Otro texto prestrado, en este caso recurro a dos poemas de W.H. Auden, que algunos conocen gracias a la película "4 bodas y un funeral", por el poema que leen en el funeral, que se llama "parad los relojes". "También nosotros vivimos buenos tiempos" y "La ley se parece al amor". Espero que os digan tanto como a mi. Añado un par de canciones, de las que yo considero clásicas. Que me traen, como los poemas, muchos recuerdos. El paisaje es un camino entre árboles, suele servirme de inspiración a la hora de escribir, evoca muchas cosas.

TAMBIÉN NOSOTROS VIVIMOS
BUENOS TIEMPOS

También nosotros vivimos buenos tiempos

cuando el cuerpo sintonizaba con el alma,

y bailamos con nuestros amores sinceros

a la luz de la luna llena,

y nos sentamos con los sabios y los justos

y fuimos ganando ingenio y alegría

en torno a algún plato selecto

gracias a Escoffier.

Y sentimos esa gloria impertinente

que las lágrimas suelen alejar,

y quisimos que los corazones briosos

cantasen con el estilo grandioso de los antiguos.

Pero fuimos importunados y fisgados

por la multitud promiscua,

los editores nos convirtieron

en fraudes para aturdir a la multitud,

todas las palabras como Amor y Paz,

todos los discursos cuerdos y positivos

fueron ensuciados, profanados y degradados,

los convirtieron en un chirrido horroroso.

Ninguna oratoria sobrevivió

a aquel pandemonio

salvo la amarga, la soterrada,

la irónica y la monótona:

¿y dónde encontraremos cobijo

para la alegría o el simple bienestar

cuando apenas queda nada en pie

más que los suburbios de la discordia?

LA LEY SE PARECE AL AMOR

La Ley, dicen los jardineros, se parece al sol,

la Ley es lo único

que todos los jardineros obedecen,

mañana, ayer y hoy.

La Ley es la sabiduría del anciano,

la débil regañina del abuelo impotente;

los nietos le enseñan su lengua atiplada,

la Ley son los sentidos de los jóvenes.

La Ley, dice el cura con mirada sacerdotal,

explicándola a una gente poco piadosa,

la Ley son las palabras de mi misal,

la Ley son mi púlpito y mi campanario.

La Ley, dice el juez mientras mira hacia abajo,

hablando con claridad y con severidad,

la Ley es lo que antes os he dicho,

supongo que ya sabéis qué es la Ley,

pero dejadme que lo explique una vez más:

la Ley es la Ley.

Sin embargo, los eruditos que cumplen la Ley

escriben que ésta no es mala ni buena,

la Ley sólo son crímenes

castigados por los lugares y las épocas,

la Ley es como la ropa de la gente

en cualquier lugar y época,

la Ley es Buenos días y Buenas noches.

Otros dicen que la Ley es nuestro Destino;

otros dicen que la Ley es nuestro Estado;

otros dicen y dicen

que ya no hay Ley,

que se ha terminado.

Y siempre la multitud enfadada,

muy enfadada y ruidosa,

la Ley somos Nosotros,

y siempre el tonto y baboso Yo.

Amigo, si nosotros sabemos que ya no

sabemos más de la Ley que los demás,

si yo no sé más que tú

lo que debemos hacer y lo que no,

salvo lo que todos aceptan

de buena o de mala gana,

o sea, que la Ley existe

y que todos lo saben,

y si por ello es absurdo

identificar la Ley con otra palabra,

a diferencia de tantos hombres

no puedo repetir que la Ley existe,

e igual que ellos tampoco debemos reprimir

el deseo universal de conocerla

o abandonar nuestra posición

por la simple despreocupación.

Aunque al menos puedo reducir

tu vanidad y la mía

a decir con timidez

que existe una vaga similitud,

en todo caso diremos con orgullo:

se parece al amor.

Al amor que nunca sabemos, dónde ni cómo,

al amor que no podemos dominar ni liberar,

al amor que a veces nos hace llorar,

al amor que casi nunca cumplimos.