
La verdad es que viendo el cierlo de Madrid, me pregunto seriamente si estamos en Agosto o en Octubre. El mapa del tiempo es demoledor. Lluvia y lluvia, y más lluvia. Los pantanos lo agradecerán, pero los veraneantes deben estar jugando al parchis en sus pisos playeros. Bueno, quien dice el parchis, dice las cartas o las damas. Porque con la televisión no se puede contar. Quien pueda, siempre tiene la opción de ir al cine. O ir a dar un paseo en coche hasta un centro comercial. Porque pisar las playas después de una tormenta es tener algas por todos lados, la arena mojada y fresquito, por no hablar del viento. Tiempo de locos que adelanta la vuelta a casa, lo que produce mayores atascos y, desgraciadamente, más accidentes de tráfico. Se dice pronto pero desde el uno de enero han muerto 1843 personas en las carreteras españolas. 1843 personas, 1843 familias destrozadas por una distracción, por pisar el acelerador más de lo necesario, o por cruzarse con el "valiente" de turno que cree que la carretera es suya. Gente que ha perdido mucho más que los puntos del carnet de conducir, en el caso de que lo tenga, claro.
Lo reconozco, yo antes corría un poquito más de lo que debía. Siempre en carreteras que se podía correr. Pero desde que Dani va conmigo, no tengo ninguna gana de pisar el pedal más de lo necesario. Y cuando no va conmigo igual, porque sé que hay por lo menos dos personas que me esperan. Y eso está grabado a fuego en la mente y en el corazón. No quiero perderme nada de su vida por llegar un segundo antes, por ir un coche por delante, por conseguir aparcar en el sitio que está más cerca de casa. Y sé que a mi marido le pasa lo mismo. De hecho ya no aguantamos el montar con otros y que corran más de lo necesario. Tampoco se trata de ir en plan tortuga. No hay que entorpecer el tráfico, sino de ir a la velocidad que permita la vía. Parezco un profesor de autoescuela o una campaña de la DGT. Tranquilos, no voy a ponerme a cantar la canción de "Ponte el cinturón". Prefiero a Rocío Durcal.
Esta noche mi colon ha decidido irritarse. Ahora ando un poco débil, pero con muchas ganas de hacer cosas. Aparte de mi inestimable amiga la plancha, hoy tengo que seguir con el proyecto que empecé hace poco de las cartas a Dani, cuidarle lo mejor posible, darle el masajito, el baño porque después del masaje con aceite de almendras no hay quien lo coja bien. Y también tengo que darle un repasito a las noticias, que vienen cargadas de historias. Todo ello si mi ordenador lo permite, que de vez en cuando hace cosas raras, como la dueña. Y por supuesto, si a mi colon le parece bien. Por ahora parece que está tranquilito, así que vamos allá.
Lo primero que quería hoy destacar es la poca inteligencia, por no decir nula, que demuestran las personas que juegan con el mar. Me explico: si hay bandera roja es que uno no puede meterse. Lo duro no es que se maten ellos, un tonto menos en el mundo, sino que obligan a los socorristas a meterse en iguales condiciones. Pienso, por ejemplo, en el chaval de Torrevieja que decidió tirarse en una cala, no sé qué quería demostrar; pero como poco demostró su egoísmo, pues no pensó ni en su familia, ni en la gente que tendría que poner en peligro su vida. ¿Quería tal vez demostrar algo a alguna chica? Para mi, aparte de estupidez no ha demostrado nada. El mar no es una piscinita, sino que hay que tenerle mucho respeto, porque cuando está bravo, es una fuerza de la naturaleza que no se puede domar. Me pregunto si el chaval habría tenido la ocurrencia de estar en el cráter de un volcán en erupción. Por su irresponsabilidad, hay personas llorando... Ese ir por la vida pensando en uno mismo, sin ver las consecuencias... como las personas que se dedicaron a tirar piedras en un acantilado y que han llevado a una chica de 10 años al hospital. Todos hemos jugado a tirar piedras al agua; pero mirando si hay alguien cerca.No sé si será delito lo que han hecho; pero me pregunto qué habrían hecho si hubiese sido al revés. De verdad, no vivimossolos, sino que hay personas a nuestro alrededor y nuestras acciones tienen consecuencias en los demás. Esta vida no es como los dibujos animados que hacen esas cosas y no pasa nada. Todavía recuerdo las gamberradas de tirar piedras o cosas por el estilo desde los puentes a los coches. Más de una familia está de luto por ese tipo de bromas pesadas, que no hacen ninguna gracia.
