Hoy ilustro el post con una foto de Costa Rica. Tiene una pinta estupenda ¿verdad? No significa que quiera estar alli en este momento, porque estoy encantada de estar en mi casa, con mi bebé jugando con su "León Ramón". Pero, de vez en cuando, me gusta ver fotos de playas, de sitios estupendos. Usar la imaginación para ver a Dani haciendo castillos en la arena con su padre y conmigo. Verle la cara cuando meta sus piececillos en el agua... ¡Tiene tanto que aprender, que descubrir!

Es curioso descubrir que los días normales pueden convertirse en especiales. Todo depende de cómo nos enfrentemos a ellos. Ayer, por ejemplo, yo tuve un día malo... pero de los malos, malos. Por la noche me dió un cólico, mi colon decidió que estaba muy irritado. Me tocó pasar una noche en compañía del señor roca. Me quedé helada porque iba descalza. Cuando mi marido se despertó, yo seguía con el señor roca. Al tumbarme en la cama, me tapó con el edredón. Se marchó preocupado. Pasé el día un poco tocadilla; pero sin desanimarme. Tenía a mi peque conmigo. Intenté hacer vida normal y al final lo conseguí. El dolor tarde o temprano se tenía que ir. Y yo no podía dejar que me pudiera de mal humor. De un día que se presentaba malo, hice un buen día. Depende simplemente de que te lo propongas. No hace falta nada especial, porque quien hace las cosas especiales son las personas y no al revés. Es como la ropa. ¿Quién ha dicho que lo más caro sea lo mejor? Lo importante es quien la lleva, no si tiene un cocodrilo, un jugador de polo. Parece que en la actualidad el tema de las marcas importa mucho. Yo creo que lo importante es que la ropa siente bien... bueno y si puede hacer que parezca más delgada, pues mejor. Lo cierto es que nunca he juzgado a nadie por la ropa que llevaba. Creo que todos sabemos lo cómodo que se puede estar en casa con un pantalón de chándal y una camiseta de esas que no te pondrías en la vida para salir por la calle. Y eso, las hace especiales, porque nos hacen sentir cómodos, relajados.

Somos las personas las que podemos convertir las cosas, mejorarlas o empeorarlas. Pienso por ejemplo en los detalles pequeños. Por regalar mil flores no vas a quedar mejor que con una. Si el vecino del 5º J me regala un ramo de flores... bueno, eso sería difícil porque no hay 5º en la casa en la que vivimos... pero vale como ejemplo, si el del 5º J me regalara un ramo de flores y mi marido me regala una flor que ha cogido en el camino a casa... sin duda alguna me haría más ilusión la de mi marido. Porque no me lo esperaba y porque el del 5º J no me interesa lo más mínimo. Me dejaría desconcertada; pero sería más especial la de mi marido. Otra cosa que me encanta es abrir el correo y ver que en chat de gmail a mi marido conectado. La mitad de las veces (bueno, para ser sinceros más que la mitad diría las tres cuartas partes) no me contesta... pero sé que está ahí. Y eso es genial. En más de un viaje que ha tenido que hacer, el poder hablar con él un ratito por chat hace que tenga la sensación de que está más cerca de casa.

Detalles pequeños. Son los más importantes. No es necesario gastar. Por ejemplo, el sábado, cuando fuimos de pic-nic con Dani. Puede que otras personas llevaran comida más cara o que comieran en un restaurante. Pero puedo decir que a mi marido el bocata de pisto que le hice le supo a gloria. O el café del termo calentito con leche condensada. No cambio el día que pasamos en el campo por ningun lujo del mundo.

Detalles pequeños que hacen de los días normales, especiales. Y me toca dejar el ordenador, que el peque quiere jugar con su mamá.