Aunque no lo parezca, el título del post de hoy es una frase. No tengo muy claro si poner la traducción o dejar que la busquéis. Creo que me voy a decantar por dejaros ese reto. Os prometo que existe. Y si os pica demasiado la curiosidad... dejad un comentario, jejejeje.
Ayer estuve "disfrutando" de la aventura del saber y descubrí que, aquellos colegios en los que parecía que iba a entrarme mejor, son los que peorimpresión me han dado. No voy a dar nombres; pero me llama la atención que la persona que atiende el teléfono en un colegio de religiosas se ponga en plan prepotente. Sin saber quién era yo. Me han dado unas ganas de decirle:
Hermana, su humildad y su educación era verde y se la ha comido un burro ¿no?
Pero yo tengo educación y, potestad de decidir dónde llevamos al peque, asi que ese cole está vetado. Un sitio en el que la persona que tiene que dar información es así de seca y raya la prepotencia en ese extremo no es lo que quiero para mi pequeño. Si nos gastamos el dinero, prefiero un sitio donde le valoren como persona no como un número mas que ingresa dinero. Me temo que esa monja sí que necesitaba la famosa EpC.
Doy por hecho que el que más me gusta es el más caro. Siempre me pasa igual, no sé cómo lo hago pero me ocurre con todo. Hasta si tengo que elegir un cubo de basura, el más caro. No lo hago a propósito, el precio siempre es lo último que miro. A veces adquiero el producto en cuestión a pesar de ello, pues creo que merece la pena la inversión. A veces no. En el caso del cole, tendremos una vez más que echar cuentas y ver si llegamos y cómo llegamos.
Ayer estuve en mi oficina, viendo a mis compañeros del turno de tarde. Casi no conocíaa nadie. Casi todos los de antes ahora están por la mañana. Una vez más noté el sitio lejano lejano. Normal. Mi realidad actual deja poco espacio para el desánimo y la rutina. Me llama la atención que toda esta etapa me está dejando cansada físicamente pero me está recargando psíquicamente. Me explico: Es ahora, cuando he parado el ritmo laboral, cuando me han empezado a aparecer las molestias comolo del colon. Creo, simplemente, que antes no tenía tiempo para ocuparme de ello. Ahora veo que el volver al trabajo tendrá una connotación distinta, tendré una motivación extra de la que antes carecía: Daniel. Eso no significa que antes fuera a pasar el rato. Para nada. Ni que esté deseando volver. Para nada. Creo que la mejor etapa de mi vida la estoy pasando ahora cuando me levanto y veo la cara de Dani, tranquilamente durmiendo. Todo se supera. Ahora tengo una paciencia y un aguante de los que antes carecía. Es otro punto de vista, la sensación de que hay que preocuparse solamente por aquello que es importante... Muchas veces nos preocupamos por minucias, dejando a un lado el trabajo importante que pasa a sonar en nuestras orejas como chino.
He dicho bien, suena en nuestras orejas, porque, enfrascados en la vorágine, oímos ruidos pero no escuchamos. Puedes tener a una persona al lado gritándote que necesita ayuda, que estás ten metido en tu rollo que no te enteras, sólo oirás un murmullo. Como cuando vas por la calle. Muchos se ponen los cascos en las orejas y, para evitar el ruido externo, suben el volumen de la música. El final de la historia, como nos han recordado los especialistas, es la sordera. Me pregunto si en nuestra vida cotidiana no hacemos algo parecido. Nadie es tan tonto como para no ver el cansancio de los demás. No me refiero tanto al físico que se pasa con un buen sueño reparador, sino al psíquico, al que va calando en nuestra vida día tras día. Los curritos de abajo se quejan de lo explotados que están, los de arriba tienen sus paranoias... y los de en medio, aguantan a unos y a otros. ¿Cuál es el mejor puesto? Cualquiera de ellos si los consigues trascender. ¿Trascender? ¿Y eso que es? Para mí, trascender un puesto de trabajo es ver más allá de lo comun, verlo dentro del engranaje, sabiendo de su importancia. Me contaban hace tiemo una historia. No sé si seguirá el oficio en la actualidad, pero hubo un tiempo en que en todas las estaciones había una persona que comprobaba las "ruedas" de los trenes. Le daba unos golpecitos y por el sonido sabía si había problemas o no. Trabajo monótono, aburrido y que parece que carecía de toda importancia. Parece, porque seguramente ese trabajo habrá salvado muchas vidas. Quien lo desempeñara podía quedarse en sus paseos por las vías con un martillo, o bien trascender y poner su visión en los rostros de los viajeros que cada día tomaban esos trenes. De su buen hacer en el trabajo dependería que llegaran a sus destinos desde trabajadores de a pie a altos directivos, científicos, intelectuales... ¿Hay mayor igualdad? Muchos verían a esas personas dando golpecitos sin fijarse en ellos... no sé si les saludarían o no... sin ellos la vida podría haber sido distinta.
