Ayer no conseguí escribir nada. El motivo fue simple: estaba demasiado triste como para escribir algo bueno. Corría el riesgo de electrocutarme, ya me entendéis. ¿Por qué estaba triste? Porque el tiempo corre demasiado deprisa. Me explico. Ayer llamé al futuro cole de Dani me dijeron que me iban a llamar para concertar la visita al centro y para la reserva de plaza. Y me alegré, de verdad, porque el colegio elegido es bueno, está entre nuestra casa y el trabajo, y va a poder hacer amiguitos... pero me entristecí y no sabéis como por el hecho de que se acerca la fecha en que le voy a dejar al cuidado de otras personas, prácticamente todo el día, porque cuando vuelva a trabajar tendré mi turno de 9.00 a 18.00. Aún queda para ello; pero el tiempo corre deprisa y la sensación es extraña. Mi marido, cuando volvió a trabajar lo dejaba conmigo y sabe de sobra que el peque está más que cuidado con su mamá. Pero en mi caso le voy a dejar con una profesora-monitora que tendrá que atender a otros niños, tendremos que ponerle nuestros horarios no adaptarme a los suyos, le darán comida preparada mientras que ahora está comiendo lo que le hace su mamá cada día. En cierta medida es como si le estuviese abandonando. Por lo que os cuento os podéis imaginar el mal día que pasé ayer... creo que hubo momentos en que el peque se quejó de los abrazos prolongados de su madre, que no le solté casi ni para dormir. Lo sé, muchas madres han pasado por ello, más tarde o más temprano... Dani tiene la suerte de que no sabe lo que es ir a la guardería con 4 meses, o que le cuiden sus abuelos o una chica en casa. A él le cuida su mamá, primeriza sí; pero pendiente de él. Y me cuesta porque no veo justo que tenga tan mal arreglo la vida familiar con la laboral, pues en la actualidad eso de que uno deje de trabajar es casi imposible, salvo que tengas una cuenta con ceros a la derecha y no a la izquierda. Lo sé, al menos estoy pudiendo disfrutar de la excedencia...

Hoy ando un poco mejor, mirando como Dani corretea en el parque haciendo sus pinitos para ponerse de pie, mientras escuchamos un concierto de Mozart para flauta. Era la música que le ponía a Dani cuando aún no había nacido y yo creo que la ha reconocido porque se ha quedado escuchándola muy atento con una carita muy dulce. De esas que llena el día de alegría, por las que merece la pena saltar de la cama y bajarse al mundo. Que hace que su mami se olvide de todo lo que le preocupa y me dé cuenta de que soy afortunada. Y eso, en los tiempos que corren, es muchísimo. Porque me temo que la economía no va a dar tregua en este nuevo año, pidiendo a gritos un cambio político... un cambio que, o pasa algo, o me temo que tendremos 4 años más de políticas irrealistas. Irrealistas porque si todo el mundo dice que hay problemas, no puedes decir que es una tormentita coyuntural. Lo razonable sería poner medidas que ayuden a paliar el temporal que se avecina y no poner cara de que aqui no pasa nada. Me temo que más de uno debería leerse el cuento de la hormiga y la cigarra. Eso y ser capaz de leer las señales que la realidad te está ofreciendo, cuando no se conceden hipotecas, los precios suben en lo básico, hay negocios que tienen que cerrar (como las inmobiliarias) y el Euribor se convierte en la peor pesadilla de los trabajadores que ven que todo sube menos su poder adquisitivo.

