En estas fechas andamos todos con buenos deseos, pensando regalos, haciendo cambalaches para ir a las fiestas laborales, para acudir a los compromisos familiares y al mismo tiempo no descuidar a la persona amada. Porque con tantas comidas, cenas y reuniones familiares, al final pasas más tiempo pensando en los demás que en lo que puede necesitar tu pareja. Y es duro, porque al pasar lasfiestas con cada familia, siempre hay una que la pasas sin los tuyos de siempre. Aunque te trate genial tu familia política, siempre hay un momento de la cena en que piensas ¿qué estarán haciendo tus padres, tus hermanos? Es normal, has pasado con ellos gran parte de las navidades de tu vida y ahora, una fiesta la pasas con la familia de tu pareja, una nueva familia para ti. Costumbres distintas, lugares distintos, comidas distintas. Supongo que eso hace que algunos decidan no pasar las fiestas con ninguna de las familias, aunque no es la mejor opción, al menos para mi. Otra cosa es que decidas que quieres pasar las vacaciones en un sitio especial, como si te vas a Italia o a Australia, por ejemplo. Y quieres hacero como algo diferente, sin que por ello olvides que la familia es importante.
Deseos. En este tiempo parece que todos teemos que tener buenos deseos para los demás, incluso para los que no conocemos. Reconozcámoslo, es un imposible. ¿Los del Barça van a desearle un buen año a los madridistas? Me parece que no. Y al revés tampoco lo veo. En nuestro fuero interno sabemos que no podemos desearle un ascenso a un compañero de trabajo que opta al mismo que nosotros. Y quien diga lo contrario, miente, simple y llanamente. Porque una cosa es alegrarse porque le vayan bien las cosas a los conocidos y otra es que seamos "tontos" y no busquemos mejorar, nuestro propio beneficio. ¿Por qué pienso esto ahora? Quizá porque hay que ser un poco realista y quitarle el acaramelamiento a estas fechas. El mismo Jesús sabía que nacía hombre para ser condenado por los hombres, para ser repudiado. La tradición dice que la tela con la que le envolvieron era realmente un sudario. Nacía para morir. Nacía para dar la vida por los demás y del modo más duro, cruel e inhumano que puede existir. Porque el ser humano es todo un experto en crueldad y en hacer daño. Y no nos equivoquemos, la Navidad es la celebración del nacimiento del hijo de Dios hecho hombre. Todos sabemos cómo acaba la historia que en estasfechas conmemoramos y que hemos vaciado de posible connotación dura de aceptar. No celebramos la llegada de un hombre "grueso" vestido de rojo por el antojo de una multinacional. El importante de estas fechas es la figurita pequeña del Belén, no los gorros rojos, el espumillón o el precio de las angulas.
¡Qué seria me he puesto! ¿verdad? Sí, lo reconozco y sé qe estos días de fiestas pensaré más de una vez en los actos navideños religiosos. Me repetiré el verdadero sentido de las fiestas para no dejarme invadir de consumismo y vacío. Me acordaré de una monja de clausura que conocí en el pasado, a la que hace mucho que no visito por cierto. Cerraré los ojos y la veré en la soledad del claustro pesando en hacer un pesebre en el corazón, con la paja de sus sacrificios para que Jesús nazca en su corazón. Y, por un instante, echaré de menos esa vida. Será como un relámpago gris de añoranza, como el que tendré cuando llegue a casa de mis padres y sienta en el corazón el puñal de la ausencia de mi abuela. Pasado el momento seré capaz de brindar con espumoso, de dar besos y de cumplir el resto de tradiciones; pero por unos momentos pensaré en ello. Luego en el silencio de la habitación, tumbada en la cama recordaré otros tiempos, otros caminos, otras personas... pensaré en dónde estarán, con quién, qué harán... y miraré a mi lado... veré a mi marido y pensaré "adelante, que vamos bien". Y lo pensaré convencida de ello, que el camino en el que estoy es en el que quiero estar... y los demás que aguanten, como diría Alejandro Sanz. Que nadie piense que mi vida es de segunda, porque aunque mi equipo de futbol esté en puestos de descenso, mi camino es mucho más que de primera, es de champions league, por no decir de supercopa de Europa. Del mundial, mejor no hablamos porque siendo española es algo que no conocemos.
