Hoy hay varios temas que me gustaría tratar: el misterio del solitario, elige el camino difícil y las jugarretas de la mente. Vayamos por partes, en un día que me apetece pensar, dejar que los dedos escriban con cierto concierto y ver hasta dónde puedo llegar con temas cotidianos. ¿Cómo saldrá el post de hoy? pues no lo sé, ya veremos. Voy a rememorar mis clases de Humanidades donde empezábamos con el dilema del prisionero y terminábamos hablando del Carrefour o de Dan Brown. Siempre es bueno dejar que la mente se libere un poco y dejar de pensar por unos instantes en mi pequeño, que duerme todo tranquilo a mi lado. Hoy la música, bajita.

El misterio del solitario me surgió hace tiempo por la lectura del libro que lleva el mismo nombre. Libro de lectura sencilla pero que me hizo pensar en los papeles de la vida. Intentaré explicarme. Si la vida es una baraja ¿Qué carta serías tú? Muchos se creen el As de Corazones, otros temen a la Reina por haber visto o leído Alicia en el país de las maravillas. Sin embargo la carta más curiosa es el jocker, el comodín "el mono" de la baraja antigua española. ¿Por qué? porque se pueden jugar a infinidad de juegos sin él. Es una carta que si se pierde no ocurre nada, puedes seguir usando la baraja. Sólo ocurre con el comodín. Si se pierde cualquier otra, aunque sea el insignificante dos de diamantes, ya puedes tirar la baraja. Pero el comodín, no importa. Incluso en las barajas suelen venir dos repetidos, aunque de distinto color (en la mayoría de los casos, uno en negro y otro en rojo). Sin embargo... es la única carta que puede sustituir a cualquier otra de la baraja; pero que es insustituible. Algo que no deja de ser chocante: por un lado no pasa nada si se pierde esa carta, por otro puede sustituir a cualquier carta, pero al comodin no le puede sustituir nadie, lo que hace que, al mismo tiempo, tenga el mínimo y el máximo valor. ¿Hay alguien así en nuestra vida real? ¿Alguien que puede sustituir a cualquiera pero que nadie le puede sustituir a él? Durante un periodo de mi vida pensé que el comodín podría ser cualquier actor. Se meten en la vida de otros, hoy es un guerrillero y mañana puede ser un monje. Lo identificamos de tal forma que si decimos su nombre real, ni nos suena... pero ¿y si decimos el nombre del personaje que representa? Ahí cambia la cosa, porque nos aparece su imagen en la mente. Y no te digo nada de los actores de doblaje. Cuando cambian de personaje y vas al cine a verla película, algo en tu mente te dice: ¿Qué hace Mel Gibson hablando como Bruce Willis? Ni te cuento cuando ves una película en versión original... después de ver toda tu vida al actor determinado con una voz, resulta que no se parece en nada a la verdadera. Aun recuerdo que viendo los caballeros del zodiaco hace poco, descubrí que Siryu, el caballero del Dragón, hablaba igual que Gregorio Antunez, de Camera Caffe... vaya tela.

En lo que respecta a mi vida, durante mucho tiempo me he sentido comodín, una carta prescindible completamente. Tenía la sensación de que si me perdía o si me moría casi nadie se iba a dar cuenta. Mis padres, mi familia y poco mas. Para el mundo soy insignificante, en mi trabajo si no lo hago yo, ya vendrá otro. ¿Mis amigos? Creo que alguno ni se enteraría, ni recordaría mi cara. Creo que si desapareciera, la gente que me rodea no tardaría demasiado en olvidarme. Es algoque pienso cuando me acuerdo de gente y si no les llamo yo, ni dan señales de vida. Con algunos ya me he cansado, quien sabe dónde andarán; pero al igual que yollamo, ellos pueden llamar. Evidentemente, no pienso desaparecer... no tengo la excusa de ir a por cigarros porque no fumo. Además, creo que mi vida es demasiado valiosa. No sólo por mi misma, sino para la gente que me ama. No quiero pensar lo mal que lo pasaría mi marido sin mi, o mi pequeño. Aún hoy me siento comodín; pero con la versión de que nadie puede sustituirme y el bien que yo puedo hacer, si no lo hago, nadie lo hará. Es una carta que no tiene destino. En una partida sustituye al rey de picas, en otra al siete de tréboles, en otra ni aparece... en cierta forma, es una carta que elige su destino... aunque realmente es el jugador que la posee quienlo elige. La similitud con la vida real no se escapa. Ser comodín significa no tener un destino claro, ir haciéndolo cada día. No porque sea de una familia de abogados voy a ser abogado. Mi destino me lo forjo yo, tengo libertad, elijo lo que quiero y cada elección me va determinando lo que soy en cada momento.

