Cuando empecé a trabajar, lo hice en el departamento de bajas. Tengo dos carreras y me vi aguantando a clientes disgustados que se creían que podían decirme de todo por el mero hecho de ser clientes. Les intentabas explicar las cosas, el procedimiento para darse de baja y ellos, ni caso, a su rollo, o me colgaban el teléfono o me insultaban porque no les daba lo que a ellos les apetecía. ¿Llamarían así al banco si dejaban de pagar la hipoteca? Supongo que no, aunque algunos tienen chulería para todo. Tanto mal rollo me colapsó, me dejó sin argumentos, me bloqueó... mi jefe llevaba otro departamento y pensó que reubicarme sería bueno. Entré en gestión de cobros, lo que coloquialmente se llama morosos. No, no vestía ni hábito, ni frac, ni de pantera rosa. Seguía llevando mis polos de empresa, mis vaqueros y mis botas. Ahora trataba con gente que no pagaba por distintos motivos. Unos eran buenas personas a los que se les había apuntado mal un nº de cuenta, otros eran caraduras, morosos profesionales, que no dejaban lugar a ninguna empatía.
¿Por qué cuento ésto? Sencillo. Si no recuerdo mal, al poco tiempo de empezar a trabajar en morosos, puse una imagen estupenda en mi mesa, pegada a la madera que dividía mi puesto con el de enfrente:

Es un brownie, un postre estupendo, que me chifla... engorda, sí; pero de vez en cuando merece la pena darse el lujo de comerse uno. ¿Por qué puse esa foto? Porque es el único marrón ("brownie") que quiero comerme. Ni que decir tiene que los que pasaban por mi sitio me decían que había que estar mal de la cabeza para poner eso teniendo un turno en el que se comía tarde. Siempre terminaba explicando eso, que era el único marrón que quería comerme y que, cuando llamaba a un cliente, o me entraba una llamada, si se ponían insoportables, yo miraba la foto y demostraba paciencia. En ese momento yo dejaba de ser yo para ser la cara visible de la empresa hacia esa persona. No me lo decía a mi, sino a la empresa, por lo que no debía personalizar ese discurso, pues, en cierta medida no iba conmigo. Aún así había veces que lo que me decían me afectaba. Así que puse una nueva foto, cerca del brownie:

Fácilmente reconocible ¿verdad? Lo puse para recordarme el discurso del Maestro Yoda, sí ése que parecía Jordi Pujol zipeado, pintado de verde:
El miedo es el camino hacia el Lado Oscuro, el miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento
Así no había forma de sufrir. Aunque algunas veces el teléfono nos hiciera parecer que le llamábamos desde la estrella de la muerte. No era ni jedi ni soldado imperial. Sólo una persona que tenía muy claro que si los clientes no pagaban, yo no cobraba. Simple, claro y conciso. Tenía mi sueldo, evidentemente, pero comisionaba por lo recuperado. Reconozco que a veces los mayores brownies venían de gente muy culta que no sé qué se creía por el hecho de tener un chalet en la Moraleja, por mi como si vive en Matalascañas o en Honolulu. La de veces que mentalmente les he cantado a esos que estaban fuera de la oficina, y a otros tantos que estaban dentro de ella esa canción tan estupenda que se llama "Titulitis". Pongo el enlace, para quien no la conozca. Es de Migueli, el cantautor de la canción "extranjero" que mi marido y el hombre del tibet dicen que es un clon de Aznar:
http://www.depasxuventude.org/mp3/titulitis.mp3
Hasta si cerraba los ojos podía ver a los "angelotes" grandotes y con voz grave.
¿A qué viene todo esto ahora que estoy de excedencia y los únicos marrones que veo son los "regalitos" que me hace el peque cuando le cambio? He estado unos días hablando con gente del trabajo y gente de mi pasado que me ha recordado los marrones de última hora, las broncas por conseguir objetivos o que las cosas funcionen, los carajales donde todo el mundo quiere llevar la razón y coger la mayor parte del pastel. Son cosas que, aunque me quedan lejos, no son desconocidas. Sí, yo no tengo ahora que preocuparme porque la gente pague. Pero mis marrones son otros: ocuparme de descolgar el teléfono cuando el peque duerme, tenerlo todo preparado para cuando se despierte, cambiarle y darle de comer si lo pide, o jugar con él, preparar todo para sacarle a pasear... También está la casa. Tengo además mis propios marrones, el dolor de mi colon, los libros que quiero leer, el pensar la comida, mi "cita caliente" con la plancha... quehaceres cotidianos que pueden quemar al mas pintado si no los ves con cierto sentido. Por tener menos responsabilidades laborales no significa que no tenga marrones. A veces, el mero hecho de mediar entre mi familia y lo que quiero es un marrón. Me explico: si fuera por mis padres comeríamos en su casa todos los fines de semana como poco. Lo que no se dan cuenta es que los fines de semana son los únicos momentos en los que estamos los tres, por lo que me gusta quedarme en casa, aunque sea a sentarme en el sofá, contemplar al peque dormido y ver como mi marido juega a la Wii. A veces es un auténtico brownie decirle a mis padres que no bajamos a verlos, sin que se ofendan. Les quiero mucho, creo que ellos lo saben; pero necesito mi espacio. Necesitamos nuestros momentos de tranquilidad y no estoy mal por ello, ni me duele nada, sólo quiero estar a solas con mi marido y mi hijo. A veces también es un marrón buscar mis momentos libres a lo largo del día para estar sola.