Tras lo que he contado ¿Hay un trabajo más importante que otro? Yo creo que sí. La importancia reside en el que lo desempeña, de cómo lo lleve. Algunos como una carga, otros como un acto importante. Me llamó la atención de la película "Como Dios" que el que hacía de Dios se dedicara a fregar el piso. Otro en su lugar habría usado parte de su poder para librarse de ese engorro. La enseñanza que tomo es que hasta de las cosas simples se puede aprender. Me gusta ver pelis que enseñan cosas. Creo que de todo se puede aprender hasta de las comedias romanticonas al estilo "novia a la fuga". Sólo hacer falta querer aprender, saber mirar (o ver como decía Bruxana en el comentario del post de ayer). Siempre hay algo que no sabemos, que podemos utilizar para nuestra vida. Recuerdo que en el tiempo en que estuve de crítica de cine en una revista, veía las películas pensando en qué quería decir el director y qué me decía en mi vida. No creo en las casualidades, pero recuerdo que siempre conseguía llevarlo a lo que estaba viviendo en ese momento y mientras otros podían sentirse ofendidos con películas como "Dogma", a mi me ayudaba a ver cómo entendía mi fe, pudiendo reirme con los gags. O cómo me pude mosquear con aquellos que en un cine-forum se quedaron en las formas de "Chocolat", actuando precisamente como aquello que les molestaba de la peli.
¿Por qué nos damos tanta importancia? Llevo días sin oir una frase que siempre disparaba un cohete en mi interior:
Es que no me valoran.
¿Acaso lo haces tú, majete? Si quieres que los demás valoren lo que haces, empieza tu primero. Entiendo que te compares y que no te resignes, que quieras más; pero el que hace importante al trabajo es el trabajador no el trabajo en sí. Parece un trabalenguas ¿verdad? La importancia del trabajo está en el interior de quien lo hace, de quien lo realiza. Se nota mucho cuando uno trabaja y le gusta a cuando lo hace de mala gana. No importa que sea fregando suelos o la reunión más alta. El problema es de la persona cuando pierde el sentido de lo que hace no de la tarea que realiza. Se nota por las mañanas. Montas en el autobus y hay conductores que te ladran, otros ni contestan a los saludos y otros que se preocupan de los viajeros. Vas a un comercio y hay máquinas expendedoras en vez de personas. Algunos parece que les molesta que compres en tal o cual supermercado... o que les aprieta el uniforme... Hay personas, en cambio, que se valoran ellos mismos sin esperar lo de fuera. Que no necesitan reconocimiento, porque saben de sobra que ellos valen, que merecen la pena y se reconocen a sí mismos. No envidian al director general de la compañía, o al jefe del departamento, porque hacen su trabajo de forma que les llena como personas. Es como si usaran un parámetro distinto de éxito. En mi día a día, el éxito está en las cosas más sencillas: ver dormir a Dani, verle jugar en el parque, o cómo se acaba la papilla, su sonrisa desdentada... si pierdo esa visión, me puedo cansar de lo que más amo. En mi relación con mi marido pasa lo mismo. Puedo quedarme en mi día, en que he estado en casa sin poder salir por la lluvia, o que no me ha llamado en todo el día... puedo quedarme en la queja de que llega tarde... o ver que lo interesante del día empieza cuando él llega... que son esos momentos, aunque sea en un simple abrazo los que llenan de sentido todo lo que hago. Algo tan sencillo como que me diga que la cena está buena puede hacer brotar una sonrisa en lo más profundo del corazón. Puede borrar el cansancio que llevo yo también por sufrenético ritmo de trabajo. Lo que importa enmi vida no es el tiempo que está lejos de mi, sino el que pasa conmigo.
