Soy de las personas que tiene miedo a las montañas rusas. Puede que me haga la valiente en la cola (porque siempre hay cola para subir) y crea que me lo voy a pasar bien. Pero, cuando te subes, te ponen las protecciones y demás... me pongo a temblar. No importa que sea larga o corta, de madera, de hierro, de agua, pequeña o grande. Le tengo el mismo miedo... es el inicio, la subida y me dan ganas de decir ¡Paren, que me quiero bajar! Como por ahora no he encontrado la montaña que me dejen hacerlo, siempre termino cerrando los ojos y esperando a que se termine. Lo sé, es peor con los ojos cerrados... pero... ojos que no ven, vértigo que no te da. ¿Por qué monto entonces? No soy masoca; pero tampoco dejo que el miedo me controle. Me enfrento a él y por ello, aunque lo pase mal y me dé miedo, monto cada vez que voy al parque de atracciones.

¿Por qué cuento esto? Porque es un buen ejemplo de lo que yo llamo superación diaria. El gran problema de la sociedad actual es que nos intentan "amodorrar", hacernos creer que todos somos iguales y que vamos siempre en la misma dirección. Falso. De hecho, el mundo avanza gracias a los que quieren ir contracorriente de la comodidad, de lo establecido, de lo que impera la sociedad. Los grandes inventos nacen de grandes soñadores, no de personas miedicas que se amedrantan ante la primera dificultad. Todos tenemos sueños, ideas, ilusiones... ¿Cuánto hacemos para conseguirlos? Yo puedo pasarme los días diciendo, el año que viene haré tal cosa, o tal otra... ¿Sabéis qué pasará? Que siempre será el año que viene, nunca realizaré nada así. Porque cuando quiera ponerme, surgirá algo que lo impida. Comprobadlo. Nos ponemos la meta de "el año que viene ´me gustaría viajar a Sidney"... si no ponemos los medios, las ganas, el esfuerzo, puede que el año que viene esté tan liada que no pueda hacerlo. Si quieres algo, hazlo ahora, porque en un rato nada te garantiza que puedas. Y querer es poder. ¿Por qué caminar cuando puedes ir en coche? Porque puedes hacerlo. Parece tonto, ¿verdad? Pues no lo es, porque este mundo nos mete la comodidad dentro y nos quita esa parte de humanidad que te hace valorar el esfuerzo. Si me planteo el objetivo de andar media hora, al menos tengo que intentarlo. Es un objetivo sencillo... por eso es tan importante. Las grandes cosas no se consiguen sin haber pasado por las sencillas. Es una lección básica y que te dan hasta los videojuegos. Mi marido, cuando tiene tiempo, juega a la consola. Da igual el juego que sea, siempre las primeras pantallas son sencillas ¿Para qué? Para ir adquiriendo destreza. A nadie se le ocurriría comprarse un ferrari con el carnet de conducir recién sacado. O poner ecuaciones diferenciales en la clase de los niños de 3 años.

Creo que los niños son los mejores maestros que los adultos podemos tener. Nos enseñan sentido común. Hay que ir poco a poco. Un bebé no se pone a andar a las primeras de cambio. Primero empieza a rodar, a mover las piernas, a jugar poniéndose boca abajo... hacen cosas que están a su alcance y que, maravillan a los padres. Se nos cae la baba cuando el peque coge un papel con las manos y lo estira. O se busca las triquiñuelas para que no se le caiga un juguete. Un bebé no calcula si podrá o no. Lo intenta, sabiéndose seguro de que si termina mal, mamá o papá apareceran para calmarle si llora, cogerle si tiene sueño, darle de comer si tiene hambre... Duerme cuando quiere dormir y come cuando quiere comer. De nada vale que tú le quieras poner un horario, porque cuanto antes entiendas que eres tú quien tienes que amoldarte a ellos y no al revés mejor irá el día a día. Son personitas no trastos que dominar a tu antojo. Pienso por ejemplo en mi peque. Muchos dirían que es absurdo explicarle las cosas. Yo creo que no. Esta noche, por ejemplo, ha sido la primera noche que ha dormido solito en su habitación. Antes de que se durmiera, su padre y yo le explicamos que iba a dormir en su cunita, que iba a disfrutar de una habitación para él solito, que estábamos en la otra habitación y que si nos necesitaba que nos llamara. Parece una tontería, pero creo que es mejor así. Cuando le damos los masajes, siempre le pedimos permiso para hacerlo. Si no quiere, no se lo damos. Él decide. Es una manera de enseñarle a respetarse y a respetar a los demás desde pequeños. ¿Por qué esa manía de obligar a un niño a dar un beso? ¿Aceptaríamos los adultos que nos obligaran? Seguramente no... Entonces ¿Por qué los niños sí tienen que hacerlo? El que seamos sus padres no nos hace ser sus dueños.

