Ayer fue el cumple de una de mis hermanas. Cumple 36 y mepidió que le regaláramos un bastón. Tiene fibromialgia. Una enfermedad que hace que sienta que tiene por lo menos 80 años. Tiene crisis, le duele hasta el pelo y no puede hacer casi nada de lo que hace la gente de su edad. Se me cae el alma a los pies cada vez que pienso que le he regalado un bastón para que pueda levantarse de la silla sin ayuda. No puede hacer casi nada, y lo que hace le acarrea mucho dolor. Sin embargo, ella intenta hacer vida normal. Regalarle el bastón ha sido como si aceptara que no se iba a curar, que no puede hacer lo que los demás. Ella lo intenta, cada día se esfuerza por cuidar a sus hijas, por atenderlas, por ser una buena madre. Para mí, es una campeona. Por ellas lo da todo. Aún con su cuerpo como lo tiene, en vacaciones montó en bici para llevar a una de ellas a dar un paseo. Le dolía todo; pero se olvidó de sí misma y sólo se preocupó de hacer feliz a su pequeña. Para que luego me digan que los que buscamos ser felices no vemos las injusticias del mundo. ¡Claro que las vemos! y las sufrimos; pero plantamos cara, porque otro mundo es posible. Mi hermana es para mi un ejemplo, seguramente nadie lo sabrá cuando se cruce con ella por la calle. Puede que la miren y digan "está gorda" "anda raro" "viste más raro todavía". No, nada de eso. Está peleando como una jabata por su vida, por lo que cree que es vivir. Y tiene malos momentos, en los que no aguanta, se hunde y piensa mandarlo todo a la m___ (nada de tacos, ni malas palabras). Entonces piensa en sus hijas y sigue adelante, sin importar lo que digan los demás. Lo hace todo por ellas. No es de ilusos, intentar ser felices es de valientes... no se cruzan de brazos, ni los bajan.

Lleva un año y pico de baja laboral, sin posibilidad de defender su plaza, por lo que en cuanto salga a oposición, se quedará sin trabajo. Y ahora le han bajado el sueldo por desacuerdo entre el gobierno y la comunidad. Los políticos se olvidan de que sus decisiones afectan a personas, que son algo más que votantes. Y ocurre no sólo con decisiones políticas.Nuestras decisiones afectan a personas. Si yo no observo a mi bebé, él llora para llamar mi atención. Se lleva un mal rato porque su madre no le ha prestado la atención necesaria. Aunque yo intente hacerlo lo mejor posible, un sólo descuido tiene consecuencias. Lo que me conforta es pensar que aunque lo haga rematadamente mal, sé que lo que hago es lo que creo que es lo mejor para él. Podrá recriminarme en un futuro muchas cosas, y puede que tenga razón. Pero lo que nadie puede decirme es que no lo he intentado lo mejor que he sabido. Cuando crezca, no sé lo que pensará de mi... en la adolescencia tendremos conflictos y pensará que no le entiendo... sé que en el fondo para él, soy la mejor madre del mundo... porque es mi hijo, nadie mas que yo puede serlo.

A veces perdemos el tiempo en tonterías, sin mirar a los otros. Lo curioso es que si no miramos a los demás, a nosotros mucho menos.Siempre con recelo, como si tuviéramos al enemigo en casa. La mayoría de las cosas que hacemos, provienen de cómo tenemos el interior. Si ataco a los demás, seguramente es porque estoy herida, porque me han hecho daño. Si les trato con respeto, es porque antes me han tratado a mi así. Hay una anécdota en mi vida muy particular. Me acuerdo de la primera vez que mi padre me falló. Estábamos en Sepúlveda y alguien (no recuerdo quien fue) me compró una garrota. Seguramente se me antojó, no sé los motivos de esa compra. Lo cierto es que íbamos caminando y la garrota se me fue por una alcantarilla. Mis hermanas intentaron cogerla pero fue inútil. Yo no me moví de allí. Esperé a que llegara mi padre. Estaba convencida de que él podría sacarla. No sé cómo, pero estaba convencida de que lo haría y aunque todos me decían que no, yo pensaba que mi papá me devolvería la garrota. Mi padre lo intentó de mil formas y no lo consiguió. Aún hoy tiene la espinita clavada, de que no pudo responder a mis expectativas. Defraudó a su pequeña y aunque no tardó mucho en conseguir otra garrota (que aún conservo), él y yo sabemos que no es aquella primera que se quedó en una alcantarilla de Sepúlveda. Ahora mi padre, que es muy chiquero, hace lo que sea por mis sobrinas... a veces es como si quisiera hacer lo que no pudo conmigo. Todo lo que hacemos tiene un motivo, es consecuencia de algo.

