Por fin, una semana más, ha llegado el viernes. Viernes de vacaciones, viernes de salidas y atascos; pero viernes en cualquier caso. Diréis... ¿Pero tú no estás de excedencia? ¿Qué más te da que llegue el viernes o no? Simple, puede que yo no tenga horarios; pero mi marido sí. Así que espero los viernes con las mismas ganas que los demás. Para tenerle más tiempo con el peque y conmigo, hacer las cosas cotidianas con más calma y poder seguir descubriéndole cada día un poquito mejor. En el matrimonio no hay horarios; pero hace falta tiempo y convivencia para conocerse. Entre semana pasa más tiempo en el trabajo que en casa. No podemos hablar como nos gustaría, disfrutar y enseñar cosas al peque juntos. Ley de vida. Por eso intento que el fin de semana sea para nosotros. No siempre se puede; pero hay que intentarlo al menos. Aunque no hagamos nada extraordinario. Ya es estupendo poder pasar un rato los dos solos contemplando al peque durmiendo en la cunita.

Hace años, tal día como hoy, yo estaba en Ávila, iba a conocer a mis futuros cuñados. Estaba participando en un curso de teología y estábamos en el Carmelo de la Encarnación. Mi marido, por aquel entonces novio, y ya sonaba muy fuerte, estuvo el tiempo que yo estaba en Misa haciendo fotos por Ávila. Lo repito, 10 de agosto, Ávila, un calor de los que marcan... sólo había un charco en toda la ciudad... y el despistado, que iba su rollo, metió el pie en un descuido en el charco. ¿Por qué cuento esto? Primero porque siempre me acuerdo de esa anécdota el día de san Lorenzo y segundo porque no deja de resultar curioso todo lo que se tiene que dar para que algo ocurra. Nada sucede porque sí. Al menos yo no lo creo. Todo tiene un sentido, un para qué. Hasta pisar un charco. Se tuvieron que dar una serie de circunstancias para que ocurriera. Tuvo que ir a buscarme al lugar donde estaba de curso, coger el camino de Ávila para que tuviéramos tiempo de estar solos. Irme yo a la Encarnación y dejarle a él solo por la ciudad... Muchas cosas. Quien sabe si el mero hecho de modificar una sola habría cambiado por completo la secuencia. Creo que sí. Un ejemplo: hace tiempo, volvía yo del trabajo a casa (aún vivía con mis padres) cuando tomé la desviación. Y ¿quién sabe por qué? cedí el paso a un coche cuando yo había llegado antes y yo le salía por la derecha. No sé por qué lo hice. Le dejé pasar en cualquier caso y en la rotonda que hay antes de entrar en la urbanización donde viven mis padres, otro coche le pegó un golpe. No hubo heridos, sólo daños de chapa y de pintura. Recuerdo la impresión que me dió porque si no le hubiera dejado pasar, a mi me habría dado de lleno en la parte del piloto.

A lo largo de los años jóvenes de mi vida estos días en los que estamos, la primera quincena de agosto, casi siempre he estado en temas de iglesia: peregrinaciones, cursos, ejercicios, viajes, campamentos... ayer viendo lo de la Misión Joven, lo reconozco, sentí nostalgia de todo ello. Me sentí fuera de lugar. Porque si hubiera ido, habría sido de las mas mayores y ¿con qué diócesis iría? porque ahora vivo en una parroquia, pero me he criado en otra de otra diócesis. Me siento demasiado joven para estar en las catequesis de adultos y sin embargo, mi vida ya no es tan libre como la de los jóvenes. Estoy entre dos aguas, con más deberes y siendo mamá. Una mamá joven; pero mamá en cualquier caso. Leía que el 2008 será de la misión de matrimonios jóvenes. Seguimos igual. Porque mi marido es agnóstico, por lo que no podríamos participar como matrimonio. E ir yo sola implicaría la pregunta de ¿No consigues que se convierta? a lo que suelo responder: "quita quita, que no es un sapo". Es en estas cosas cuando más me noto diferente y me "repatea" que den por hecho que los cristianos se casan con cristianos. Yo amo a mi marido tal cual es, me encanta así y, aunque fuera más fácil que fuéramos los dos creyentes o los dos agnósticos, nos respetamos y esa situación no nos separa. Sí, me gustaría que tuviera fe; pero porque habría vivido su propio encuentro personal, no por imposición. No sé si me explico. Si no tiene fe es porque no ha ocurrido. Quizá debería hacer algo más por ello; pero no lo creo. A mi nadie me impuso mis creencias, por lo que yo tampoco debo hacerlo. Puede que también sea que yo no estoy a tope en lo que creo, que no le meto la curiosidad por mi manera de vivir. Ése es otro tema que no voy a tratar por ahora aqui.

Cambiando completamente de tema, hoy es viernes y por fin he encontrado el video de Georgie Dann de este verano. No deja de ser curioso que el rey de la canción del verano se queje del verano. Eso sí, es como si por él no pasaran los años. Se sigue moviendo igual. Aunque esta vez no tiene a las dos bailarinas detrás. Eso sí, el ritmo de la canción es igual, podríamos cambiarle la letra por la del chiringuito, la barbacoa o la del bimbó y no se notaría. Os pongo el vídeo para aquellos que no la han oído todavía.

La verdad, la prefiero a la de la tía de los micrófonos, que no soporto. Bueno, tenía mis dudas, pero creo que voy a atreverme a poner un video que debería promocionar la DGT y que algunos dicen que es la verdadera canción del mundo.

Lo cierto es que esta persona me anima. ¿Por qué? Porque si ella ha salido al mundo con ese "desafine" pues ¿por qué voy a tener miedo escénico yo a la hora de publicar? Sí, lo sé, acabo de bajar un montón de puntos en lo que me curro el blog y en la opinión de los que me leen; pero es que... es viernes de agosto, la playa queda lejos y de vez en cuando el espíritu del chiringuito tiene que salir del armario. Tranquilos que el lunes lo vuelvo a meter. Además, hoy habrá lio en la carretera y es bueno que te recuerden que hay que ponerse el cinturón. Total, si hasta el payaso de McDonald lo hace. Y cierto es que también puse la de Pablo Carbonell y la del Koala. Pues hoy, respondo a tantos que se preocupan porque no tenemos canción del verano. Candidatas no faltan. Os dejo con una clásica del verano de hace ya unos cuantos años, que a mi marido le encanta por el bailecito del cantante.