Otro tema que hoy ocupa mi cabeza es, otra vez, el maltrato. En Cataluña ha muerto un bebé de 9 meses por maltrato. ¿Qué puede hacer un peque de 9 meses? Llorar si no se le atiende o le pasa algo. Pero no se puede usar como justificación de maltrato. Y si encima los presuntos maltratadores son su familia (el abuelo es quien centra las pesquisas) pues es para asustarse. Malos tratos continuos a un bebe de 9 meses. Brutal. De juzgado de guardia. Y que encima se indique que la abuela había avisado a la Generalitat y que no se ha hecho nada por parte de asuntos sociales. ¿Dónde queda eso de que hay que proteger al desvalido? ¿Hay alguien más desvalido que un bebé? Puedes tener un mal día; pero no llegar al maltrato. Yo, he tenido ocasiones en las que me he enfadado con Dani porque se ha puesto a tirar la comida, o se ha puesto a moverse cuando le cambias el pañalete... pero vamos, sé que no lo hace con intención, no sabe lo que hace y en un bebé de meses no hay maldad. Y más que enfadarme, he tenido que ponerme seria para enseñarle que cuando hay que comer, no se puede estar jugando. Hablando de jugar, leo la noticia de que la junta de Andalucía ha publicado una guía en la que aconseja que haya igualdad en los juegos de los niños y que no haya ganadores. ¿Alguien entiende un partido de futbol sin ganadores? Si no se les prepara para competir en los juegos ¿qué van a hacer cuando lleguen al mundo real? ¿Para qué esforzarse si no hay premio? Una carrera sin ganadores. Un balón prisionero en el que pierden todos no es nada divertido. ¿Cómo fomentar el juego en equipo? No sé, pero me parece que no lo han pensado demasiado. Muchas son las generaciones de niños que hemos jugado a ese tipo de cosas en nuestra infancia y ninguno ha salido acomplejado, ni traumatizado. Simplemente quien no sobresalía en esos juegos, lo hacía en otro campo. Cada uno es especial, simplemente tieneque encontrar en lo que es más hábil. Y eso, por mucho que quieran desde Andalucía, no es malo. Es como en un cuerpo, no todos pueden ser corazón, o cerebro, o pulmones, o estómago... tiene que haber intestino, riñones, hígado... cada uno con su función y si todos hacen su trabajo el organismo funciona perfectamente. Y como uno falle, aunque sea el que parece más insignificante, acabarán todos en el hospital.

Voy a acabar con algo divertido que pasó ayer. Para sacar unas risas en este martes y poner al mal tiempo buena cara. Como se suele decir, "el peloncete" ataca de nuevo. Otra historia verídica de mi marido al teléfono. De verdad que al final conseguirá que nadie nos llame. La historia es que ayer por la mañana me llamaron de Energia (ya sabéis que no doy nombres reales) preguntándome por mi marido. Y, como sé que últimamente le gusta ocuparse de esas llamadas, pues les dije que si querían localizarle, tendrían que hacerlo a partir de las 20.00. Realmente pensé que era el mejor modo de librarse de que me contaran la milonga sobre algo que no me interesa. Total, que a las 20.00, suena el teléfono y lo coge mi marido. Pongo el diálogo más o menos:

- ¿Sí? ¿Dígame?
- Buenas noches. Le llamo de Energía. ¿Puedo hablar con Don Peloncete?
- Sí, soy yo.
- Buenas noches. Mi nombre es Pitiplin y quería comentarle una oferta conjunta de Energía en la que se incluye electricidad, gas y teléfono. ¿Le interesa?
- Pues la verdad es que sí, lo que no sé es si soy cliente suyo.
- ¿¿¿¿???? ¿¿¿¿???? ¿¿¿¿?????
- Pues sí, le comento, llevo tiempo pensando en contratar en bloque todos esos servicios, pero quiero hacerlo con la compañía de quien soy cliente, y ahora no podría decirle si lo soy de Energía. ¿Podría decírmelo usted?
- Ahora mismo no tengo en mi poder esa información, Don Peloncete, pero puedo consultar mi base de datos.
- Pues me haría un favor porque ahora mismo me pilla que iba a meterme en la ducha y no tengo ese dato. Evidentemente me interesa dependiendo de la oferta que me puedan hacer.
- Le buscamos en nuestra base de datos y si es cliente, nos pondremos en contacto con usted.
- Pues muchas gracias porque ya le digo que me interesa el pack si soy cliente. Buenas noches

Sobra decir que creo que deben estar volviéndose micos buscando a mi marido en una base de datos porque él sabe de sobra que no es cliente de Energía.