Llegaron las rebajas y no precisamente caidas del cielo, aunque algun anuncio nos muestre lo contrario. Llegan a una economía familiar mermada por los gastos navideños, pero tan embaucada en el sistema consumista que, para seguir gastando, se bajan los precios y se anima a comprar. El ciclo consumista se inicia en Enero, se mantienen las rebajas 2 meses, después ofertas especiales hasta Semana Santa, periodo en el que también se gasta mas, como en todas buenas vacaciones. Luego está Mayo y el inicio del veranito, finalmente la vuelta al cole y empezamos con las navidades en Noviembre. Todo un sistema estupendo para ganar dinero y gastarlo. Y si hay problemas para conseguir dinero, aparece los créditos fáciles, que te dan dinero a un altísimo interés (eso no lo dicen mas que en la letra pequeña) o te unifican los créditos en uno, haciendo una nueva hipoteca, de mas tiempo y con mas intereses. Toda nuestra vida gira entorno al dinero, al nivel adquisitivo. Y los valores que empleamos son monetarios, nos dejamos llevar mas por los ceros que tiene la cuenta corriente que por la valía personal. Las personas valen por sí mismas, no por lo que tienen o puedes conseguir de ellas. Como dice la canción de Rosana, hay pobres con dinero y ricos que duermen en el suelo.

En la vida real no hay rebajas. Las cosas que de verdad merecen la pena no se consiguen a precio de saldo. Cierto es que, aunque hay muchas laderas, muchos caminos para llegar a la cima de una montaña, la cima sólo es una. Si buscamos atajos, nos podemos perder o peor, no llegar nunca. Quedarnos en lo fácil, en lo que consigue el dinero, en el placer rápido. Es una opción, pero no llenará la vida, seguramente hasta puede que la acorte. Si quieres ser feliz, no puedes esperar rebajas. Bueno, sí, en algunas cosas inmediatas se puede. Si tu felicidad está en tener cosas, prepara la cuenta corriente. Así llegarás a tener una casa enorme, un cochazo y otras cosas valiosas. Y, siento decirlo, no serás feliz porque siempre estará por delante de ti una persona mas rica que tú, salvo que seas el nuevo Bill Gates, claro. Y no deja de ser curioso que las personas que tienen tanto dinero, terminen interesándose de verdad por proyectos humanitarios. ¿Quizá porque el dinero no da la felicidad? ¿Quizá porque con la cuenta corriente a tope se encuentran vacíos de lo que es de verdad importante?. Hay casos que sabe el gran público, como el de Bill Gates o Angelina Jolie o Ricky Martin, y luego hay casos anónimos, que nadie sabe que lo hacen, salvo los interesados. Hay muchos héroes anónimos, que nadie sabrá de su existencia; pero que son el verdadero pilar de Humanidad. Gente que entrega todo lo que tiene y se da a los demás, sin rebajas. No hace falta salir del país para verlo, personas que lo dan todo por los demás, que se ocultan a los ojos de la sociedad y sacan adelante sus ideas, desde dar de comer a sus hijos a no ser indiferente a las necesidades de los que viven a su alrededor.