Uno de los riesgos que plantea vivir el día a día es fijarse en lo malo. Una vez más, me vuelvo a explicar con un recuerdo. Hace tiempo yo formaba parte de un grupo que se reunía los viernes por la noche para hablar, reflexionar. Podía parecer que era una especie de catequesis; pero se convirtió enotra cosa... al principio era algo bueno, productivo, que ayudaba a vivir. No tenía la sensación de perder el tiempo al sentarme en esa sala con esas personas en vez de estar en el bareto de moda tomando copas. Desde luego más barato me salía; pero el tema no iba por ahí. ¿Cuándo empezó a ir mal? Cuando nos perdíamos en divagaciones absurdas y cuando "pasábamos lista". Importaba más queno fueras al grupo, las ausencias. El estar era casi una obligación, no se valoraba. Se resquebrajó. Perdió su razón de ser y se convirtió en una rutina inquisitorial. Ya no valorábamos a los que teníamos al lado, sino que se hablaba (y no precisamente bien) de los que no estaban. Dejabas lo que podían aportarte los presentes por elreproche a los ausentes. Y cuando volvían a la reunión, se recriminaba que no hubieran ido a la anterior o anteriores. Es como cuando te llama un amigo al que hace tiempo que no ves. Corres el riesgo de quedarte en esos dias de silencio cuando deberías alegrarte ahora que estás con él. Lo peor que se puede hacer es reprochar la ausencia. Aunque haya motivos para hacerlo. me parece una mejor opción alegrarse con los que están o compartir con los que están. El centro de atención son los que te rodean en una reunión, los que te pueden aportar algo... los que no van, no valen de mucho. Me gustaba otro grupo en el que estuve precisamente por eso, la persona que lo llevaba siempre se alegraba cuando te veía. No te decía que llevaba la cuenta del tiempo que había pasado sin verte, sino que te agradecía el esfuerzo de ir, aunque no lo dijera, con el trato.
La importancia de las cosas reside en el corazón de las personas. ¿Qué es más importante el pincel de Miguel Ángel o el de mi sobrina? Miguel Ángel llega a más personas con su obra; pero yo no le daría mayor importancia queal pincel de mi sobrina que descubre los colores o que regala un dibujo por el día del padre o de la madre. Dani es muy pequeño todavía para pinceles; pero ya va diciendo cositas. ¿Qué és más importante, el discurso del presiendente o una palabra de mi bebe? Para mí, lo tengo clarísimo. Dani no tiene micros, salvo el del vigila-bebes, escucha-bebes, avisador o como queráis llamarlo. Pero una palabra, un lloro, un sonido y su mamá (o su papá si está en casa) deja todo para ir a ver qué le pasa. ¿Tiene ese efecto el debate del estado de la nación? Me parece que no. Y si se manda callar a un peque por lo que dice el político de turno en la tele,se pierde la mejor comunicación. No hablará de dinero, ni pagará la hipoteca o los demás recibos... pero su valor es mucho mayor en el día a día. Hasta la importancia es relativa, entonces.
