Eso es lo que me pregunto. Después de un fin de semana interesante y trastocado porque los de siempre han hecho de las suyas, sembrando la tristeza en dos familias. Un guardia civil muerto y otro, lamentablemente, casi, porque el parte es de muerte cerebral. Tenían que recordarnos que andan por ahí, muy preocupados en intentar amargarnos la existencia. No saben hacer otra cosa y el único lenguaje que comprenden es el de las armas. Con éstos sí que pienso que qué pena de abortos. Con la cantidad de buenas personas que se han abortado y éstos nacieron.

Me entero ahora que los venezolanos hablan por si mismos y que "el gorila de rojo" va a quedarse con las ganas de mandar sin riendas. Me alegro, de verdad. Primero porque creo que los venezolanos son buena gente y que les gusta ser libres. Lo que proponían era una dictadura en toda regla y no diría que comunista ni populista, porque el presidente no habla por el pueblo. Eso sí, se nota que sus cortinas de humo no le han valido para nada. Echar balones fuera no suele salir bien, que la gente no es tonta y él no es todopoderoso para decir a la gente lo que debe hacer, comprar o estudiar. Cuando un pueblo consigue la democracia, la libertad, es difícil convencerle de que la entregue.

En lo más cercano, hemos pasado un fin de semana entretenido y de malos entendidos. El viernes nos planteamos el ir el fin de semana a Segovia, pues tenían unas interesantes jornadas gastronómicas de tapas calientes. También podíamos ir a ver la exposición de esculturas de hielo de la carpa de Azca, en Madrid. O ir a ver un belén traído desde Caltagirone, un pueblecito precioso de Sicilia, donde mi marido y yo estuvimos de luna de miel. Quedarnos en Madrid suponía ir a un restaurante especial, el Inti de Oro. Un restaurante que tiene un serio problema y es que está en la misma calle del Artemisa, nuestro restaurante favorito, con un pastel persa y un tiramisú que no tiene competencia. Pero nos pusimos serios y decidimos que por una vez, iríamos al peruano, que tantas veces me ha recomendado mi marido. Piscu, cusqueñas, papa rellena, ceviche de merluza hicieron la delicia de nuestros paladares y provocaron que nos diéramos un buen paseo antes de coger el coche. Ah! el belén de Caltagirone, habrá que esperar hasta el 5 de diciembre para poder disfrutarlo en la casa del reloj, en la sala de la lonja. Con el estómago contento y sin sentir mucho frío subimos por Atocha y acabamos en la plaza mayor de Madrid, recordando al entrañable Pepe Isbert gritando "¡Chencho!" entre los puestecillos de Navidad. Este año, en vez de los "papa noeles" en las ventanas veremos a los tres reyes subiendo por escaleras, aunque de lejos parece que están haciendo puenting. Pasado el tiempo y comprobando que podíamos coger el coche sin problemas, nos metimos en la M-30 y en 15 minutos, sin pasar los límites pasamos de Atocha a Alcorcón. Tremendo, de verdad. Una obra colosal que ha tenido machacados a los vecinos durante unos añitos pero que creo que ha merecido y mucho la pena.

El domingo tocó limpieza. Y hoy, bueno, los horarios los marca el pequeño angelote de la casa. Haciendo Christmas, con una estupenda cita con la plancha y comprobando que, parece, que mi ordenador está en plan Speedy Gonzalez. Cosa que se agradece. Y he quitado la publicidad del blog, porque una cosa es un banner y otra lo que me he encontrado hoy que no permitía ver el título del blog. Así no, no me convence que se dé mas importancia a la publicidad, que por cierto, no se podía cerrar.

No quiero acabar el post de hoy sin comentar la sensación que tengo últimamente de que no hay tiempo material para todas las cosas que queremos hacer. Cantidad de lugares en el mundo que visitar, libros que leer, exposiciones que visitar. Muy poco tiempo. De verdad, no sé cómo lo hacen las personas que se aburren, que no tienen nada que hacer. Porque en nuestro caso el aburrimiento es imposible. Siempre hay algo que hacer, algun plan.

Bueno, os dejo que tengo la obligación gozosa del día: jugar con el peque