A veces nos dan ganas de cerrar los ojos, como si con eso consiguiéramos parar el tiempo, recuperar a gente que se marchó, que ya no está, que dejó de vivir con nosotros. Estas fechas son tristes porque casi todos tenemos ausencias en la mesa familiar. Quien no echa en falta a un abuelo o a una abuela, piensa en un tio, o en un hermano o en un padre. Aparece el relámpago gris y si cierras los ojos, puede incluso que recuerdes su voz.

¿Por qué hablo de esto hoy, 28 de diciembre, día de los inocentes? Porque hay una exposición del fotógrafo Gustavo Germano, en la Casa América, "Ausencias". Evidentemente, todavía no la he visto en persona y, si digo la verdad,no sé si la veré. Debe ser dura. Se trata de fotografías de antes de la dictadura militar argentina y las de después, mostrando la gente que falta. Dos fotografía, el antes y el después de un tiempo de desgarro, de miedo, de crueldad. Me imagino la gente que lo haya vivido, lo difícil que sería posar de nuevo para esa foto sin una persona querida. La cantidad de recuerdos que se agolparían en ese momento y las ganas de detener el tiempo, de volver a un pasado quizá mejor. Viendo la noticia sobre la exposición me costó no ponerme en la situación de mirar las fotos de los ausentes, recuerdos en la mente.

Otra cosa curiosa que ha ocurrido en estos dias es, lo que yo llamo, dolor gratuito. Me explico, que de masoquista tengo muy poco. Dolor gratuito es identificarme con lo que estoy viendo, pasarlo mal imaginando que le ocurre a alguien que quiero. Con un ejemplo se vé mejor. Ayer, viendo a House, tenía un caso de un niño. Y lo pasé mal imaginando la tesitura de unos padres que tienen que elegir entre sus dos hijos. No me puedo imaginar ese dolor y, lo sé, es una serie de ficción... pero ya se sabe, que la realidad siempre la supera, y seguro que hay personas que han tenido que pasar por cosas peores. Me pongo en la piel de padres que hayan perdido a sus hijos 15 dias antes de nacer y es difícil que no me ponga a llorar. ¿Qué debe sentir una madre a quien le dicen que su bebé ha muerto en su interior, cuando ha estado 8 meses y medio notándole, viendo las ecografías, notando sus pataditas...? Dios mío, me duele el alma sólo de pensarlo. Eso es el dolor gratuito, algo que no me ha afectado directamente; pero que lo siento cuando veo algo así. No soy masoca, lo he dicho; pero me afectan esas cosas, mas ahora que soy mamá.

Querer cerrar los ojos, no significa no ver la realidad. Me gusta mi vida. Mis hombrecitos (mi marido y mi hijo) son la mejor para tener los ojos bien abiertos. El tema es que, a veces, me gusta cerrar los ojos y remontarme al pasado, pensar en personas que fueron amigos, que compartieron conmigo momentos importantes y que el paso de los años alejó. Son breves instantes los que puedes cerrar los ojos. El tiempo pasa rápido y las obligaciones no permiten demasiadas distracciones. Pero cerrar los ojos de vez en cuando es bueno. Darle un descanso al nervio óptico, abrir los ojos del alma y pensar en lo que ha sido la vida, en lo que es y en lo que puede ser. A veces es necesario cerrar los ojos para luego poder soñar despiertos.

Os dejo por hoy, que el peque quiere dormir y el tecleo le molesta un poquillo.