Llevo unos días con la cancioncita de Abigail en la cabeza... si quien tiene oro, te regala plata... Es una canción muy curiosa, porque, si lo piensas bien, muchas veces actuamos asi. Nos creemos que con dar dinero, lo tenemos todo hecho. Estamos dando lo mejor ¿no? No, sólo estamos dando limosna, nada más. Damos algo externo a nosotros, no a nosotros. Durante mucho tiempo oí que lo máximo que puede dar un ser humano es una lágrima. No me convence. Tampoco lo de un beso, porque hay tantas situaciones, tantos momentos... No, no creo que sea nada de eso.

Lo veo en la sociedad actual. A los hijos se les da la consola, el ordenador, la tele, la moto... lo que sea por librarse de ellos, por poder dedicarnos a nuestras cosas de adultos. Ja. Luego nos extrañará si llegado el momento prefieren irse de vacaciones que irnos a ver al asilo. ¿Por qué? Porque no les hemos enseñado lo importante que es decir al otro "Me importas", "estar contigo no es una pérdida de tiempo". Valoramos más los éxitos deportivos que los logros personales. A todos nos gustaría tener un hijo futbolista, o cirujano... o una de esas profesiones en las que se gana una pasta... notario, por ejemplo. Lo que sea, pero que gane dinero. Proyectamos nuestros sueños en los hijos y a veces nos olvidamos que ellos tienen que vivir su vida. Daniel es muy pequeño todavía. Pero ya se le ve cuando reclama la presencia de uno de nosotros, lo tranquilito que se queda cuando le cogemos, tanto que termina durmiéndose en nuestroz brazos, escuchando el corazón. ¿Cuánto va a durar? No lo sé, supongo que dependerá de lo que le acostumbremos. Por ahora está tranquilito porque sabe que siempre que nos ha necesitado hemos estado alli, por lo que le vamos afianzando la confianza y, se lanza a descubrir el mundo seguro de que cuenta con nosotros si nos necesita.

Lo más valioso que le podemos dar al peque es nuestro tiempo, estar con él. No diferencia si su ropa es de marca o del mercadillo. No diferencia si los cereales son "marca el pollo" o de una prestigiosa cadena. No le importa. Sólo pide tiempo, que juguemos con él. No le interesan la mayoría de los juguetes. Prefiere las manos de sus papás. Si sólo le diéramos juguetes, por muy caros que fueran, estaríamos dándole las "migajas" nada más. Y en la sociedad adulta pasa lo mismo. Quieres hablar con una persona y ¿cuántas veces está la tele puesta? Un montón si no estamos con el ordenador, el mp3 o pensando en nuestras cosas. Lo reconozco, he tenido ocasiones que si me estaban contando algo por teléfono, he dejado el auricular y me he ido a por algo, o me he puesto a navegar por internet. O esas conversaciones con mi marido en que está liado y me llama y no me deja ni decirle nada que rápidamente me dice "estoy liado" o "estoy reunido" o se pone a hablar con otra persona y no me aclaro si lo que le apetece de cena es la nueva Blackberry o que vamos a ir a comprar al nuevo software. Siempre me dan ganas de decirle "Vamos a ver, simpático pollo lechón... si me llamas, habla conmigo no con toda la compañía, si no tienes tiempo, no me llames". Cosas del matrimonio, supongo.

Si quien tiene oro, te regala plata... Es más valioso el tiempo que puedes dedicar a una persona que suplir la ausencia a base de regalos caros. Es más valioso el corazón que la reserva federal. El dinero no sirve de nada cuando estás solo. Pienso por ejemplo en los simpsons... aunque no lo parezca Homer es más afortunado que Montgomery Burns, porque tiene a Marge, Bart, Lisa y Maggie. Tiene a su familia, que le quiere, a su manera cada cual, pero se quieren. Puede que su casa sea más cutre que la mansión del dueño de la central. Pero Burns está solo, ha sido incapaz de sentir amor de verdad, de darse a si mismo, que es lo mejor que tenemos cada uno. El ejemplo de los dibujos animados, se puede llevar a la realidad. Todos conocemos a gente más rica y más pobre que nosotros. Yo no soy Bill Gates, evidentemente, ni el sultán de Brunei... ni quiero serlo. Tampoco soy el pobre de la entrada del Ahorra más... tengo la tranquilidad de que tengo comida en la nevera, un techo donde cobijarme y una cama donde dormir. En mi vida hay muchas cosas que realmente no son tan necesarias. Se puede vivir sin Wii, sin tele, sin los zapatos de Imelda Marcos y demás... pero... ahora mismo, no podría vivir sin el amor de mi marido, sin mi pequeño, sin mi familia, sin la gente que me quiere y a la que quiero... A lo mejor podría; pero no quiero... seguro que entendéis lo que quiero decir. ¿De qué me sirve el mundo entero, si no tengo alguien con quien compartirlo? Como en esa peli en que la ciudad está desierta y el chico corre por la calle del centro...

Cada uno sabe lo más valioso que tiene y hasta qué punto está dispuesto a compartirlo. Para mi, el tiempo, el compartir la vida y el corazón es lo más importante. Compartir la vida de verdad, es decir, no pasar el rato sino involucrarse, poner de nuestra parte, jugársela. Que no es lo mismo para nada andar al lado que andar juntos.