Ayer, haciendo un acto de ciudadanía responsable, estuve viendo la comparecencia en el Congreso de los diputados del presidente del Gobierno. Y la verdad, el espectáculo era para cambiar de canal y olvidarse de la clase política. Escuchar lo que decía cada portavoz sólo provocaba una pregunta: ¿en qué mundo vive esta gente?. Por mi parte no se puede hablar de que no ha habido violencia en este tiempo de "tregua" porque se han quemado autobuses, cajeros, violencia callejera, se han mandado cartas de extorsión a los empresarios, se han robado armas... para mi eso es violencia, por lo que no se podía pensar en su ausencia. El atentado sólo recordó al país que una cosa es el lenguaje de los demócratas y otro es el lenguaje de los terroristas. Los ciudadanos quieren la paz, pero no a cualquier precio. Y la paz no es un artículo de teletienda, de los que te regalan otro si llamas antes de media hora. La paz no puede implicar que ganen los de las pistolas, que consigan lo que quieren. La situación es curiosa, quieren mantener el poder pase lo que pase, pactar con todo el mundo y salirse con su voluntad, sin tenerla clara, por otra parte. Agujeros y agujeros en política , cada vez mas lejos de la sociedad, que la gente no es tan tonta como se cree, o por lo menos es lo que me gusta pensar. No creo en esa frase de que cada pueblo tiene el gobierno que se merece. No creo que el pueblo español merezca una clase política así, ni un gobierno que no sabe por dónde tirar, que desune hablando de unidad y que no se dá cuenta de que el enemigo no está en otro partido sino en una banda terrorista.
No se puede solucionar una problemática de 30 años en seis meses. Es de un idealismo optimista que casi raya la ingenuidad. Se ha perdido el equilibrio en política, estamos en un petate gratuito que no lleva a ninguna parte y que no tiene solución. Y la sociedad, se declarará en las urnas, con cabeza o con corazón. Tendremos que leernos los programas electorales, y ver qué es lo que dice cada uno. Algo que no se ha cumplido de la anterior campaña, todo sea dicho. Y esperar que los políticos piensen en los ciudadanos y se arriesguen a servirles, que para eso les pagamos el sueldo, no para dialécticas lingüísticas, ambigüedades y demás cosas en las que pierden el tiempo para no perder la butaca azul.
¿Y la ciudadanía qué hace? Pues la verdad, sigue preocupada por la subida en la luz, el aumento de los precios, la subida de Renfe, encantada con los nuevos kilómetros de metro en Madrid, pendientes del tiempo y de si nieva o no. Porque, tengámoslo claro, en la calle quedan muy lejos los ecos del parlamento. Nos preocupa mas la presencia de Ñetas y Latin kings en las calles que las ideas de tal o cual partido. Nos preocupa lo que pasa en nuestra calle, si podremos aparcar cerca de casa o tendremos que andar con las bolsas del mercado. Si nos preocupara la política nacional, no ganaríamos para sustos ni para medicinas. Seguramente es mas interesante ver a los simpsons o la última repetición de Oliver y Benji. Los telediarios se ven por el fútbol, o por la operación Malaya, porque la política no es interesante.
Me pregunto cuánta gente vio el debate de ayer. Y sobre todo, cuánta salió con la sensación de pérdida de tiempo o que lo veía porque era lo único en la tele que no ponía anuncios. Yo quise verlo porque, estando de baja, hay tiempo para esas cosas. Quería ver hacia dónde nos llevaban nuestros dirigentes, qué iba a pasar en el futuro. Mi conclusión es que están tomando un camino que no lleva a ninguna parte. Y que al final, acabaran jugando al mus en el mismo asilo. O viendo el osito Misha. Con lo único con lo que estoy de acuerdo del espectáculo de ayer es que hace falta unidad. Y no tengo tan claro que exista esa unidad con tantas realidades nacionales, cuando cada uno intenta arrimar el ascua a su sardina, tirando hacia la autonomía propia sin mirar más allá. Nuestro país ha conseguido grandes cosas estando juntos, veremos lo que conseguimos tirando cada uno por su lado. Desde luego, espero que no escuchemos, no hagamos caso a los titiriteros de TV, aprendices de periodistas, que nos divierten cual payasos de circo a media tarde. Lo espero porque confío en la soberanía nacional y creo que la gente es inteligente, que no se traga de verdad el circo de dimes y diretes de personas de muy dudosa profesión, de famosillos de tres al cuarto que pretenden influenciar en la Opinión Pública.
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