Podría ponerme a decir cosas y mas cosas de la libertad, hacer casi un tratado o un ensayo filosófico de su necesidad para el ser humano. Tenemos la tentación de pensar en la libertad como la posibilidad de hacer lo que queramos. O que libertad es no tener responsabilidades, no tener que dar explicaciones, que bajo su bandera podemos hacerlo todo, todo está permitido para conseguirla, sin importar el precio o a quien hay que pisar. Si eso fuera libertad, creo que nadie sería libre. La libertad no está reñida con el compromiso, al contrario, se llevan bastante bien. Parece una contradicción pero es verdad. Cuando una persona contrae matrimonio le preguntan si lo hacen libremente y en el caso de que no sea libre, se declara nulo. Hay una frase de una canción de Sabina que dice:

Por las autopistas de la libertad nadie se atreve a conducir sin cadenas.

De eso es lo que quiero hablar hoy, en un dia en que vuelvo a ponerme delante del teclado con muchas ideas; pero pocas claras. Veremos por donde sale el artículo de hoy.

¿Eres libre?

Si alguien te hace esa pregunta, seguramente dirías que sí, que vivimos en un país libre, que puedes elegir y que, hombre, no todo lo que te gustaría ser pero un poco sí. Por lo menos si eres un adulto emancipado, porque si se lo preguntamos a jóvenes que viven con sus padres, dirían algo parecido que todo lo libre que mis padres me dejan ser. Ser libre no es hacer algo parecido a la foto que ilustra este texto. Salir de la jaula y volar. ¿Por qué? Porque para volar tienes que seguir reglas, leyes físicas. Sí, vivimos en un país libre en el que de común acuerdo se han acordado reglas de convivencia, porque mi libertad empieza donde acaba la tuya. Y hacer lo que quiera no es libertad sino corrupción de libertad, libertinaje o en algunos casos vandalismo. Yo soy libre para coger mi coche y conducir; pero eso no implica que no tenga reglas que cumplir, las de circulación. No puedo ir por donde me da la gana, porque pondría en peligro mi vida y la de los que se crucen conmigo. Soy libre para tener unos gustos determinados, siempre que pueda elegir, claro. En la actualidad, puedo elegir en cosas pequeñas como el gusto del helado que quiero comerme o en cosas trascendentales como por ejemplo a quien voy a dar mi voto en las próximas elecciones. Nadie puede obligarme a comer por ejemplo helado de ron y pasas si no me gusta.

Para ser libre, primero no hay que tener miedo. No creo que haya gente que pueda serlo cuando está atemorizada o no la dejan pensar como quiere. ¿Es libre un hincha del Barça por ejemplo en medio del Santiago Bernabeu? Pues seguramente si está rodeado de madridistas se controlará en demostrar su alegría tras un gol de su equipo. Parece una tontería; pero si lo llevamos a la política, en ciertas comunidades autónomas, los ciudadanos no son libres. Puede que haya caciques que los obliguen a votar algo que no quieren, o que la situación sea tan crispante que por ejemplo no se atrevan a votar en conciencia, o a algo tan normal como llevar un jersey con una bandera de España. Supuestamente vivimos en democracia; pero hay lugares donde hay miedo y con miedo, no puede haber libertad.

Para ser libre, hay que aceptar a los demás y ser aceptado al mismo tiempo. O lo que es lo mismo, reconocer que hay derechos y deberes. Tenemos compromisos y debemos responsabilizarnos de los mismos. Soy libre para decidir si soy madre o no; pero una vez que lo soy debo aceptar esa responsabilidad, que es mia y de nadie mas. Mi pequeño no ha decidido venir a este mundo, hemos sido sus padres quienes le hemos traído, por lo que somos responsables de su cuidado y de su educación. Pueden echarnos una mano en la familia o en la escuela; pero los responsables de su vida somos nosotros. Es nuestra primera responsabilidad, por encima de las sociales y del trabajo. Si no podemos asistir a una reunión social por el peque, no se va y no dejamos de ser libres por ello. Apostamos por una opción libremente y somos consecuentes con esa decisión. No entra en mi cabeza, por ejemplo, dejar a mi pequeño en el coche metido, solo, mientras nosotros estamos de comida o de cena con los amigos.

Para ser libre, hay que conocer la verdad. La verdad os hará libres leemos en Juan 8, 32. Y es que, si no conocemos la verdad, no podemos ser libres, viviríamos engañados en la mentira. Podemos hablar de la VERDAD con mayúsculas o bien de las verdades diarias de la vida. Si la primera nos lleva toda la vida, las segundas son las que nos capacitan para elegir. ¿Qué es la verdad? Aparte de una de las tres caras de toda situación (mi versión, tu versión y la verdad) es tener toda la información y que nos ayuda a elegir. Vivir en una mentira nos engaña y nos corta la capacidad de decisión. Por ejemplo si yo creo que mi marido me engaña, aunque no sea verdad, actuaré siempre bajo la sombra del engaño y no podré ser libre. O si sé algo y lo oculto, mi relación de pareja se verá afectada, porque no respeto al otro y le hago vivir en una mentira. La verdad puede ser dolorosa; pero es mejor que vivir engañado.

Libertad implica opciones de pensamiento distinto al mio. No soy libre si no puedo buscar mi opción de filosofía. Cierto es que me pueden aconsejar sobre libros; pero, para ser libre, tengo que tener la oportunidad de leer cosas afines y cosas que no lo son, para crearme una opinión propia, tener criterios. Tengo que tener la oportunidad de leer a Nietzsche, a Marx sin que "me excomulguen" por ello. Puedo estar de acuerdo con lo que leo o no; pero ser libre es sacar mis propias conclusiones sobre ello. Porque no hay nada peor que prohibir el conocimiento. Por eso la enseñanza tiene que ser de calidad, dándonos la oportunidad de crecer intelectualmente, teniendo en cuenta que podemos caer en crisis. Las crisis son oportunidades de cambio, se asegurar las cosas ciertas y deshacernos de lo que no nos convence.

Ser libre, para mí, es ser capaz de ser quien puedo llegar a ser. Suena a muy filosófico, hasta podría decir pedante. Intentaré explicarme: soy libre en la medida en que me realizo como persona, cuando alcanzo lo mejor para mi, sin pisar por ello a los demás, si lucho por mis sueños y busco la felicidad en medio de los asuntos cotidianos. Mientras tenga la opción de conseguirlo, soy libre, siendo responsable con mis decisiones y mis actos. Soy libre si puedo pensar y expresarme, de andar por mi camino aun con trabas; pero mirando más allá de las estrellas. Sabiendo dónde estoy en cada momento y lo que es lo mejor para mi. La libertad sobre todo viene de dentro, de mi voluntad y nadie puede quitármela, aunque exteriormente yo esté en una dictadura. No hay que resignarse, sino saber ver que la libertad empieza en mi interior, en mis capacidades y que puedo ser flexible, amoldarme a lo externo y no dejar de ser libre. Si tu eres libre por dentro, aunque te metan en una jaula, lo seguirás siendo.