Hoy no hay imagen ilustrativa. Hoy no voy a hablar de cosas importantes, de la actualidad que me rodea en la sociedad. Hoy voy a hablar de mi realidad. Quizá no le interese a nadie. Pero estoy segura que el texto de hoy para mi es muy especial, el mayor desahogo que puedo hacer. Ayer, 22 de febrero, me indicaron que iban a programar el parto para el martes 27. Como se suele decir, llegó el momento. Por un lado estoy contenta, sabiendo que en unos dias voy a verle la cara a mi pequeño, que ya ha pasado el embarazo con sus molestiasy me espera ser madre, de verdad, de las que dan de comer, cambian pañales, cantan nanas, pasean a su hijo y demás. Por otro lado, estoy muerta de miedo. Deseas algo con tanta fuerza que cuando llega el momento, te sientes como al borde de un precipio. El momento al que he dedicado mi pensamiento durante 9 meses tiene fecha, una experiencia por la que ha pasado mucha gente, millones de mujeres, en peores circunstancias que las mías... está a punto de suceder. Siento vértigo. Algo indescriptible. Seguramente mis hormonas están haciendo de las suyas. Duermo poco y ahora mis sueños son siempre sobre el parto.
¿Cómo me preparo mentalmente para estos días? Eso es lo que me gustaría saber. No puedo actuar como si no pasara nada, porque no es así. El nerviosismo es real, aunque intente distraer la mente en otras cosas. He revisado los libros que tengo sobre el embarazo y el parto para buscar información. Pero hay mucha información técnica y no me relaja. Puedo hablar con mi marido, y lo estoy haciendo; pero hay una parte que sólo me toca a mi, que por mucho que lo intente compartir con él, es trabajo absolutamente mío. Tengo miedo al dolor, para qué voy a ocultarlo. Me asaltan las dudas de si sabré reaccionar a este momento que es importante en la vida de toda madre. ¿Seré capaz de vivirlo bien? Creo que no hay una forma específica y correcta de hacerlo, aunque se espera una valentía y un aguante que no sé si tendré. A veces me gustaría tener cierta "magia" para hacer un chasquido de dedos y que todo haya pasado sin enterarme. No quiero parecer lo que no soy y sé que aguanto más de lo que a veces pienso que podré aguantar. Mas toda esta experiencia es desconocida, la he vivido siendo la hermana de la parturienta, la cuñada... y ahora soy yo la que va a estar ingresada en el hospital. Usando el simil futbolero, he visto las cosas desde el banquillo y ahora estoy de titular en la final de la champions.
¿Buscar ayuda fuera? Lo primero que te dicen es que no te pongas nerviosa, jejeje, basta que te lo digan para que entren los nervios. Ayer intenté rezar un poco y no me salía nada. Pensaba que antes de que pase todo tendría un poco de tiempo para pasar por la capilla del hospital y ponerlo todo en el altar, en manos de Dios. Estos días intento hacer silencio interior, porque no sé qué decir, para ordenar las ideas. También creo que me puede venir bien escribir, plasmar lo de dentro en el papel o en la pantalla del ordenador. Así, hago un poco de orden y puedo verlo desde fuera. Aún así, una ayudita externa no viene nada mal y seguro que alguien rezará por nosotros tres. Porque, aunque no diga nada, seguro que mi marido también tendrá lo suyo.
Sí, sé que tengo que mantener una actitud positiva, mentalizarme de que va a ser duro; pero que no va a durar eternamente, que cada hora que pase, será una hora menos para que se acabe y que cuando vea a mi pequeño, él también habrá pasado una dura experiencia. En mi cabeza estoy buscando momentos en que lo pasara mal, realmente mal... y no encuentro ninguno. Pienso en los preparativos, cosas que tengo que llevarme al hospital, que si cargar el walkman para que no se quede sin pilas, que si algún libro para las horas de espera, hacer autocontrol para no decir algo de lo que luego pueda arrepentirme. Sé que mi marido no me va a tener en cuenta lo que le diga, si es que le digo algo; pero él ya tendrá lo suyo como para que yo me desahogue o suelte la mala leche. Y es que es así, el dolor me produce que me enfade.
Hay un par de momentosque centran mis preocupaciones: la epidural y la expulsión. La epidural porque hay que quedarse muy quieta, y sé que conlo mal que llevo el tema de las agujas, va a ser difícil.Es mi propio beneficio porque si no me quedoquieta, durará mas y será peor. La expulsiónpreocupa por la parte que me toca de empujar olvidando el dolor, estar fuerte para hacerlo bien y soportar con entereza todaslas perrerías que van ahacer, que serán unas cuantas.Las contracciones, sólo puedo poner en juego lo que he aprendido con la respiración, así que en eso no me preocupa demasiado, porque si lo hago mal, siempre tendré la siguiente contracción para hacerlo mejor. Tal como he pasado el embarazo, el parto es una incognita que puede darse bien o seguir la línea y ser duro, difícil.Todo ello esperando que no haya complicaciones deúltima hora, queel peque esté bien y que no haya ningun tipo de problemas. Porque, a pesar de la imagen que está dando el texto, estoy convencida de que puedo con lo que va a pasar y con más. Tengo miedo; pero me crezco ante las dificultades. Por ahora, siempre he salido bien de las pruebas de la vida.
Por todo ello, entenderéis que si no escribo, o lo hago poco, va a ser normal. Este fin de semana, estos dias que quedan para el final, intentaré estar con mi marido, tranquilos y relajar un poco los nervios. No voy a llevarme el portátil al hospital y luego estará la recuperación. Prometo retomar el blog en cuanto me vea con fuerzas y mis quehaceres como madre me lo permitan.
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Ánimo campeona, seguro que lo harás genial. Piensa que estás a punto de vivir la experiencia más bonita que existe.
Besos