Aquí se juntan el comodín y el camino que elige. En la actualidad hay un anuncio que dice: "elige el camino difícil". Evidentemente, el anuncio va porque el camino difícil es más sencillo si llevas el producto que te venden, más sencillo y sobre todo más divertido. Pero... normalmente... ¿quién elige el camino difícil? Normalmente nadie. ¿Por qué? Por un motivo, ¿para qué elegir el difícil si se puede hacer el fácil? Pienso en el momento actual, con la operación bikini, donde todas las mujeres nos medio obsesionamos con tener un cuerpo diez este verano. Buscamos dietas milagrosas, productos bronceadores, cremas anti-todo... y sobre todo que sean rápidas. Queremos enquince diaslo que no hemos hechos en 5 meses. Queremos el camino rápido y fácil. El propósito del Año Nuevo de ir al gimansio, ponerse en forma, comer saludablemente y demás, quedó allá por mediados de febrero. Y no os cuento nada si has dado a luz recientemente. Da pereza hacer la gimnasia cada día. Nos gustaría que con un chasquido de dedos tuviésemos el cuerpo de las modelos que nos martillean en las revistas. Ocurre algo parecido en la vida laboral o estudiantil, lo mismo da. Si puedes aprobar sin estudiar ¿para qué hacerlo? ¿Por aprender? ¿El qué aprendo, si ese conocimiento no me sirve de nada? Recuerdo que cuando estudiaba Humanidades, pensaba seriamente que tenía que haber apuntes o resúmenes de Hegel, que me evitaran tener que leerlo, comprenderlo y asimilarlo. Eso hace que tengamos un problema. Si nos acostumbramos a las cosas fáciles, no las valoramos. Si no nos cuesta, no nos importa. No se valoran las cosas que encuentras fácilmente.

¿Por qué valoramos el tener pareja? Porque antes de encontrarla, hemos tenido que dar unos cuantos tumbos. Los padres nos vienen impuestos, mientras que la pareja y los amigos los elegimos nosotros, nos los encontramos por la vida. Los podemos perder, por lo que se valoran más que la propia familia. En el trabajo lo mismo. La gente con dinero, no lo valora igual que aquellos que tienen que hacerhoras extras para pagar el alquiler. Las vacaciones, los fines de semana son más importantes para uno que trabaja de 9 a 21.00 que para uno que, desgraciadamente, está en paro. Queremos el camino fácil, pero la vida nos pone en el difícil, lleno de obstáculos y distracciones. Cuesta mucho... pero merece más la pena. A los ojos del mundo ¿Es igual ganar a Federer que a un tenista que está en los últimos puestos de la clasificación? ¿Es igual pilotar un F1 y ganar a Fernando Alonso que ganar a Tacuma Sato? Y no tengo nada contra Sato, que conste, pero si eres un buen piloto y aspiras a todo, necesitas un competidor fuerte, un Goliat a quien abatir. Cuanto más grande, mayor triunfo.

El camino difícil da mas alegrías, aunque cueste más. Y tiene que ser difícil, porque si nos ponen todas las facilidades, al final es sencillo y no se valora igual. Aunque tengamos la tentación de coger el fácil, los atajos. En mi vida ha sido constante el devenir entre lo fácil y lo difícil, y eso me lleva al tercer tema. Las jugarretas de la vida. Ayer, iba conduciendo y vi un coche, de los muchos que te puedes encontrar en la carretera. Un coche de un modelo determinado que podría recordarme muchas cosas; pero me recordó a alguien concreto que parece un fantasma, un zahir como diría Paulo Coelho. Es una jugarreta, porque hace mucho que no me acordaba. Ese tipo de coche estaba unido a otros recuerdos, a otras personas. Quizá la matrícula o el color me llevaron tiempo atrás. Lo cierto es que agradecí el aparcar a los pocos instantes y tener que volver a la realidad, porque mi mente ya andaba buscando el rostro de una persona a quien prefiero olvidar. Sin embargo, hoy le he buscado en la red, queriendo saber qué era de su vida. Le busqué en sus webs y casi no ví señales. Quien sabe dónde estará, qué hará, qué pensará. Traerlo a mi realidad fue una jugarreta de mi memoria, gracias a la visión de un coche. Siempre ocurre algo parecido, asociamos objetos a personas y a situaciones. Los tienes guardados y un buen día, casi por arte de magia, te lo encuentras y los recuerdos afloran. Luego, es como si la realidad te volviese a poner "las orejeras" como a los burros y sigues tu camino sin pensarlo... hasta que te encuentres de nuevo con ese recuerdo... como si mi mente, mi espíritu estuviera prisionero, volarahacia ese recuerdo cada vez que le dejo un poco libre. ¿Tanto echo de menos a esa persona? Lo cierto es que no, al menos conscientemente. En mi vida ya no hay sitio para él, aunque queden algunas de sus enseñanzas. Jugarretas de la vida que me hacen recordar momentos que debí olvidar y olvidar aquellos que quería recordar. A veces ocurre. Estás tan tranquila, paseando por un mercadillo medieval y te saluda alguien de tu pasado... casi sientes el terremoto en tu vida... una sacudida ocurre en la mente de forma rápida para recordar nombres... aparejadas siempre a situaciones y quizá a errores. No tardas demasiado en volver a lo cotidiano, a aquello que has montado con esfuerzo, a base de prueba y error, al camino difícil que has emprendido, aceptando que eres comodín... y que te gusta serlo.