Después de leer la noticia de que se ha editado un manual de rituales laicos he pensado bastante en la diferencia entre tener fe o religiosidad. Para mí no son lo mismo. Lo primero son creencias y lo segundo son actos. Cosas bastante distintas. Las creencias afectan a la vida, mientras que los actos se pueden hacer por tradición, vaciándolos de sentido. Y creo que el manual laico va mas por temas de religiosidad que por tener fe. Y es que las ceremonias eclesiales suelen ser mas vistosas que las civiles. A la gente le hace ilusión casarse en una iglesia bonita mucho mas que en un frio despacho de un juez o de un ayuntamiento. El resto del año puedes estar sin pisar una iglesia, pero es mas lucido casarse por la iglesia por no hablar de la ilusión que le hace a las madres y a las abuelas. Con lo que más que un matrimonio se hace un paripé. Se intentan unificar los ritos de iniciación en la sociedad con los sacramentos, a los que se les vacía de contenido, dando más importancia al traje y a los regalos que al propio hecho en sí. La religiosidad hace que se convierta en una especie de desfile a las procesiones, donde casi se cae en la idolatría por una imagen o por una hermandad, haciéndose un grupo cerrado. Es lo que hace que te acuerdes de Santa Bárbara cuando truena. No es algo importante en tu vida, no la cambia, sólo son actos que haces como ir a la escuela o conducir, lo haces porque tu familia lo hace, es lo que toca. Así se puede mezclar perfectamente el ir a misa los domingos y leer, incluso creer, en los horóscopos. O llevar el rosario colgado del cuello, junto con la estrella de David, porque se vacía de contenido a los símbolos. Y si un cantante o alguien famoso lo pone de moda, ya para qué decir más. Una vez que se vacía de contenido a los ritos, todo está permitido. No se sabe lo que se hace, sino que se hace por costumbre, como el levantarse o sentarse en misa ¿cuántos católicos saben los motivos por los cuales se levantan y o se sientan?.

Tener fe es algo más serio. Compromete a la persona en su totalidad. Pide coherencia y las cosas no se hacen porque toca o por el qué dirán. Se hacen por convencimiento personal. No es lo que tengo que hacer sino que es lo quiero hacer, libre y voluntariamente. No me pongo en plan papagayo, sino que intento ser consciente, saber lo que implica lo que hago. Y eso es duro, porque ser coherente con lo que crees se enfrenta a la mentalidad de la sociedad actual, en la que todo está permitido, incluso bien visto. Es duro ser coherente; pero también es algo bueno para la persona. La fe es un don, una bendición para aquellas personas que la aceptan como regalo. Puedes tener crisis, en las cuales tiendes a alejarte de la institución; pero nunca de lo que crees. Está grabado a fuego, dentro del corazón. Es algo muy difícil de explicar, hay que vivirlo para entenderlo. Tener fe implica querer conocer en lo que crees, el por qué de cada cosa. Haces cursos para vivir mejor lo que crees y no puedes callarte, empiezas a relacionarte con Dios como con un amigo, sabiendo que él nunca te falla, que te entiende mejor que tú mismo. No es un ídolo de madera o una estatua, es alguien que está vivo, a tu lado.

Me pregunto si lo que ocurre con tener fe o religiosidad ocurre con otras cosas en la vida. Creo que debe ir de la mano a vivir con sentido y con intensidad. Depende de la persona. Por eso me hace gracia lo del ritual laico o civil. Es intentar poner una base artificial, intentar sustituir unas tradiciones por otras. Porque el hombre, como ser social, necesita tradiciones, raices. Si no se tiene, se van creando poco a poco. Por no hablar de la antigua costumbre de tomar prestado ciertas tradiciones o convertirlas a la creencia oficial, institucional. Parece que en este estado que se declara laico, es necesario tener religiosidad estatal, crearse nuevos dioses, nuevos ministros de culto, para convertirse en nueva cultura. Difícil tener fe en esta nueva forma de hacer las cosas. Y digo nueva, por decir algo, porque la idea de acabar con los dioses y poner al hombre es bastante más antiguo de lo que algunos creen, por lo menos creo que podríamos remontarnos al poema de Gilgamesh. Aunque claro, para eso hay que salirse del temario y de la educación sesgada, estar abiertos a lo que nos puede aportar conocer filosofía e historia y estar dispuestos a pensar, con todo lo que eso conlleva.

El problema es que el ser humano nunca olvida sus creencias, por mucho que se quieran imponer otras. Y no tengo muy claro que el nuevo ritual vaya a sustituir al ritual católico o a cualquier otro ritual de cualquier otra religión. Olvidar la historia, renegar de ella es algo que lleva a un abismo, a un caos. Porque lo que somos se asienta en la historia de un país, en su conjunto, que todos juntos, aunque se escribe separado, nos lleva a un futuro mucho mas interesante que ir separados. Si cada uno rema hacia su lado, lo único que pasa es que se romperá la barca. Y siempre se pueden buscar soluciones, si se quiere, claro.