En esta época próxima a las vacaciones, se multiplican los "festejos" empresariales. Quien no tiene una cena, tiene una comida o un desayuno. No importa cuando, lo importante es celebrar con los compañeros que otro año se acaba y que, posiblemente, los objetivos se han cumplido. La empresa puede tener detalles al estilo cestas de Navidad (remuneración en especie que nunca viene mal), algun regalito extraño (bolígrafos, vino, y de todo lo imaginable para los frikis) acompañado del christmas de rigor, impreso con la firma del "jefazo" en cuestión. Finalmente, la empresa invita al festejo culinario. Te reúnes con los que ves todos los días; pero un poco más guapos, fuera de la oficina. Hasta aquí todo bien. Que si un Martini en el aperitivo, que si vinito blanco, rosado o tinto, que si cervecita en el baile, que si copita de espumoso para brindar por lo buenos, estupendos, fantásticos y cojo___ que somos... Total, que te has pasado el límite de copas en el primer cuarto de hora. Y a una hora intempestiva te decides a volver a casa. Si eres listo, habrás quedado con alguien que viva cerca y que sea abstemio, o si tienes suerte y aprecias tu vida, podrás coger un taxi. Te dejarás medio sueldo; pero vivir bien merece la pena. Si te arriesgas a conducir... te la juegas. Primero porque con tanto alcohol que llevas, pones en riesgo tu vida y la de los que te rodean. Con eso tendría que bastar. Si no te vale como razón para dejar el coche aparcado, puede que tengas muchísimas posibilidades de encontrarte con un par de "holandeses" (van de verde) que te harán soplar. Lo que te ahorras en el taxi, lo pagarás y con intereses en el multazo que te pondrán. Que seguro que pierdes algo más que unos puntos. Es así, si vas a beber, mejor que no cojas el coche. Y si tienes una cena, piensa muy bien lo que vas a beber.

A mi, este año no me toca. La excedencia es lo que tiene, no tienes sueldo; pero tampoco compromisos laborales. Echaré de menos la cesta de navidad, aunque con eso de celebrar las fiestas en familia, al final me sobra el poco turrón que tengo en casa. Creo que todavía me queda una tableta de antes de casarme. Se me ocurrió la brillante idea de llevar turrón a casa de mis padres y cuando acabó la fiesta, me lo tuve que traer de nuevo para casa. Comiendo turrón hasta mayo. Con lo de la cena de Navidad, nunca he sido muy partidaria, la verdad. Primero porque no tiene mucho sentido que digan que es para que se conozca la plantilla. ¿Cómo vas a conocer a nadie si las mesas van por departamentos? ¿Cómo vas a conocer a todos si la empresa tiene a mas de 1500 empleados? Luego está lo de llevar o no a la pareja. En algunas empresas puedes ir acompañado, en otras no. ¿Qué pasa con los que trabajamos los dos en la misma empresa? Si eres de departamentos distintos, te toca ver a tu pareja de lejos. ¿Y los peques? Pues imagino que le tocará a los abuelos, porque no creo que a esas horas haya guarderías abiertas. Cambiar la cena por comida es algo que me suena de talleres y fábricas, aunque no sé si lo hacen todos. Trastoca menos, aunque tampoco es cuestión de ir toda pintada y vestida a trabajar. Y lo del desayuno, sólo lo he visto en la fábrica de mi padre, que calientan el chocolate con el paellero de butano de mi madre. No sé cómo sabrá, lo que me imagino es que después de un buen chocolate, unos churritos y una copita de espumoso, las piezas deben salir un poco raras.

Creo que es mejor irse de comida, cena o de cañas con el departamento. Recuerdo los cumpleaños. Como éramos tantos (ahora son casi el doble de cuando yo dí a luz) casi todas las semanas había bollitos o saladitos, dependiendo del turno del homenajeado, y además, se compraba para todos los compañeros, aunque coincidiérais sólo unos minutos por el cambio de turno. No digo que esté mal relacionarse con otros departamentos, pero cuando hay tanta gente al final te quedas en tu grupito y si te vas a ver a los otros, te pierdes lo tuyo. Un lío.

Lo que es serio es lo de los controles de alcoholemia. Es mejor no jugársela y así tener muchas fiestas que celebrar. Porque lo mejor que te puede pasar es que te encuentres a uno que te paren y dejes de ser un peligro para los demás conductores. Lo peor es que te mates y te lleves por delante a otras personas que no tienen la culpa de que tú no controles ni aprecies tu vida. Piénsalo cuando esta semana cojas el coche. No fastidies las fiestas a tu familia y a tus amigos.