Una de las cosas buenas, una de las muchas cosas buenas, que tiene ser madre es ver el mundo desde los ojos de mi hijo, verlo por primera vez. Y es una gran oportunidad, descubrirlo todo como cuando éramos bebés pero con la conciencia de ser adulto. Porque, le voy explicando las cosas que ocurren y veo la realidad de forma distinta. Le cuento lo que es una tormenta, la lluvia, el trueno, el rayo, el relámpago. Lo que es un color... sin dar nada por supuesto, porque él no conoce nada. Es una personita de 60 cms, no un cacho de carne con ojos. Puede parecer que no me comprende; pero me escucha y va aprendiendo. Y eso, me sitúa a mi ante la realidad con el intento de mirar a través de sus ojos, ¡todo es novedad!

Hay que echarle imaginación. Partir de cero ayuda a ver cosas que se pasan en la vida corriente. Ver la ropa y pensar en las personas que las han confeccionado, en sus vidas, en el campo donde se cultivaron las materias primas del tejido, la fábrica de donde ha salido, el camión que la ha transportado, la dependienta que pensó un sitio para ella y que la colocó cuidadosamente. Hasta lo más pequeño tiene toda una historia. Que nos perdemos en este mundo lleno de prisas y de cosas dadas por sabidas. Es el continuo ¿Por qué? que tanto agobiaba a nuestros padres. Ahora no agobia. Cuando el niño tiene un poco de edad, se le enseña que existe una cosa estupenda llamada "Encarta" (las enciclopedias de papel abultan demasiado en los mini-pisos). Y con la "Encarta" el problema queda resuelto, si tienen curiosidad, ellos solitos se contestan.

Hoy no, hoy quiero mirar las cosas como la primera vez que las vi. Darles la oportunidad de sorprenderme. Como por ejemplo un libro. Lo ves en la librería, no has leído nada sobre él, te atrae la portada, lees la parte de atrás y si te convence un poco lo compras. Puede que tardes un poco en leerlo; pero lo tienes en casa. A mi me encanta como huelen los libros nuevos. Son como una llave, una puerta a un mundo, a fijar la atención en un punto de la historia. Siempre se aprende algo nuevo de ellos (hasta de los que después de leerlos piensas que no te han gustado nada). Pienso en los cambios que se han producido en mi vida. Muchas cosas nuevas. No se me va de la cabeza la primera noche con el peque. Yo estaba tan mal y tan cansada que lo dejamos en el nido. Nos lo traían a las 6 de la mañana. Yo me desperté a las 5. No podía dormir, pensando que en un ratito me traerían a mi pequeño. No sabía si podría ocuparme de él como quería. Si sabría comprenderle. ¿Por qué esa predisposición? Imagino que porque todo el mundo te dice la frase de "como con su madre no está con nadie". Ahora veo esos momentos y me doy cuenta de que me perdí cosas, no sé si grandes; pero miré a mi peque con los ojos de otros. Como lo de buscarle parecido. Para mí es lo menos importante. Si se parece a su padre, genial, es la persona a la que amo ¿cómo no me iba a gustar?. Si se parece a mi, genial, que por algo le he llevado 9 meses en mi vientre. Yo prefiero saber que está bien, sanote y feliz a sacarle parecidos. Se parece a él y se acabó la discusión.

Ver las cosas sin las gafas de los prejuicios, tarea dificil, pero interesante. Es como cuando estás comprando un piso. Ves muchos hasta que encuentras el que quieres (y el que puedes pagar, que eso cuenta mucho). Y juzgas lo que ves, sin darte cuenta de que, entre esas cuatro paredes hay mucha historia. A Hollywood se le acabaría el mercado, si la gente pensara en la historia de la casa que va a comprar. Pero, es que es cierto. Los dueños anteriores de mi casa, formaron aqui su hogar, vivieron momentos felices, discutieron, descansaron, festejaron... son las mismas paredes que ahora contienen mi hogar. Mismo continente, distinto contenido. Ocurre parecido con los viajes. Te vas a otra ciudad, la miras interesada... ¿A qué no nos pasa eso con la que habitamos? A mi me ha pasado, el ver a turistas en Madrid y preguntarme ¿qué fotografían?... y descubrir algo que nunca había llamado mi atención. Claro, como lo tenía delante, no lo había visto. O cuando empiezas una actividad nueva. Todos tenemos cara de pardillos cuando llegamos por primera vez al instituto, a la universidad o al primer trabajo. Somos como una tablilla de cera nueva, en la que se van marcando impresiones. Te sientes perdido, sí, todo te sorprende y de esas primeras impresiones te forjarás la idea del lugar que ocuparás durante una temporada.