En estos días también hemos visto a un jugador de futbol desplomarse enun estadio y ahora está luchando por su vida. Parada cardiorespiratoria y con sufrimiento cerebral. Un partido no de tres puntos en juego sino de una vida. Los medios de comunicación nos muestran a los rivales acercándose a la clínica, a sus allegados muy tocados emocionalmente, aunque alguno siga con sus rencillas de si viajo o no viajo. Un ser humano está peleando y demostrando que los análisis de la medicina deportiva deberían ser más completos. Los peor pensados ya hablan de dopping. No es el momento creo yo de hablar de esas cosas cuando hay un chaval, un joven deportista en la cama de un hospital. Veremos si sale y cómo sale. Ojalá que todo vaya bien.
Son cosas que parece que no nos van a tocar nunca, como lo del terremoto de Perú. Gente que lo ha perdido todo, no sólo materialmente, sino también a familiares. Una desgracia enorme. Leíahace poco auna persona que se preguntaba dónde estaba Dios en el terremoto, porque había afectado apersonas que estaban en Misa. Yo creo que Dios estaba en todos los que viendo el desastre hicieron el petate y fueron a ayudar, a jugarse la vida, no sólo por las réplicas, sino también por los tiroteos. ¿Dónde estaba Dios? Sufriendo con los familiares, con los damnificados y donde lo hemos dejado cuando vemosla desigualdad entre pobres y ricosy no hacemos nada. ¡Qué fácil es echarle las culpas por nuestros errores! Seguramente si las casas hubiesen estado mejor hechas no habría pasado tanta cosa mala. Pero es mas fácil vender armasque tecnología civil para evitar estas catástrofes. Y algunos, tienen la poca vergüenza de hacer propaganda política dictatorial en el desastre. Sólo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Craso error. Que se golpea a los mismos de siempre es un hecho, porque los ricos tienen los medios para librarse de ello. ¿Murieron en Misa? Desde mi punto de vista creyente podría decir algo que es difícil de entender. Me arriesgo. Dios se quiso solidarizar con su pueblo, quedar sepultado entre escombros con sus fieles. Para que luego digan que está lejano. Sé que es difícil de entender, hace falta fe y tener consciencia de la relación personal que tenemos cada uno de los creyentes en Jesucristo con Él. Estaba así de cerca de los que sufren.
Ha habido otro asunto del que no pienso hablar. No voy a dar publicidad a esa calaña. No me da la gana. Hoy me quedo con los detalles pequeños, que son los que llenan el corazón, porque no tienen precio. Quizá porque no cuestan son precisamente los olvidados. ¿Qué me cuesta darle unmasaje a mi marido? Me cuesta convencerle de que se olvide de todo y me deje cuidarle. ¿Qué me cuesta quedar con un amigo o una amiga para hablar? No soy quién para dar consejos, ni opiniones, pero si me los piden, me mojo y los doy. Me equivoque o no; pero por lo menos presto mi tiempo, mis orejas y mi cerebro en escuchar. Que todos lo hemos necesitado alguna vez. Sin dármelas de sabelotodo, que para nada. Si algo he aprendido es que cuando escuchas a alguien te das cuenta de lo poco que das y lo mucho que recibes. Siempre me ha llamado la atención que la gente confíe en mi para contarme sus problemas. ¡Qué desesperados están para elegirme a mi para desahogarse! Porque, aunque vaya ganando experiencia con los años, sigo siendo yo... me veo y a veces me da terror cuando la gente confía en mi, me abren el corazón y yo me siento una auténtica pardilla. A veces no sé qué decirles... y termino pensando que lo verdaderamente importante es que suelten lo que llevan dentro, no tanto loque yo diga o deje de decir. Realmente, cuando nombras un problemas, uno mismo ve la solución. Lo bueno es tener la oportunidad de tener un hombro en el que llorar o unas orejas que te escuchen. Yo he tenido la suerte en mi vida de tener siempre que lo he necesitado a alguien que "ha perdido" su tiempo escuchándome, por lo que cuando alguien me pide que le escuche lohago encantada, porque sé lo bien que sienta. Eso sí, sin juzgar, por mucho que me cuenten cosas "raras", ya no me asusto de nada, porque yo también tengo lo mío.
Se acabó por hoy, que mi peque reclama a su mamá y escribir con la nariz es muy difícil, pues mis brazos están ocupados por una preciosa personita que quiere dormir, pero que se pone nervioso porque no lo consigue. Mi jefe me reclama.
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Eso es lo malo de tener un jefe dictador, porque ya sabes que los niños son pequeños dictadores, pero bueno que mejor que vivir en una dictadura de fantasía, de fantasmas y duendes que rondan por todas partes.
¡¡UY !! Las quince treinta del mediodía ¡¡la hora de la siesta!! lo siento he de marcharme.
Yo soy de los que no perdonan,ya sabes soy un chimpacé de costumbres
Un beso Ultreia
Madre mía, yo he estado en Galicia hace poco de vacaciones, y allí si que no parecía agosto...¡Qué frío! Pero frío, frío, frío... Hombre, aunque tengo que reconocer que yo soy del sur y claro, el contraste es muy fuerte. Saludos.