Lo que puede ser un fracaso para algunos,puede ser una victoria para otros. Para que haya un ganador tiene que haber un perdedor. En la vida real no es como en las elecciones que ganan todos los partidos. ¿ O sí? Porque el afan de competencia está bien en su justa medida. Pero el competir sin motivo no tiene ninguna razón. Decía la frase que era más peligroso un hombre que luchaba por su hogar que uno que luchaba por dinero. Motivaciones distintas que podían hacer que 300 hombres pudiesen con miles, como en la batalla de las Termópilas. Podían y pueden hacer que se pueda con imposibles. Me gustaba la frase que decía:
No digas que ésto es imposible sino que todavía no lo has intentado.
Me gustaba y me gusta porque me recuerda que con un poco de esfuerzo, de trabajo y de empeño, se puede conseguir casi cualquier cosa. Para algunos importará la recompensa. Para otros, la mayor recompensa será el propio camino, el propio andar, la experiencia conseguida en el intento. Pienso ahora en hace unos meses, en los que mi marido me insistía todo emocionado en un producto que podía ser la caña, una revolución... ¿y ahora? No sé lo que habrá pasado con ese producto; pero está maravillado por otro. Siempre es así, la emoción es momentánea, como la explosión de los sentimientos,como cuando te enamoras que pasasdel júbilo al llanto en segundos... si no cuidas lo que tienes, ese frenesí puede acabar en aburrimiento. Si construyes sobre esas sensaciones, no durarán mucho. Es como cuando alguien te dice:
Cada día te quiero más.
En mis oídos eso significa que al principio no me querías nada. Y está bien, porque si nada más conocer a una persona te vuelves loca, puede que cuando conozcas a otra, olvides a la primera. Lo importante suele conseguirse después de un tiempo... al menos en la gente de a pie. Lo que causa mucho revuelo, tarde o temprano se olvida. Como los cantantes de un sólo éxito. ¿Alguien podría decirme 4 canciones de Nick Kamen, o de Jon Secada o de Limalh o de...? Un éxito y después al olvido... eran estupendos, guapos y todo lo que quieras... quien sabe dónde estarán ahora. ¿Se sabealgo de las "horteradas" al estilo las supremas de móstoles, la terremoto de alcorcón o"artistas" así? Pienso en lo cruel que puede ser la fama, porque dura un instante y si has centrado tu vida en eso, puede ser una caída durísima. Cuando estudiaba Periodismo había un programa que tenía éxito... el Qué Me Dices! Hace poco leí que su presentador, sufrió una depresión enorme cuando se acabó... no ha vuelto a aparecer en TV, que yo recuerde y eso que cuando le conocí se creía el dueño del mundo. La presentadora, en cambio, ha ido saliendo, manteniéndose más o menos... La vida es así, nunca sabes cuando se va a dar la vuelta a la tortilla. Por ello hay que valorar los momentos, lo que eres en cada momento. Nunca sabes cuando va a desaparecer todo. Momento no vivido, momento perdido. Es lo que pasa si vives de cara a la galería, cuando importa más lo que piensan los demás que lo que piensas tú de tu trabajo.
Lo dicho: hasta la importancia es relativa. Todo depende del cristal por donde se mire. Creo que el éxito o el fracaso reside en uno mismo, no en los demás. La ley de la audiencia es importante mientras que tú la hagas importante. ¿Cómo medir el éxito de un blog? ¿Porque salga en un libro recomendándolo? ¿Por las visitas que tiene? ¿Por los comentarios? Yo creo que no, cada blogger sabe si su blog tiene éxito o no dependiendo de los objetivos que se ha marcado con él. Ésa es mi opinión.
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ultreiablog@gmail.com






Ultreia, si la gente no tiene la fuente japonesa o coreana ( o lo que sea ) instalada lo que ve es esto: ????
Es chino Astracán, y ... si, me temo que si no se tiene instalada se verán simbolos de interrogación... el título es "Un trabajo importante".
Besotes
Hola Ultreia:))
Uy, pues ya no me pongo a buscar la traducción... ;)
Lo de elegir "al azar" lo más caro... se llama buen gusto. Ó es lo que quiero pensar, porque me suele pasar lo mismo. A veces digo que ser pobre y tener gustos de rico es un problema... que conozco muy bien (lo digo en plan coña, pero no lo es tanto).
