Llevo unos días pensando en escribir un post sobre eso: gente que da la cara por lo que cree, por sus ideas. Se dice rápido; pero la gente no suele dar la cara por aquello que cree que es lo correcto. Podemos estar de acuerdo o no por ejemplo con la política antiterrorista del gobierno, sin embargo seguramente la mayoría no se movería de su casa para ir a una manifestación, a favor o en contra. Mentimos en las encuentas de intención de voto, porque no queremos quedarmal hacia los ojos de los otros. Evitamos las discusiones políticas en la mayoría de los casos para no "mojarnos" y que no nos encasillen. Y hablo en plural, porque a mi me pasa, en algunos ambientes no declaro claramente lo que pienso ni lo que creo.

Estos días se está celebrando en la Comunidad de Madrid la llamada Misión Joven, haciéndola las tres diócesis en conjunto (Alcalá-Madrid-Getafe). A menudo leo las páginas de las delegaciones de juventud de Madrid y de Getafe, la de Alcalá la veo de vez en cuando. Y leo las iniciativas y pienso "se están jugando la cara". Alguna de ellas es hablar de Dios en pubs y discotecas. Sólo de imaginármelo, puedo oír las risas de la gente al ver a chiquillos hablando de Dios y el Evangelio mientras los demás bailan. Y es que la imagen de la Iglesia se acerca más al "Amo a Laura" que a la verdadera realidad. Porque nadie cuando se presenta dice: "hola soy Fulanita y soy católica". Vamos parecería más que está en una reunión de Alcóholicos Anónimos que otra cosa, bueno en este caso de católicos anónimos.

Nos venden la imagen de que los jóvenes van a su bola, que no les interesa nada y, la verdad es que te hace plantearte cosas ver que hay gente capaz de poner la cara por lo que cree, aunque se la partan. Con toda la ilusión y con toda la esperanza de compartir su alegría con los demás. Y sí, me podéis contar lo que queráis de la Iglesia, de la curia, de los curas... y seguramente tendréis razón. Pero, yo creo en la iglesia que se mueve, en los creyentes que no llevan cruces ostentosas, sino que intentan vivir su fe, como pueden, en lo cotidiano. Creo en la Iglesia base, la que está por las calles... y ésa supera en mucho los errores y pecados de los visibles con clerygman, hábito o lo que lleven. Gente normal, que quiere vivir de verdad su vida, con dificultades, que no juzga, pues ya tiene bastante con su propia vida como para meterse a sacar los trapos sucios de los demás.

Tengo un amigo numerario del Opus Dei. Sí, de todo hay en este mundo y me gusta decir que tengo amigos en la Obra, en el Camino Neocatecumenal, en CyL, en conventos... al igual que me gusta tenerlos agnósticos y ateos. Anti católicos, me temo que no puedo tenerlos porque yo soy católica; pero sí que conozco a gente de otras religiones. Y de todos ellos se puede aprender cosas. Bien, volviendo a mi amigo numerario, ha creado un par de páginas web para aclarar dudas del Opus Dei desde dentro. Y me parece digno de mención. Porque el chaval no se esconde, da la cara con lo que vive. Y como había dudas de su existencia, ha colgado un video suyo en Youtube que os pongo a continuación.

Alguno pensará que le estoy haciendo propaganda gratuita. Otros que un blog personal no es sitio para hablar de otras personas. La verdad, llevaba tiempo pensando en si ponía enlaces "de mojarse" en el blog o no. ¿Por qué? Seguramente por lo que puedan decir los demás. Lo reconozco, me preocupa la imagen que doy en el blog. Como a todos. Sin embargo en mi vida hay sitio para ver páginas de noticias católicas, evangélicas, ortodoxas, leer el mundo, a Paulo Coelho o reirme con las camisetas de la Seta Loca. En mi vida hay sitio para todo aquello que me aporte algo, aunque sea una sonrisa. Y, así soy yo. No quiero gustar a todo el mundo, porque el intentarlo ya me volvería paranoica. No, espero que quien me lea le guste como escribo o le haga pensar, nada mas. Ojalá puedan surgir de estos pensamientos mios, amistades, gente con la que charlar no sólo en el blog. Pero si me quiero sentir bien conmigo misma y vivir en libertad, tengo que dar la cara y ser coherente con lo que creo. Si no, me convertiría en un sofista en el peor sentido de la palabra.