Creo que, una vez más, me he ido del tema que quería tratar. Querer es poder. Si quieres algo ¿Por qué esperar hasta mañana? Si tienes un sueño ¿por qué no intentarlo? Me contó hace tiempo un amigo que él tenía miedo a soñar, porque cuando no lo conseguía se pegaba un batacazo que luego le costaba un mundo y más de una consulta de psicólogo el recuperarse. Cuando me decía eso, siempre le comentaba que era porque soñaba cosas pequeñas y al mismo tiempo demasiado grandes. Pequeñas porque cuanta más alta la meta mejor. Y demasiado grandes porque el esfuerzo que ponía para conseguirlas siempreera poco. La cabeza en el cielo y los pies en el suelo. Metas altas, enormes, que motiven a levantarse cada mañana y poner lo mejor de uno mismo. Como cuando hacíamos una marcha en el campamento. Parecía absurdo subir una montaña si luego toca bajar. ¿Para qué subir a la cima del Everest? ¿Para qué tanto esfuerzo, tanta calamidad? Primero porque si puedes hacerlo, deberías hacerlo. Segundo porque las vistas tienen que ser una pasada. Tercero porque si no pruebas tus posibilidades no sabrás tus límites y cuarto, para que te des cuenta de lo poquita cosa que eres. Se me ocurren esas razones; pero seguro que hay muchas más.

Me ocurre algo parecido en la actualidad. Uno de mis sueños era publicar. Voy a poner los medios para hacerlo. Me arriesgo dinero pero sobre todo como persona. ¿Por qué lo hago? Porque quiero... y como quiero, ya me he buscado la forma de poder hacerlo. Creo que puedo aportar algo al mundo de la literatura, a los que se arriesguen a leer mi libro. Como puedo, me creo la obligación para conmigo de hacerlo. Puede que me cataloguen de loca, que me desanimen... bueno... que cada uno piense lo que quiera. He soñado con publicar y lo hago. Quiero publicar por lo que puedo publicar. Y si puedo, debo hacerlo. ¿Quién me dice a mi que me quede en casa? ¿Que no me arriesgue? Pienso en lo que le pasó por ejemplo a Ken Follet. Siempre escribiendo novelas de misterio. Él quería publicar su obra, la que le gustaba de verdad. Muchos intentaron quitarle la idea. Si les hubiese hecho caso, nadie habría leído "Los pilares de la tierra". Nos habríamos perdido un libro estupendo. Si Paulo Coelho no se hubiera arriesgado y hubiese seguido las "señales" de su corazón, no tendríamos "El Alquimista". Y de esos ejemplos está llena la historia. Soñad y os quedaréis cortos. A veces soñamos pero con cosas de mindundis. Los estudiantes sueñan con sacar un 5 en la asignatura de turno. ¡NO! sueña con un 10. Porque si sueñas con un 10 y pones los medios, puede que lo consigas o que te quedes con un 5; pero si sueñas con un 5, a lo mejor te cae el suspenso.

