a poco, llenándose de las tristes cenizas del olvido.

En nuestra sociedad, el ser humano que que se aleja es como esa brasa que se aparta de la lumbre. Por mucho que brille al principio, sin el calor del grupo, al final se apaga. Es lo que le ocurrirá al vecino solitario de la comarca de Soria. O al artesano que se quede él sólo. Al final se desanimará y volverá al "redil". Venderá su taller para volver a trabajar para otro. Los seres humanos somos seres sociales, no podemos vivir solos. Aunque a veces nos gustaría, la mayoría nos sentimos más cómodos formando parte de un grupo: estando en nuestro departamento, siendo aficionado de un equipo de fútbol... tendemos a asociarnos. La unión hace la fuerza y cuántos más seamos, mejor. Tenemos una necesidad inmediata de nuestros semejantes y vamos buscando siempre apoyos. Pienso por ejemplo en la familia. Cuando caminas solo, parece como si costara más. Sin embargo, si caminas acompañado, parece que hasta las fuertes subidas se convierten en llanos. No eres tan consciente del esfuerzo porque vas acompañado. Hablando de caminatas. Hace poco descubrí una manera de caminar, el nordic walking o caminata nórdica. Había visto gente caminar con dos bastones, en plan peregrino; pero es que resulta que esun deporte,que diferencian del senderismo o del trekking. Descubrí unas webspor la red,casi diría de casualidad. Pues bien, me llama la atención que se crearan asociaciones y den hasta cursos para aprender.No me imagino a nadie andando por una ciudad él sólo con bastones. Pero si vemos a dos personas, ya pensaríamos que es algo distinto. Y si vemos a un grupo, la curiosidad nos picaría mucho más. Evidentemente, alguien tiene que ser el primero, como con lacarrera de Forrest Gump. Pero si a ese primero no se le une nadie, al final se quedará en una anécdota, en un intento más en la historia que quedará en el olvido.

¿El amor es una utopía? Pues diría más bien que es la utopía suprema, lo que da sentido a la vida, lo más importante y lo que nadie puede rechazar. Como decía la canción, nadie puede, ni nadie debe vivir sin amor. Es lo que cambia la vida, lo que la llena de sentido. Empezando por uno mismo, porque flaco favor nos hacemos si no nos queremos a nosotros mismos, si no somos capaces de ver las posibilidades que tenemos dentro y la situación enla que estamos. No es una utopía. Si respirar y comer es básico para nuestra vida, tambien lo es, estar 15 minutos al día con nosotros mismos, a solas, para ver lo que te preocupa, lo que no te gusta, lo que hay que fomentar. 15 minutos no es tiempo.4 canciones de la radio, un trayecto en coche, el tiempo de ir por la calle... 15 minutos sólo para nosotros, para querernos. No en plan Narciso, sino mirando lo que hay dentro. Muchos a eso lo llaman meditación, otros tantos lo hacen oración, comunicación con Dios.Lo importante es tener ese momento para revisar "la contabilidad vital".Emplear 15 minutos en nosotros mismos es mucho más beneficioso de lo que podemos creer. Nos ayudará a estar centrados, a desempeñar nuestro trabajo de forma más competente, a renovar nuestra fuerza de voluntad y a tener los objetivos más claros. Por lo que de pérdida de tiempo, nada. Nos hará vivir mejor, en medio de las vicisitudes cotidianas. No se pierde nada por probar. Aunque al principio cueste, merece la pena el esfuerzo. Es una utopía alcanzable, aún medio de la vorágine cotidiana. Al principio, en medio o al final de la jornada. Un cuarto de hora empleado en uno mismo, en hacer un poco de silencio interior. Para algunos, que suelen ser los que más lo necesitan, es una utopía. Para otros es una realidad necesaria. Quien lo consiguió una vez sabe que hace falta. Si no se puede hacer sólo que aprovechen los puntos de encuentro: iglesias, mezquitas, sinagogas, salas de meditación, templos, caminos, parques, plazas, atascos,transporte público... cualquier lugar elbueno.