Al escribir un comentario en uno de los blogs que frecuento me he acordado de una historia de mi antiguo grupo de amigos. Es la historia de lo que yo llamo, el principio del aburrimiento, la rutina en su estado puro. Me explico: los viernes teníamos reunión de grupo a las 9.00 en el salón parroquial. Allí estábamos hablando de cualquier tema hasta las tantas. Si salíamos pronto nos íbamos a una pizzería a cenar y seguíamos hablando de la semana. Los sábados, a las 16.00 quedábamos para preparar la catequesis, después a las 18.00 teníamos el ensayo de coro y terminábamos o yendo a una casa a ver una película o un partido de fútbol, o yendo al cine (la opción de la casa siempre era la mas votada). El domingo quedábamos de nuevo a las 12.00 para ensayar, íbamos a misa a la 13.00 y por la tarde, nos reuníamos en una cafetería para tomar algo. Cada fin de semana era igual. De hecho, empezábamos a saber el día en que vivíamos gracias al lugar en el que estábamos. No éramos un grupo cerrado, pero ahora, visto con el tiempo, no me extraña que no fuéramos mas numerosos. En verano, eso sí, contábamos con el aliciente de tener la mayoría casa con piscina por lo que una vez a la semana había barbacoa asegurada.

¿Qué ocurrió? Que como casi todos los grupos empezaron a hacerse parejitas, a hacerse sub-grupos y al final se deshizo el grupo y la amistad. Empezaron las peleas y las ideas novedosas que no atraían a todos. Cada uno tiró por su lado y a veces pienso en qué estarán haciendo aquellos que durante un tiempo consideré amigos, buenos amigos. La vida nos cambió y no echo de menos aquellos años, aunque creo que si hubiéramos cuidado un poco mas lo que hacíamos juntos, quizá ahora tendría amigos de juventud, no recuerdos de juventud. La rutina entró en nuestra amistad y se fue a pique. Nos cansamos de lo que hacíamos, dejamos de ver el sentido. Una de las cosas, de las muchas cosas, que fallaba es que no había novedad en nuestra vida. Hablábamos mucho pero actuábamos poco. Había poco nivel adquisitivo, casi todos estudiantes; pero tampoco había planes donde elegir. Íbamos siempre a las mismas casas, nos alimentábamosen los mismos bares, bocaterías.Nos poníamos de acuerdo por pura comodidad. Se perdió la chispa yla verdad es que era normal. Para organizar algo parecía condición indispensable que fuéramos todos y eso era un gran error. ¿Pueden tener mas de diez personas con distintas edades los mismos gustos? No. A los que les gustaba bailar, no les gustaba la bolera. Los que querían jugar a los bolos no soportaban elbaile. Así que al final, siempre había alguno que no disfrutaba.

¿Por qué dejamos que la rutina entre ennuestras vidas? Por no cuidar los detalles. Puede pasar hasta con algo tan sencillo como este blog. Cuando dejade ser un reto para ser una obligación, cuando deja de ser divertidoy un lugar donde expresar ideas para convertirse en una sucesión de textos más o menos largos, entonces escribir es rutinario y cansa, y se abandona. Siempre hay algo nuevo que contar, hasta en los dias mas tranquilos. Por ejemplo, mis dias ahora que estoy de baja se traducen a una palabra: esperar. Espero por las tardes a mi marido, espero alguna novedad en mi embarazo, espero poder dormir esta noche, espero que llegue la hora de comer, un nuevo e-mail, la hora de ver el programa de TV que quiero ver, o a que mueva el contrincante con el que me enfrento en el Reversi. Espero y así cada uno de mis dias consiste en saber esperar sin dejar que la impaciencia me lleve a la tristeza y ésta me aproxime a la depresión.

Depende de cada uno de nosotros que nuestros días no sean rutinarios. No hace falta nada especial, porque somos nosotros los que hacemos que sean especiales. Alejar de nosotros la rutina, organizar cosas nuevas. ¿Por qué hacer siempre lo mismo? ¿Por qué relacionarnos siempre igual con el mundo que nos rodea? ¿Por qué dejarnos llevar? Pienso por ejemplo en las veces que me he montado en el coche y mi marido me ha preguntado ¿A dónde vamos? y le he dicho donde tú quieras. Cierto que no siempre puedes tener ideas; pero siempre hay algo que nos apetece más y la otra persona no tiene que saber siempre lo que queremos. Si lo supiera, seríamos previsibles, aburridos. Un sistema eficaz para romper con la rutina es, a mi parecer, hablar. Tanto si es en pareja como si es un grupo de amigos, hablar de la relación hace que veamos la realidad y que la rutina no queme lo que nos importa. Se puede hacer lo mismo; pero manteniendo la frescura del momento. Creo que si en el antiguo grupo alguno hubiese hablado o dicho que estábamos asentados en la rutina, es posible que las cosas hubiesen cambiado. Quizá nadie lo vio o llegó un momento en que esa relación ya no nos importaba, no luchamos por seguir con esa amistad. Demostramos que éramos seres humanos y nos aburrimos de lo que teníamos, porque no lo valoramos como importante, como valioso para nuestra vida.

Lo que no tengo muy claro es que podamos salir de la rutina, una vez que te has afianzado en la comodidad. Hace falta darse cuenta, plantearse las cosas y querer cambiar lo que no te gusta. Hace falta tener los ojos abiertos y estar pendiente para que no entre en tu vida el aburrimiento. Pero, si ha entrado, si te aburre tu relación de pareja, quizá tengas que pelear con la comodidad, introducir nuevamente novedades como cuando empezaste a conocer a la otra persona y, no tener miedo a pedir ayuda externa si es necesario.