También tengo los brownies de rebote. Es decir, los de mi marido. Estamos disfrutando de una comida tranquila y ¡zas! el móvil que suena y marrón que le cae. Quien lo sufre no es sólo él, sino que también me afecta a mi, ni puedo ni quiero competir con su trabajo. Tiene muchas cosas buenas; pero a veces me pregunto si esa gente no tiene vida fuera de la oficina. He aprendido a vivir con ello; pero reconozco que me ha costado y a veces aun me cuesta. Son gajes del oficio, retos, nuevos proyectos de los que no me entero; pero que son importantes para él por lo que son importantes para mi. Al igual que él me apoya con mis sueños, yo le apoyo con los suyos y ambos vamos a por los nuestros. Los marrones son algo que superar para alcanzarlos, pruebas nada más, que son como espejismos, parecen mucho; pero cuando los pasas ves que no ha sido para tanto.
No sé, quizá la lejanía, quizá el cambio de vida, lo cierto es que relativizo las cosas de una forma que antes era impensable. Ahora es como si hubiera conectado con una sabiduría intuitiva. Quizá ha sido la lección de mi colon que si me irrito, él también. Quizá habrán sido los libros de Dilbert que hay por casa, o esas lecturas antiguas que me recordaban y me recuerdan que hay que mirar las cosas siempre de tejas para arriba, para poder entenderlas. A lo mejor es cierto lo que me dijo hace poco una amiga de que se me veía con mucha tranquilidad, serenidad... no lo sé, lo cierto es que no paro aunque parezca que no hago nada. Sobre todo estoy practicando el "arte de la escucha". entre comillas porque lo practico más leyendo blogs, e-mails,chats por mesenger y demás que por mis orejillas.
¿Un secreto? Suelo rezar por la persona que me cuenta algo, o que ha escrito algo serio... no me pongo con las oraciones en plan papagayo sino que es más bien en plan: "Échale una manita a ésta, o a éste, ¿vale?". No siempre se podrá solucionar el marrón; pero puede que se convierta a los ojos de esa persona en un brownie estupendo al que hincarle el diente. A veces esos marrones son ocasiones estupendas de demostrarnos a nosotros mismos lo que llevamos dentro. Es algo seguro: si te endiñan marrones no es sólo por librarse de ellos sino porque alguien cree que tú puedes solucionarlo, lo que escierto voto de confianza. Y si te cuentan un marrón, quizá es porque esa persona te considera legal, de los que escuchan y no va a ir por detrás a darte la puñalada.Y eso, bien pensado, sube la moral a cualquiera. Porque si a esa persona le importo poco, no perdería su tiempo en contarme sus cosas. Provoca un medio subidón de autoconfianza, una motivación para remangarse y ponerse manos al marrón. Si nunca te ha caído ninguno, no te preocupes, ya caerán. Y si no te caen, malo malo.
Termino con una imagen, a la que tengo gran cariño y que es quien más me ayuda con mis brownies, cuando mi vida esta retorcida, llena de líos, nudos y tan enrrevesada. Sí, lo sé, parece muy ñoña, pero me ayuda a tener calma.

Puedes pedírmelo a mi, si lo quieres dedicado y con un marca páginas, por correo en la siguiente dirección
ultreiablog@gmail.com






Conozco los marrones, !vaya que si!, sobre todo esos que te tienes que comer sin tú haberlos propiciado.....Marrones de tener que aguantar y suplicar (hacia dentro)....Paciencia.
Otros, por creer en la lealtad y la amistad, !a veces crees conocer y confías pero a la menor de cambio, desaparecen y si te ví no me acuerdo!. Descargan sus problemas y a tí te dejan con el marrón. El no tener intimidad apenas por tener que cuidar a un mayor....enfín.....marrones color tabaco. Así es la vida......Pero ahora hay una pequeña diferencia y en eso llevas razón.....Procuro ver las cosas desde el tejado para arriba.....Se ven más objetivas, afectan menos, tienen otro color.
besabrazos
Pues no está nada mal...voy a poner yo ese "marrón" en caja Central...y lo de Darth Vader...sencillamente genial...
Pero..........¡que ingeniosa eres!, me ha gustado mucho tu manera de afrontar los problemas, ojalá yo fuese así soy tan nerviosa que me ahogo en una gota de agua, ya ni siquiera necesito el vaso.
