Llevo días pensando en esa pregunta. ¿De qué sirve? Que ¿a qué me refiero? Al supuestamente denominado progreso. ¿De verdad existe? ¿Se puede llamar progreso a lo que hace que una sociedad ponga en manos de otros a sus hijos porque la sociedad impone en términos económicos que sea así? ¿A dónde nos dirigimos? ¿En qué clase de sociedad vivimos en que los padres están tan ocupados que se "olvidan" a los niños en plena calle? ¿Éste es el progreso que nos prometían? Tanta tecnología, tantas medidas del bienestar para estar, humanamente hablando, peor que en el pasado. Así de duro, así de simple.

Cada día se abren nuevas rutas de comunicación... cada día la gente habla menos. Las empresas, como máquinas de hacer dinero que son, se dedican a sacar el máximo partido a los empleados, a cambio de una quinta parte, si llega, de lo que consiguen gracias a ellos. Los empleados terminan casi viviendo en la oficina, se pasan al menos ocho horas allí. Físicamente, porque mentalmente, raro es el empleado que desconecta y puede dedicarse a mirar a sus hijos dormir, o leer un libro normal fuera de los dominios del sr. Roca. El tiempo es un valor escaso. Y de sonreir, mejor no hablamos. Mundo de prisas, de usos, de índices y marrones, de informes y horas ante un teclado... ¿De qué sirve? La lección de generaciones pasadas es que lo que no vivas ahora, no podrás volver a hacerlo. En un milisegundo puede cambiar todo. Estar en el momento equivocado, un descuido, el tiempo de un estornudo y todo se trastoca. En el mundo real no hay botón de "REV", no se puede dar marcha atrás. El tiempo se tira, tiene una fecha de caducidad muy corta. Te pasas la vida deseando que llegue algo y cuando llega, se pasa tan volando, que te quedas con la sensación de vacío, de que falta algo, con el estómago insatisfecho. Quien ha pasado por una boda, un fin de semana especial, por un momento muy preparado sabe de lo que hablo. Hasta los juegos de consola. Te pasas las horas detrás de conseguir los objetivos. ¿Y después qué? Después, mejor que te compres otro. Afan consumista que nos intenta tapar una y otra vez lo insatisfecha que es la vida actual, así de simple, así de duro.

Gente que quiere ser otros, o que quiere todo menos a los otros. Que mira a los demás y piensa "¿Cuánto se llamarán?" ¿Cuánto vale la vida? Hace poco calculaban que el primer año de un bebé costaba, como poco, 6.000 €. 6.000 € el primer año de un ser humano, sea en el futuro un sin techo o el presidente del país más poderoso. ¿Qué es el poder? ¿Tener armas? ¿Pleno empleo? ¿Democracia? ¿Bienestar? No creo que nada de eso sea poder. Porque no creo que haya un país mejor que otro. Al menos, en las noticias que nos llegan, demuestran que las "superpotencias" tienen muchos problemas, muchísimos, dentro en sus territorios. Ponemos precio a una vida humana, perdemos todo con tal de ganar dinero. Pienso en lo de las clínicas abortistas, donde la gente se comportaba como máquinas de matar, sin pensar en que esas personitas a las que mataban podían haber sido sus vecinos, o los que pagaran sus personas. Sólo los veían como trozos de carne que les separaban de la cifra bancaria que querían. Si hacen eso a sus semejantes ¿Qué no le harán al planeta?

Una de las experiencias más duras que puedes tener es ir al zoo y mirar a los ojos a los chimpancés. Una mirada de tristeza te pega una bofetada en plena cara. Igual que las miradas de los ancianos de las residencias a los que nadie les visita, o de los enfermos que están solos en los hospitales, o de los inmigrantes que les prometieron el oro y ahora les tratan como esclavos, deshumanizándolos, convirtiéndolos en números de estadísticas macabras.

¿Qué me pasa hoy? No es que lo vea todo negro, es que ves las noticias y la vida en general y... sólo me sale la pregunta ¿de qué sirve? ¿para qué tanto esfuerzo en ser otras cosas, cuando nos olvidamos de ser mejores personas? Nos perdemos lo mejor, lo que de verdad importa. Lo tenemos todo a favor y, sin embargo no se puede hacer peor. ¿O quizá sí?