Metas grandes, aunque te llamen loco. ¿Acaso nos conformamos con que nos quieran un poquito? No ¿verdad? Cuando amas a una persona no te conformas con un amor gota a gota, sino que lo quieres todo, en plan cataratas del Niágara. A mi me sigue pasando, cuando mi marido llega a casa, no me conformo con un hola... sino que por lo menos espero que me dé un beso. Primero porque no entra en una cuadra sino en un hogar, en su hogar. Segundo porque es una opción de vida, elegimos vivir juntos, soñamos con hacer un hogar y cada día hay que cuidar los detalles. Cuando amamos con todo el corazón, con toda el alma y con todo el ser esperamos que nos correspondan de igual modo. Y quien diga que no espera, es que no ha amado de verdad. A mi no me importa si lleva la barba de 4 ó 5 días, si tiene manchas en el polo o si está sudando... cuando llega a casa, espero y salgo a su encuentro para darle un beso, cuidarle y estar con él. Son detalles pequeños, son los detalles que realmente importan. Porque cuando le conocí y me enamoré .. soñé con hacerle feliz. ¡casi na! Cada noche, lo pienso ¿Habré conseguido hacerle feliz hoy? Ser feliz, toma sueño, toma meta. Muchas personas se conforman con ir tirando... que no digo que no sea bueno pagar la hipoteca, tener los gastos cubiertos, trabajar, tener coche, aprobar... está muy bien... ¿pero el corazón no os pide mas? A mi todo eso me va bien, pero me falta algo. No consigo la felicidad, sólo estabilidad. Que no es poco; pero falta algo. Conozco gente que no tiene un duro y que sin embargo es feliz, al igual que conozco a gente muy pobre "podrida" de dinero.

Lo mejor de la vida no tiene precio ¿Acaso se puede comprar un atardecer abrazada a la persona amada? Recuerdo que en la peli de "Como Dios" una de las cosas que más me llamó la atención es que cuando Morgan Freeman le da a Jim Carrey sus poderes de Dios le dice claramente que no puede hacer que le ame, porque existe el límite de la libertad. El límite es la libertad, lo que queramos entregar. Podemos llegar a donde queramos. El límite estará donde lo marquemos nosotros. Sin miedo a soñar con metas que parecen demasiado grandes para nosotros. Es como cuando te enamoras. No miras si puedes sufrir o no. No importa. De repente, ves a una persona y no sabes el porqué; pero quieres pasar tiempo con esa persona, te interesa todo lo suyo... no ves si mereces que esa persona se fije en ti o esté contigo. Eso no importa. Si no te quiere, te hunde en la miseria... pero si te corresponde, te crees que lo puedes todo, llegas hasta la luna,la mejor persona del mundo. Pues con el resto de sueños pasa lo mismo. Puedes apoyarte en el amor que te brinda tu pareja, tu familia, para, como si de un trampolín se tratase, ir a por ellos. Cuando nos sentimos queridos tal como somos, con nuestras cosas buenas y nuestras cosas malas, nos sentimos capaces de todo. Si peleas solo, cuesta mucho esfuerzo y hay mucho desánimo por medio. Yo lo veo en mi vida, sin mi marido seguramente no estaría llevando a cabo el sueño de publicar, ni habría mantenido la ilusión en muchas cosas... ¿Podría haberlo hecho sola? Seguramente; pero no es igual. Cuando viajas sola, pones la radio, quieres llegar cuanto antes a tu destino... si la soledad es algo impuesta, no buscada, claro está. Si viajas acompañada, puede que pongas música, o no. Puede que te fijes en el paisaje, que no tengas tantas ganas de llegar, porque disfrutas ese momento. Por eso, detrás de un gran soñador, siempre hay una persona que le afianza en su sueño. Alguien que le hace ver que lo que ha soñado es posible realizarlo, por imposible que parezca.

¿Quién puede más, la montaña rusa o yo? Es como los anuncios del parque de atracciones de Madrid "el hombre contra la máquina". Realmente no peleas contra la máquina, sino contra uno mismo, contra tus propios miedos. Y como ya he dicho, es lícito tener miedo... pero no quedarse como un pasmarote parado por el miedo. Como todo en esta vida ante una situación de miedo tengo dos opciones: Sigo adelante o doy marcha atrás. Sí o no. La vida siempre es decidir entre dos cosas. Tú eliges, si te quedas abajo, o te arriesgas y subes a la montaña rusa.