Entended que tengo que quitarle hierro al artículo, porque creo que por ahora, hay cosas en mi pasado que prefiero que queden en la penumbra. Aunque no me arrepiento, eso que quede claro. Soy quien soy, gracias a la que fui. Retomo el tema de hoy: DESEOS. Todos tenemos, deseamos cosas materiales (que me toque la lotería, un ascenso, poder comprarme un coche...), no materiales (salud, trabajo, amor...) Pero creo que coincidimos todos en que nos vaya bien la vida, que no haya desgracias en la gente que conocemos. Y que si las tiene que haber, que pasen haciendo el menor daño posible. Por ejemplo, cuando mi marido conduce solo, siempre deseo que llegue bien a su destino (sea el que sea). Él conduce muy bien; pero como no depende enteramente de él, mis deseos siempre se quedan en vela hasta que llega a casa, a la oficina o donde sea. Pienso que si no me llaman, es que no ha pasado nada. Cuando compruebo los números del Euromillón siempre pienso en lo que podría hacer si acertara todos. Deseo que todo vaya bien y que al menos recupere lo que he jugado. Hay riesgos, por supuesto; pero si no se asumen no adelantas.
¿A dónde quiero llegar? Que la vida es un cúmulo de buenos deseos, que a veces se contraponen con los de las otras personas y claro, si siempre ganáramos todos se armaría el mismo follón que en la película "Como Dios". Podemos tener deseos, otra cosa es que se nos concedan. Yo desearía poder viajar, haberme pasado un año de Erasmus, conocer sitios como las Marquesas, Sidney, Patagonia, Groenlandia, haber viajado en interrail, tener un ferrari o un Hummer al estilo CSI Miami, una casita en la palmera artificial de Dubai... y no, tengo un hogar, un coche que no utilizo demasiado porque no me hace falta... no tengo fortuna, sino que soy afortunada, porque no tengo nada... pero lo tengo todo. ¿Una incongruencia? No, que va. No tengo nada de lo que he dicho, mas tengo la suerte de compartir mi vida con mi marido, con mi hijo, con mi familia, con mis amigos. Mi vida no es perfecta, es real. Hay cosas buenas y malas, alegrías y penas. Dificultades y facilidades. Es real, si me pincho con una rosa, me sale sangre. Porque estoy viva y tengo tiempo para tener deseos, propósitos y sueños. Puede que el año que viene se plantee durillo, de esos años que nadie quiere, haya más cruces que caras. Pues es lo que tocará y habrá que seguir. Si la cruz es pesada y caes... pues toca levantarse después de probar si el suelo está bien o le falta sal. Y si algo he aprendido en este tiempo es que cuando llegas al fondo, no puedes bajar más, salvo que te pongas a excavar.
Así que en estos tiempos de deseos, yo seguiré con el cosquilleo en el estómago, con algún cólico a mi colon "enfadao", con alguna corona de espinas en plan de cefalea; pero con el corazón latiendo "pu-pum" "pu-pum" "pu-pum"... deseando salud para mi familia, alegría para aquellos que han recibido un revés duro de la vida por buscar una nueva, y si se puede que el Euribor no apriete demasiado los botones del cuello, que haya tiempo para todo lo que hay que hacer, no sólo en la oficina, oportunidades para disfrutar de una buena mesa... aunque sea de piedra y el banquete a base de latas, o de pan de pueblo recién hecho y la bebida sea agua. Desearé poder contemplar el mar, dejando que el sonido de las olas me funda con el universo, concentrándose el todo en una parte tan pequeña como puedo ser yo. Deseos que no hagan mal a nadie, del día a día, de los que hacen que nos pongamos en marcha, aunque sea a sorbitos, como el café.
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