E, insisto: déjate llevar por tus impresiones. Si un sitio no te "inspira", a otra cosa. Y más aún si se trata de la educación de tu hijo.
He escrito otras veces que no entenderé en la vida la falta de educación de la gente. Puedo entender hasta la "mala educación": simplemente, igual a esa persona la educaron, pero lo hicieron mal... y he aquí y ahora el resultado. Pero...¿la falta de educación, en estos tiempos y con determinadas edades...??? Lo siento, pero no puedo con ello...
Del mismo modo, tengo comprobado que no hay nada peor que las "clases medias". Bueno, no: los "cargos medios". Esos que ocupan el que entró en la empresa aspirando a director... y se quedó en secretario, pero, encima, entró como chico de los recados... y ahora tiene "chico de los recados" por debajo de él. Y se permiten el lujazo de ser maleducados, de mirar a sus compañeros/clientes por encima del hombro... hasta de decir chorrradas tipo "usted no sabe quién soy yo" (que los hay. Ti@s con 30 años, cuyo mérito igual es que sus padres sí les pudieron pagar una carrera... y que ahora están tras una mesa con un teléfono, ó de "encargad@s" en la tienda). Recuerdo hace años un cliente: en una llamada, no se le ocurre nada mejor que casi "amenazar" diciendo que su tía había sido secretaria de no sé quién me dijo. Y, con las mismas, le respondí "¿Y ése tipo quien es, que no me suena de nada?" Pues se ofendió aún más: que había sido un ministro de Franco, me dijo..., como si eso, ser sobrino de una antigua secretaria de un antiguo ministro de Franco le diera... no sé, prestigio, ó razones, ó conocimientos de algo en lo que no tenía ni la más remota idea... Me eché a reir y le dije que, en ese caso, era preferible que el ex-jefe de su tía se encargase de resolver el problema legal en el que él andaba metido, que yo estaba acostumbrada a clases más plebeyas...
También me hacen gracia quienes saltaban lo de "Eh, que yo conozco al Director de mi Banco", como si eso, hoy en día, quisiera decir algo... Con esos lo tengo más fácil: les respondo "uy, como yo. A mí los directores de mis Bancos me saludan con dos besos cuando voy por allí -cosa que es cierta-. Es que hoy en día los directores de banca se relacionan con todo el mundo, !!hasta se les puede tutear y todo!!!"
Y si algo tengo claro es que quienes, de veras, tienen dinero, ocupan un cargo importante en sus empresas, tienen títulos... son, precisamente, quienes menos presumen de ello y a quienes más fácil es tratar.
En mi sector hay algo que está muy claro: quien te habla de dinero, de lo que gana al mes, de lo que piensa ganar, de lo que le ha costado el coche... te está mintiendo.
Precisamente toda esa "clase mediana" son los que, cuando algo les falla... se pegan los grandes batacazos de su vida. Quienes de pronto han tenido una buena racha laboral y, durante dos ó tres meses, ó años, han tenido grandes ingresos... y no han querido ver que no era fruto de su valía ó de su trayectoria, sino una simple racha de suerte. Quien ha creido que porque el Director de su Banco le dijese eso de "cuando necesites un préstamo, el que sea, ya sabes dónde estoy"... quería decir otra cosa que no fuese éso: que el Banco vive de dar préstamos. Y que hoy en día cualquier licenciado en Económicas con un buen expediente y al que no le importe irse a trabajar lejos de casa puede ser Director de Sucursal con 27 años: nada que ver con lo del Director de Banco, el médico, el cura, el maestro... de la época de nuestros abuelos...
Y tienes razón en lo de "valorar el éxito": sinceramente, yo sigo sin entender bien el porqué me leen a mí..., y me da igual. Porque, en mi caso, valoror más la calidad que la cantidad de mis "lectores"... y tengo algun@s de lujo....;)
Besos, guapa:))