Tengo ganas de ver la cara de mi peque cuando vea el mar por primera vez, o cuando le llevemos a un museo, o al zoo... tengo ganas de descubrir en sus ojos esa ilusión que todos llevamos dentro y poder vivir desde sus ojos todo aquello que yo vi hace tiempo. Su carita cuando su padre, o yo le contemos su primer cuento, viendo su primera película de Disney... tantas cosas que serán nuevas. Y que me enseñarán a mi a mirarlas sin mi historia. Formularán preguntas que tendré que resolver. Espero no perder nunca la capacidad de sorprenderme, de afrontar la vida desde cero. Eso es lo que hacemos la mayoría que elegimos escribir. Afrontarlo todo con una nueva mirada. Enfrentarse a una página en blanco (o a una pantalla en blanco) con ideas y recuerdos, dejando que los pensamientos se plasmen en unas palabras, en unos párrafos. Darnos la oportunidad de ver las cosas a distancia, como la primera vez que las vimos. Desde estas palabras podemos rememorar sentimientos, lugares, acontecimientos... siendo espectadores, sin llegar a inmiscuirnos, reflexionando o desatando el nudo de las vivencias. ¿Quien no ha usado el papel o el ordenador para desahogarse? ¿Para qué escribir un diario, si no es para sacar fuera lo que llevamos dentro? Cuando no tienes a nadie con quien hablar, lo escribes en un cuaderno, llegando incluso a ponerle nombre. Creo que un blog es algo parecido. No te inventas a quien hay al otro lado de la pantalla; pero a veces te dan ganas de darle con los nudillos... algo así como "toc toc ¿Hay alguien ahí?" y para salir de dudas ponemos un contador, para saber que, al menos alguien más que yo, entra por este espacio.

Todos necesitamos comunicarnos. Volver a descubrir lo que nos rodea ¿ o no nos pasa que te vas una temporada fuera y cuando vuelves ves las cosas cambiadas? Aparte, claro está, de echar de menos la comida de tu madre. Aunque ya no vivas con tus padres. Te vas de viaje, pruebas otra gastronomía y piensas "está bueno, sí, pero me gusta mas como lo hace mi madre" Y si te preguntan los que te acompañan y no lo piensas, hasta les dirás la frase. ¿Ataque de sinceridad? No, diría más bien pensar en voz alta. ¿Y si no tuviéramos esa posibilidad de comparar? No me ocurre cuando voy a un restaurante asiático. Mi madre no sabe hacer sushi (no se lo ha propuesto), o pato laqueado. No me enseñó a comer con palillos. Todo eso son cosas que he ido aprendiendo con el tiempo, cuando he dado esa posibilidad para acceder y formar parte de mi mundo. Si no doy esa primera oportunidad ¿cómo aprenderé? ¿Cómo distinguiré lo que me gusta y lo que no me gusta?. Todo pasa por la primera vez, por superar el miedo, la incertidumbre.

Siempre se puede volver a esa primera visión, a esa primera vez de enfrentarse con la realidad. Sólo hay que lavar y lavarse la cara. Cuando empecé el blog, no tenía muy claro para qué serviría, si es que tenía que servir para algo. Sé que necesitaba algo en mi vida y quizá ésta era una forma para conseguirlo. Ahora, cuando entro en otros blogs, siempre lo hago como de puntillas. Porque sé el esfuerzo que conlleva escribir. Hay que sacar tiempo y exponerte a los demás. Mis ideas no siempre coinciden con los blogs en los que entro. Eso me enriquece y me ayuda a plantearme mis ideas. Al igual que yo tengo una historia que está por debajo, detrás de mis palabras... las personas a las que leo tienen su propia historia personal, que merece respeto. Pensar que si, para ellos, lo que cuentan es importante, hay que darles una oportunidad. Aunque sólo sea por el esfuerzo de plasmarlo. Como me dijeron una vez "No tengas miedo de contar tus cosas a Dios, porque si para tí es importante, para él es importante". Y pienso que ocurre lo mismo con las personas, cuando las queremos. Si para mi marido es importante, para mí es importante. Aunque no tenga ni idea de lo que me habla. Eso no importa, necesita que le preste atención y no vale escucharle y estar pensando en mis cosas, porque se nota. Él quiere contarme algo y yo quiero escucharle, como la primera vez, cuando éramos amigos y todo era nuevo. Ocurrirá lo mismo con mi peque y quiero estar ahí para demostrarle que para mí es importante, como ahora cuando llora. No dejo que llore solo. Porque no hay nada más frustrante que quieras contar algo a alguien y te diga: "baja la voz, estoy viendo la tele" (por poner un ejemplo y si es que te dice algo).

Si cada día es nuevo,se me ofrece la oportunidad de verlo por primera vez. Es la únicaposibilidad que tengo de vivirlo. No se va a repetir. Y ahora, se me plantea la dificultad de encontrar una canción que dé ritmo a lo que he intentado exponer hoy. La tarea es dificil. Porque, cuando pongo "primera vez" en el YouTube... me sale de todo sobre la primera vez; pero no la de la que hablo yo, ya me entendéis. Estoy intentando buscar en mi cerebro y la verdad es que no se me ocurre nada que se acerque. Así que pondré una canción para animar el día, quizá eso ayude a verlo con los ojos de siempre, aunque de forma diferente. Una canción mítica, por cierto y rompo con ella la tradición de música en español, para todo hay una primera vez ;-). ¡Que paséis un buen jueves!... y gracias por llegar hasta aqui, que hoy el post ha sido largo