Este es uno de esos post que salen a horas intempestivas de la noche, cuando todo está en calma, cuando a lo lejos se oye algun perro y el teclado produce un sonido que se revela demasiado alto, martilleando la cabeza, casi como si no hubiera nada mas. Es un post de las cosas que quedan en el tintero y de lo que escribiré en un futuro, no sé si lejano o cercano. Tengo pendiente escribir sobre los medios de comunicación (tarea ardua y de autocrítica, lo estoy eludiendo todo lo que puedo), de las cosas que guardamos sin saber por qué, de las locuras de ciertas personas que conozco, de esa sensación de soledad que nos embriaga a todos de vez en cuando, de las cosas que sería útil inventar (¿para cuando un sistema que haga que no se le caiga el chupete a un niño mientras esté despierto?)... lo dicho, muchos temas en el tintero... y los que faltan por llegar.

No es fácil sacar tiempo para pensar cuando tienes un bebé. Ayer, salió por la televisión una madre que tenía 6 hijos y que se quejaba de la falta de ayudas... algo casual que yo hubiera escrito de eso un dia antes. Es con lo que vivimos. Si yo a veces me agobio con uno, ¿qué no será con 6? Aun así, siempre consigo un ratito para poner la mente de "mamá" en "pausa" y sacar a la luz la escritora, la reflexiva... el poder mirar por la ventana del ordenador y practicar a veces la escritura sin pensar. Otras veces, quiero compartir textos que me han tocado el corazón. NO me creo original, sé que mis pensamientos proceden de muchos otros que tuvieron antes. Y ¿Para qué intentar decirlo yo, si ya lo han dicho otros y seguramente mucho mejor? Por no hablar de la oportunidad de sacar del desvan esos libros que me ayudaron a ser la persona que soy.

Bernanos decía que en cada libro, hay una frase en la que el autor ha pensado en tí y tienes que encontrarla. Lo demás del libro, leelo si quieres, pero busca tu frase. Una frase que te toca, que hace temblar el corazón humano que todos tenemos dentro... aunque lo hayamos encerrado en cemento. Supongo que la frase de Bernanos también puede aplicarse a los post. Una frase dedicada especialmente para tí, que me lees por primera vez o que me sigues desde hace un poco de tiempo. Tremenda responsabilidad para tí y para mi. Para mi, porque sin conocerte apenas tengo que escribir algo que afecte a tu vida y para tí porque tienes que encontrarla, estar abiert@. ¿Cómo se consigue? La verdad, no tengo ni idea. Supongo que si escribes con el corazón, siendo sincera, puede que conmueva otro corazón. Pero de ahí a conseguirlo, es un camino difícil y cambiante. Yo sé cuales son mis circunstancias actuales... ¿Cómo comunicarlas, comunicarme con quien me lee? Lo primero es intentarlo sin querer hacerlo. Porque es imprevisible, si piensas que tiene que llegar, no comunicarás lo que quieres decir. Tiene que salir sin que te des cuenta, sin esperar consecuencias. Es como cuando escribes un artículo y crees que habrá gente que lo comentará. La gente lo lee (para eso tengo el chivato del contador) y no comentan. Y otro que dices, "éste no lo comentará ni el tato" te llegan mails y más mails diciendo que tienen comentarios. Y piensas "el mundo al revés". Porque no controlas las reacciones de los demás, gracias a Dios. Se trata de escribir sin esperar nada a cambio, por el mero hecho de poner un poco de luz en lo que llevas dentro.

Hacía mucho que no escuchaba la canción que acabo de poner. Y viene al caso, porque en la música tampoco se sabe qué canción marcará una generación y cual será como una botella de champan, pegará fuerte un segundo y, a otra cosa mariposa. Tengo un poco de memoria para la música; pero a veces me sorprende. Escuchando mi colección de mp3 del 2004, escucho una canción y ni la recuerdo. Suena completamente nueva. No sé su título, ni quien la canta... y si es en inglés, ni lo que dice, todo sea dicho. Suena completamente nueva, y te engancha o dices "siguiente". ¿Alguien se acuerda de cómo era Nick Kamen? Lo único que recuerdo eran sus ojos azules, y creo que tenía cara de niño. Pero no me preguntes por el video de la canción porque no tengo ni idea. O la canción de Top Gun. Recuerdo la escena de Tom Cruise montado en una moto que ocupaba casi más que él; pero no recuerdo la cara de la chica que la cantaba. Memoria selectiva, supongo. Cada uno se queda con lo que le interesa. Evidentemente, yo dí mas importancia a Tom Cruise que a la cantante. Y en algunos aspectos me fijé más en la moto que en el actor. Rara que es una.

¿Cómo he acabado aquí? No tengo ni idea. Supongo que puede pasar cualquier cosa cuando escribes a estas horas, con el estómago vacío. Hoy se presenta un día que, o escribo ahora o no escribo. Y, aunque el blog sea un hobby, como todo hobby requiere tiempo y cierta perseverancia. Quitando a los grandes talentos, no puedes practicar futbol de buenas a primeras y ser un experto. Me ocurre algo parecido con la Play Station, con cualquier juego. Hasta que le pillo el tranquillo, no veas la de veces que tengo que jugar. Soy muy mala, me matan siempre a las primeras de cambio y me termino por aburrir. Por eso prefiero juegos cortos, que no requieran demasiada concentración, pericia y botones. Con uno de salto y otro de ataque me sobra. Me desespera, puedo ser capaz de entender a Hegel y sin embargo soy una negada con los juegos. Hasta los críos pequeños juegan mejor que yo. Creo que nunca lo he intentado hasta la obsesión, puede ser por eso.

Hoy va de poner canciones míticas. Al tema de la semana sobre música no respondí, porque no sé que discos me llevaría a una fiesta. Bueno, sí que lo sé y son más de tres. En mi antiguo grupo de amigos era yo quien llevaba la música, quien se encargaba del baile en las fiestas. Y si había un disco que no podía faltar era un recopilatorio con los temas que más sonaban en la radio en ese momento. Aún recuerdo el año del bailecito, todos en dos filas, frente a frente, bailando como tontos, con nuestros trajes de fiesta. Tenía la suerte de estar en un grupo que vivía en su mayoría en una urbanización, con lo que los fines de semana, íbamos a alguna casa. Digo suerte porque nos ahorrábamos bastante dinero. Eran botellones caseros, en los que podías hablar sin gritar, cambiar de música a tu antojo y no te tragabas el humo de desconocidos, en aquella época en que no había ley anti-tabaco. Poníamos música enlatada o nos cogíamos las guitarras y cantábamos nosotros. ¡Qué recuerdos me trae la siguiente canción!

En fin, no sé lo que he escrito hoy, ni sé si tocaré el corazón de quien lo lea o le haré perder el tiempo. Hasta el mejor escribano echa un borrón, así que un post a lo loco puede salirle a cualquiera.