Lo dicho, ya hemos vuelto. Por fin puedo ponerle cara a mi pequeño, a mi compañero de fatiga de los últimos 9 meses. Podría contaros cosas del parto, seguro que interesantes; pero creo que más que la experiencia física, lo que cuenta es la psíquica. Entré con miedo en el hospital, lo reconozco, sabiendo de la importancia del momento, consciente de mi inexperiencia y, como nunca me han ingresado antes, no sabía lo que me esperaba. Intentaba demostrar tranquilidad; pero la procesión iba por dentro. Resulta curioso, siempre nos han vendido que las mujeres tenemos mas aguante, que nos sacrificamos mas y que estamos hechas de otra pasta. La verdad, me parece una excusa estupenda para cargarnos con la responsabilidad y disfrazar la cobardía masculina. No es que seamos de otra pasta, es que nos olvidamos mas pronto de nosotras por ayudar a las personas que queremos.

La experiencia es para vivirla, convencida estoy de que no lo habría hecho igual sin la "preparación" de los 9 meses de embarazo. Y hace raro pasar de tener el pequeño en la tripa a verle en los brazos de su papá o de sus abuelos. Es como si estuvieran con algo que es parte de ti pero que no te pertenece, que no puedes defenderlo y protegerlo como antes. Antes cuidarme significaba cuidarle, ahora nos tenemos que complementar, conocernos los tres y sin manual de instrucciones. Cuando llora, se te cae el alma a los pies, cuando te mira se para el tiempo, todo es secundario. Cuando le damos de comer, pienso en la de veces que he tenido problemas, que me ha sentado mal algun alimento. Y es que ahora está fuera de mi, siente frío, tiembla, calor, pega patadas, llora, respira. Un cambio muy fuerte en apenas 48 horas. Nosotros podemos ayudarle; pero es él quien tiene que pelear por vivir.

Pienso en un momento determinado del hospital, cuando nos quedamos los tres solos, mi marido intentaba descansar y yo tenía al peque en los brazos. Me miró, pegó su cabecita a mi pecho y se quedó dormido. Entendí muchas cosas. Mi vida ya no era igual. Ahora soy madre. Ahora no me interesanlas cosas de antes, ni de otros. Mi prioridad es mi pequeño y él está por encima de todo y de todos. A partir de ahora soy responsable de su vida y tendrá lo mejor que pueda ofrecerle. También estuve pensando en que la frase de "me gusta ser mujer" sólo tiene sentido cuandoves esa carita. Es una bendición y lo siento por los hombres. Imagino que se vivealgo diferente; pero ser madre es otra cosa. Las frases hechas hasta te hacen pensar. Recuerdo quele dijeron "La madre que te echó" y pensé que no, que yo no le he echado de mi, casi me enfadé. Ahora pienso en la de sentimientos que afloran, las preocupaciones... porque si hay algo malo de ser madre es que muchas han pasado por ello antes y claro, por serlo, se sienten con el derecho de opinar. Frases al estilo "se os acabó el dormir", "ahora no es como antes", "lo mejor que puedes hacer es lo que yo hacía". Y te preguntas ¿acaso estás dentro de mi pellejo? ¿Acaso sabes cómo vivo yo el dolor? Sé que lo voy a pasar mal cuando se ponga malito; pero nadie excepto yo puede saber lo que voy a sentir. La únicapersona que lo sabía,ya no está dentro de mi. Y otra cosa es que si tantas han pasado por la experiencia, ¿por qué no la recuerdan y dejan vivir ese momento tan único a losprotagonistas? Porque es curioso que sepan lo mal que te encuentras y sigan insistiendo y olvidándose de ti, contándote cosas que no te interesan u obligándote amostrarte mas fuerte porque te están exigiendo ese esfuerzo con la presencia. Con lo cual, tienen mucha experiencia pero no la utilizan para bien. Al menos ésa es mi opinión.

Tengo muchos sentimientos encontrados, muchas cosas por controlar, y por aceptar. Porque, ahora no estoy en plenas facultades, cuesta recuperarse física y anímicamente. En unos dias podré disfrutar a tope de mi maternidad, de la familia que mi marido y yo estamos creando y será mucho mejor que hoy. Evidentemente, sin los momentos duros, no puedes saborear intensamente los buenos. Y no quiero ponerme en plan desahogo escrito porque primero quiero pensar en todo lo que está pasando en estos dias, en los que, por cierto, he descubierto mi fe de un modo diferente, de ello hablaré proximamente mas relajada.

Por cierto, como os podéis imaginar, la foto que ilustra el artículo es mi principito. El milagro mas grande de mi vida. El regalo que nos hemos hecho sus papás el uno al otro. En unos días en los que, curiosamente, se nos ha parado el tiempo externo, no sé lo que ha pasado en el mundo y tampoco me importa. Me han llegado a contar cosas pero es como si me contaran cosas de otro planeta. ¿Y la tele? puesni la hemos encendido siquiera. Y el ordenador para mandar mails y ver fotos. Todo ha cambiado. Es una pasada y sí que puedo decir que, a pesar de lo que parezca, soy feliz.