Besukissssssssssssssssssssssssssss
Hola guapa:))
Como llevo más de media vida (uff, qué vértigo da...) trabajando en lo que se denomina "cara al público", pues entiendo perfectamente a qué te refieres...
Eso sí, hace muuuchos años decidí que esa máxima de "el cliente siempre tiene razón" no iba conmigo. El cliente tiene razón... cuando la tiene. Sólo y exclusivamente. Lo que no impide que siempre los trate con exquisita educación, si no entienden algo a la primera se les explique tantas veces haga falta, se les haga esperar (en persona ó por teléfono) el menor tiempo posible..., pero hasta ahí. En alguna ocasión sí he tenido que acompañar a clientes hasta la puerta... y no me estoy refiriendo a "por cortesía" (que eso lo he hecho siempre, y no por obligarme la política de la empresa). Vamos, que en ocasiones he tenido que "echar" a gente. Simplemente porque han sacado los pies del tiesto... ¿Mis favoritos? Los de "yo sólo voy a tratar con tu jefe" (partiendo de la base, ellos, que mi jefe tenía que ser un hombre y que si no trataban tal cosa conmigo es por ser mujer). En esos casos, se lo decía así de claro. Con la mejor de mis sonrisas, pero así de claro: "si quieren, yo los paso con el responsable de la empresa... pero "ese" tema en concreto lo van a tener que tratar luego conmigo. Eso sí, creo que no se lo vamos a poder resolver, así que mejor no molestamos a nadie más" (ahí es cuando les abría la puerta). Que parte de mis ingresos dependieran de los clientes no quería decir que tuviese que soportar sandeces de algunos... que luego ni siquiera serían "clientes" en el aspecto "generadores de ingresos"...
¿Morosos...??? Uy, si yo contase historias al respecto... Y sí, son infinidad los que dejan de pagar sus deudas bancarias... y, encima, le montan un circo al director de la sucursal cuando les empiezan a llegar las reclamaciones desde las centrales de riesgos.
La experiencia me ha enseñado que los que acumulan deudas por "no poder pagar" de ningún modo... son una inmensísima minoría. Quienes no pueden, pero quisieran, en cuanto empiezan a tener problemas también intentan buscar soluciones: venden la vivienda para liquidar e irse de alquiler ó con la familia; renegocian pagos atrasados, dan de baja los suministros que no van a poder seguir pagando... Y también tengo estadísticamente comprobado que los peores pagadores (y los más chulos, y los más maleducados, y los más de todo) suelen ser personas que sí tienen trabajo y buen sueldo, e incluso estudios superiores... Son, simplemente, sinvergüenzas profesionales.
Eso sí: me "apropio" de tu idea de la foto del brownie (por cierto !qué ricos están...!!! Mi forma "favorita" es con helado de vainilla...): para pegarla en las carpetas donde se archiven las cosas de hacienda, por ejemplo....
Y creo que tus "marrones" familiares actuales, si los comparas con los derivados de "clientes indeseables", te compensan...¿no????
Besazos:))
Aiss los marrones.. que te voy a contar que no sepas. Hace tiempo tuve un jefe que me dijo
"Todo lo que te page a partir de ahora no es por el trabajo que hagas sino por los marrones que te vas a tener que comer"
Y efectivamente .... mira ahora.. de marrón de ultima hora, llamando a mi sufridora esposa ( que por cierto no me lo coje como siempre), escuchado a Tian Turner y mirando la foto de mi pitufillo encantador miestras escribo un correo acordandome de la madre y de las muelas de un cretino allede los mares (mediterraneo)
Estoy de acuerdo contigo que el unico Brownie bueno es el del VIP's
Besoooteeessssssss
Querida Ultreia: quien no tiene marrones? yo ahora tengo, pero no de trabajo ,sino familiares, afectivos, que son más marrones, pero bueno me encantó tu escrito, permíteme decirte que siempre los disfruto, no me importa que sean largos, creo que me gustan más por eso y no quiero que terminen. Creo que cuando tu bebé duerme tienes tiempo y en tu cabeza empiezas a pensar en tu siguiente post, es así?
Me encantó el brownie, hummmmmmmmm, realmente se me antojó, así con la bola de nieve de vainilla. riquisímo.
Saludos cariñosos, Toni
Lo del brownie es un sistema estupendo de poner al mal tiempo buena cara... todos nos tenemos que enfrentar a marrones en nuestra vida cotidiana, pero eso no quita que los afrontemos con buena o mala cara. Si al final nos toca, ¿por qué dejar que nos hunda? Noooooo... manos al marrón y a comérselos
Respecto a lo que dices de los post kpruza, se me van ocurriendo las historias al tiempo que escribo, sé de lo que quiero hablar en el primer párrafo y a partir de ahí, va surgiendo. No siempre aprovecho cuando Dani duerme... cuando está jugando en su parquecito también aprovecho, aunque reconozco que para leer los blogs de los demás sí que prefiero hacerlo cuando duerme