Éste es mi blog, en él escribo lo que he vivido, lo que pienso, y aunque me importan los comentarios, puede que no sea lo que han vivido los demás. O que no les guste. Lo siento; pero ésta es mi vida, mis vivencias. ¿Por qué digo ésto? Porque hay un tercer bastón que tengo muy "visionado". Y como me he marcado la máxima de ser sincera en lo que escribo y viene a cuento hablaré de ello. El tercer bastón es el de Juan Pablo II. Una persona que a mi me marcó siempre que tuve la oportunidad de verle. Una vez, en un encuentro en el aula Pablo VI en Roma, el Papa entró y levantó el bastón que llevaba hacia los jóvenes que nos encontrábamos allí. Ante ese hecho se podían hacer dos lecturas:

1- Que quería darnos con él.
2- Que quería mostrarnos que éramos su bastón.

Más de un periodista que se encontraba allí entendió el primer mensaje, como si el anciano Papa estuviera reprobando la conducta de la juventud actual, amenazándonos con el bastón por no seguir las normas de la Iglesia. Particularmente, y viendo la trayectoria con los jóvenes de Juan Pablo II, me quedo con la segunda lectura. Nos estaba diciendo que se apoyaba en nosotros, que éramos los que le dábamos fuerzas para continuar su labor, que contaba con nosotros y que sin los jóvenes él se caía. Recuerdo que cuando le ví en Toronto, pensaba encontrarme a un anciano demacrado y le ví agotado, pero recobrando fuerzas por el contacto con los jóvenes. Le dábamos vida.

Cuando volví de Roma, ví con otros ojos el bastón de mi abuela, que en paz descanse. Entendí los motivos que la llevaban a ella a pedirnos que la cogiéramos del brazo cada vez que bajaba escaleras, no era para fastidiar ni para no usar el bastón, sino por la compañía, por sentirse más protegida, segura, acompañada.A mi me gusta andar abrazada a mi marido, es como si con él no existiera el cansancio, lo pudiera todo. Me anima a continuar. Mi abuela se quedó viuda muy joven. No tenía a mi abuelo para seguir con las mismasfuerzas, creo que por eso le gustaba cogerse del brazo de sus nietas. No éramos su pareja, evidentemente; pero si se levantaba cada díae intentaba vivir era porque éramos su razón, su gran motivo.Ahora lo entiendo, en su momento me costaba lo suyo, porqueyo iba más rápido que ella y cuando me cogía el brazo me sentía como atada. ¡Cómo echo de menos eso! ¡Si pudiera volver hacia atrás le daría mi brazo gustosa... y haría con ella muchas cosas mas... habría sido su bastón!

El bastón que le he regalado a mi hermana es de caña, muy ligero... el que menos se parecía a uno "de viejos", para que cuando lo mire, vea las posibilidades que le facilita, no las dificultades que hacen que lo use. Darle un poco de independencia, de fuerza, que su bastón represente todo lo que la queremos y que estamos con ella, aunque no nos vea. Recordarle que, a pesar de la enfermedad, tienetoda su dignidad y que puede hacer muchas cosas... que lo vea desde el punto positivo.