Es difícil dar la cara. Cuando nos llegan mails de chistes nos falta tiempo para reenviarlos, sin fijarnos a quien se los mandamos. Pero si nos llega algo de creer o de política ¡Buf! son palabras mayores. Miramos con lupa las direcciones, porque ¿Qué van a pensar de mi si les mando esto a fulanito, menganito y demás? Y es curioso porque nos pasa siempre con religión y política. Ah! y cuando hemos hecho algo mal. Siempre buscamos cargar con el muerto a otro y a mi que no me miren. Como cuando estábamos en el colegio, instituto o universidad y no te sabías lo que preguntaba el profesor. Casi te ponías a rezar para que tu nombre no apareciera en la lista, que no te tocara a ti. Nos gusta ser el centro de atención, que la gente hable de nosotros; pero siempre para bien. Ni soportamos las críticas ni ser el hazme reir. Recuerdo cuando el Atlético de Madrid hizo el doblete, ¡caramba! salían atléticos de debajo de las piedras. Eso sí, los merengues desaparecieron como por arte de magia. ¿Si no podemos dar la cara en cosas nimias cómo lo haremos en las grandes?

También hay gente que lleva tiempo dando la cara. Puedes comprobarlo con páginas como Hazte Oir o, cerca de ti, seguro que hay alguien que lo que empieza lo acaba, que se compromete con un proyecto, cueste lo que cueste, no sólo a nivel social sino también de forma laboral. Porque dar la cara se puede hacer en plan humanitario y en el lugar habitual de cada uno. Cuando asumes la responsabilidad que te toca y no escurres el bulto, estás dando la cara. Y es difícil, porque a veces esa responsabilidad te obliga a hacer cosas que no querrías. Por ejemplo, mi marido pasó nuestro segundo aniversario de boda lejos de casa por motivos laborales. Le costó pero tenía que hacerlo. Dió la cara. Y ahora leo que hay padres que están presentando objeción de conciencia contra la nueva asignatura propuesta por el Gobierno, Educación para la Ciudadanía. También dan la cara, no sé si les servirá; pero son coherentes y no escurren su responsabilidad.

No, es difícil dar la cara; pero hay que darla. Aunque nos la rompan. Si nadie da la cara no se cambian las cosas. Todo seguiría igual. Hace falta gente que luche por lo que cree, por lo que piensa y que no tenga miedo a expresarlo. Aunque le censuren en algunos sitios. Los avances se han hecho siempre con gente comprometida. Científicos que quieren un mundo sin enfermedades. Periodistas que se juegan el cuello dando la noticia de una guerra. Políticos que quieren gobernar para fomentar el bien de todos (de estos hace falta muchos, que vaya panda de mangantes que tenemos en el parlamento). Que se digan las cosas claras, con respeto pero claras. Al principio costará; pero seguro que nos sentiremos mejor con nosotros mismos si nos quitamos los temas tabú y decimos lo que pensamos. ¿Por qué es tan difícil? Sinceramente, creo que el problema viene de la infancia. Alguna vez dijimos lo que pensamos y nos echaron una bronca en casa o se rieron de nosotros en el colegio... y eso nos marcó, nos enseñó que era mejor callarse y guardarlo para el ámbito privado. Nos quitaron la ilusión de cambiar las cosas, un poquito de respeto. Pero las cosas pueden cambiar, si creemos en ello y ponemos los medios. No intentemos grandes cosas, sino al principio en detalles pequeños. Demos la cara. Yo pongo hoy la mía.