Hoy estoy pensando en el sentido que cada uno le da a su propia vida. La mayoría de nosotros tiene cinco sentidos (gusto, oído, tacto, vista y olfato) y luego se nos habla del sentido común, que para mí es es menos común de todos, una paradoja llamarlo así, una gracia del lenguaje. Sí, también se habla del sexto sentido, la intuición, sea la femenina o no. Pero la cuestión de hoy es si la vida tiene sentido o no, si le damos un sentido o se la dan otros. ¿Qué es eso de darle sentido a la vida? Entiendo que es no dejar que los dias pasen por pasar, como caen las hojas de los árboles en otoño. Es que tenga cierta coherencia con los propios valores y principios, poner todo tu esfuerzo en lo que crees que es lo mejor y defenderlo. Para mi, esa es la explicación por la cual personas que son normales lo dejan todo y se empeñan en realizar un ideal. Un ejemplo para mi es el Abate Pierre, que es nuestra fotografía de hoy. ¿Significa eso que para que mi vida tenga sentido tengo que creer en Dios? No, no es lo que quiero decir. Estoy convencida de que hay personas que no creen y que viven su vida con mucho sentido, aunque de manera distinta a como la vive un creyente. Y ser creyente no significa tampoco vivir la vida con sentido, que conozco a mas de uno que su vida es un sin sentido total.
Vivir la vida con sentido, darle un sentido a tu vida es algo que cuesta, hay que hacerlo dia a dia, hora a hora. Es luchar, y si caes, volver a levantarte. Para que no parezca que me voy por las ramas pondré un ejemplo: una madre de familia. Sí, mucha gente no las valora porque no tienen un sueldo, porque parece que se quedan con la opción fácil de quedarse en casa y que sea otro quien lleve dinero. Pero las jornadas de una madre de familia, de una ama de casa son de 24 horas, es no estar a la vista de los demás, hacer las cosas de la casa para que todo esté en el momento oportuno, estar para todos los de la casa, cuidarles, desgastarse por amor, sin reconocimiento, esa es la verdad. Yo no podría decir que es una vida menos importante que la de un ejecutivo por el mero hecho de que no tiene salario y de fácil no creo que tenga nada. Es una apuesta fuerte y que le da sentido a una vida de anonimato. Son personas muy válidas que han elegido lo que creen que es lo mejor y que merecen todo el respeto.
Es muy diferente vivir la vida con sentido a no tener ningun sentido. Depende de uno mismo el sentido que le quiera dar. Principalmente creo que el amor es lo que verdaderamente da sentido a nuestra vida. Hacer todo por amor, no de ese ñoño, de algodón de azucar. No, el amor que quema por dentro, que hace que sea imposible quedarse en el sitio, que hace que te esfuerces en aquello que quieres conseguir, que hace que nos enfrentemos a todos los retos. El amor que saca lo mejor de nosotros y que nos guía en nuestro camino. Es lo que ennoblece la vida, lo que hace que, aunque parezca que la pierdes, te ganes el derecho a vivir, a emocionar a los demás, a importarles a los demás. El amor, repito, el de verdad, no el egoísta que se queda en las apetencias o en los gustos. Lo que estoy diciendo no significa que se pueda vivir sólo en pareja. Hay gente que lo siente hacia sus semejantes, no sólo hacia sus familias, sino hacia todo el mundo. Me vienen a la cabeza nombres de personas que han dejado poso; pero seguro que a lo largo y ancho de este mundo hay muchos, muchos, pero que muchos más que son auténticos desconocidos. Una madre de familia, un padre de familia, un voluntario de una ONG, una persona que ayuda, que se compromete en un proyecto y que está ahí, hasta el final, dando la cara por lo que cree.
Me viene a la mente una persona que conocí hace bastante tiempo, en un viaje a Toledo. No digo nombres, porque no hace falta. Yo no sabía quién era, empezamos a hablar de sueños, de lo que estudiaba. En aquella época yo quería ser corresponsal de guerra. Le estuve explicando que mi idea, a lo mejor ingenua, era cubrir las noticias para que la gente viera de verdad lo que ocurría y a lo que nos llevaba el odio. Intentar sacar de esos momentos duros algo de esperanza, porque, quizá mostrando esas imágenes, contando esas noticias, la gente reaccionaría e intentaría evitarlo. Esa persona me escuchó y por primera vez encontré a alguien que no intentó quitarme la idea de la cabeza. Después de ese viaje, y de ese cursillo de verano, si no recuerdo mal no nos encontramos hasta un viaje a París, en el que volvimos a hablar. Estábamos camino de Lisieux, y le pregunté porque él era seminarista, si sabía si había carmelitas "calzadas", pues había oído hablar de las descalzas pero entendía que debía haber "calzadas". Pensé que se reiría de mí. No lo hizo. Empezamos a hablar, y le abrí el corazón, le conté mis inquietudes y cosas que no me atrevía contar a nadie. Después de París, nos mantuvimos en contacto por correspondencia, nos veíamos de vez en cuando y finalmente, le mandaron a mi parroquia. No siempre hemos estado de acuerdo, nuestros caminos se separaron a pesar de la cercanía; pero es una de esas personas que sé que si la necesito estará. Para mi es modelo de vida con sentido, de la que no sabrá nadie, de los que se entregan a fondo y defienden lo que creen, aunque estén equivocados.
¿Por qué he escrito todo lo anterior? Porque si tú no le das sentido a tu vida, nadie lo hará por ti. Y vivir por el mero hecho de vivir, buscando constantemente sin saber qué buscar es un absurdo. Si tienes un vacío dentro es que hay algo que puede llenarlo, porque no creo que estemos mal hechos. Y no hay que depender del juicio de los demás, sino saber escuchar dentro de ti y andar después. ¿Qué saben los demás de lo que yo llevo dentro? Saben lo que yo quiero decirles y lo que mis actos les pueden decir; pero quien mejor puede conocerse es uno mismo. No importa por donde te lleve el camino, eso es lo de menos. Lo que importa es que tu vida deje huella, por lo menos en tí mismo. Las cosas cambian mucho cuando estamos convencidos de lo que hacemos a cuando estamos guardando las apariencias. Yo sé ahora que hubo cosas en mi pasado que se pudieron hacer de mejor forma; pero sé que sin todo lo ocurrido, no sería quien soy, no valoraría lo que hay en mi vida. Mi pequeño es un fruto del sentido de mi vida. No me defino ahora porque soy madre. Tampoco me defino por estar casada o por ser hija de quien soy. Ni me definen las obras o los actos, donde trabajo o lo que he estudiado. Todo eso son herramientas, adjetivos; pero no es lo que yo soy. No, lo que me define, lo que da sentido a mi vida es que yo soy quien intento cada dia ser. No estoy terminada, sino que cada día voy haciendo poco a poco la persona que soy, como si de un cuadro o una escultura se tratase. No me define el exterior, el peinado, la ropa, o mi talla, me define lo de dentro, lo que sé y lo que siento. Es a mi misma a la que tengo que gustarle, a quien rindo cuentas. Lo que da sentido a mi vida es ser yo y reconocerme. Conocerme hace que pueda amarme y que pueda dar amor, que pueda tener paz en medio de las luchas cotidianas, ser feliz en medio las tristezas y que pueda ver las cosas desde la distancia justa para aprender siempre.
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