Si en la felicidad no hay rebajas, en el amor tampoco. Te venderán la mala versión del Carpe Diem, que todo vale, que mientras esperas a que llegue el amor de tu vida tienes que probarlo todo y que es mejor el desenfreno, el liarte con el/la primero/a que pase, aunque no sepas su nombre. Quien sabe, a lo mejor es el amor de tu vida y por no probar no lo sabes. Es una rebaja, que no lleva a ninguna parte, te da placer sí, pero poco mas. Y el amor, que nadie te engañe, es otra cosa que placer y pasarlo bien un rato. El amor es tener un proyecto de vida en comun, es entregarse sin reservas, buscar la felicidad del otro por encima de la propia, es que la otra persona te conozca, fallos y virtudes, caminar juntos por la vida, compartir responsabilidades. Es mucho mas que un par de besos y pasar un buen rato. Y es mas, tanto que cada uno tiene que averiguarlo por sí mismo, porque no hay dos iguales. Se tarda en construir como una catedral medieval. Y no hay rebajas, el esfuerzo valdrá la pena en la medida en que te entregues. Hay sacrificios, es una gran apuesta. Y una vez que apuestas, hay que darlo todo, sin pensar en las otras opciones. Mi vida se compone de muchas decisiones, de muchos cruces de camino, que me han llevado a lo que soy. Ya no vale la pena pensar en lo que hubiera pasado si hubiera ido a tal sitio, hubiera seguido tal consejo o hubiera hecho otra cosa. ¿Qué habría pasado si no hubiera conocido a mi marido?. Que mi vida sería distinta, ni mejor ni peor. Habría vivido otras experiencias y me habría perdido momentos que he vivido con él. No sé si ahora estaría embarazada, lo que sé es que éste hijo no sería el que llevaría en mi vientre.

¿Puedo cambiar las cosas?, ¿puedo vivir otra vida? Creo que no me interesa pensar en otra vida, es mejor vivir la que tengo ahora. Y lo que tengo ahora está condicionada por las decisiones que tomé en el pasado. Y en eso, tampoco hay rebajas. Una vez que te decides, pones toda la carne en el asador. No mires atrás, porque la decisión no es ni buena ni mala. Es una opción, la que has tomado, pensaste que era la mejor y por tanto no hay que darle mas vueltas. Si te has equivocado, ya llegarás por otro camino, sin que tú sepas que te has equivocado. Además ¿Quién te dice a ti que de verdad te has equivocado? Quiza el camino correcto para llegar a donde quieres tiene que pasar por ahí, aunque parezca una equivocación. Te lo puede decir mirar a trás con el tiempo; pero es experiencia, una lección que quizá te valga para el futuro.

Cada uno tiene su camino, se va forjando, va saliendo a cada paso. Hay cosas que vienen predeterminadas. Por ejemplo, cambia la vida si naces en España a si lo haces en China. Es algo que te viene dado, que son circunstancias ajenas a ti. ¿Es mejor o peor? No lo sé, depende de cada uno. A los ojos de un occidental puede ser peor y lo mismo ocurre a los ojos de un oriental. La cultura te marca y en todas hay cosas muy válidas. En religión, por ejemplo, pasa lo mismo. Mucha gente cree, o dice creer, porque es lo que ha vivido siempre, es tradición, lo que toca. Hacen cosas sin saber por qué las hacen. No se lo plantean. Y si son felices, por mi estupendo. Sigan la creencia que sigan. Para mi, hacer eso, sería como una rebaja. Si hago algo, quiero ser consciente, saber por qué o para qué lo hago. Si creo en Dios, que todo lo hace bien, y Dios me ha dado un cerebro, una inteligencia para pensar ¿No sería algo erroneo no usarlo? Sí, hay gente mas sabia que yo; pero no por ello voy a quitarme la cabeza de los hombros y entregársela para que ellos decidan por mi. ¿Cómo voy a madurar en mi fe si hago eso? ¿Cómo voy a ser responsable? Está bien tener consejeros; pero si es mi vida la que está en juego, es mi felicidad, no hay rebaja posible, puedo escuchar consejos; pero los pasos los ando yo. Y no está demás asegurarse de las cosas ciertas, o que se dan por ciertas. Puedo entregar mi voluntad; pero por decisión mía, no porque sea algo establecido. Puedo conocer otras técnicas, de otras culturas y llevarlas a mi propia vivencia. No sería tanto un collage de ritos como ver cosas que nos unen. No se puede amar lo que no se conoce, ni conocer lo que no se ama. Si cada persona es única, enriquece mas, si comparte con los demás lo que tiene. Sin imponer, sino proponiendo otras cosas. Hay cosas que por uno mismo no se aprenderían; pero si aprovechamos la experiencia de los demás, todo cambia. Igual ocurre con las creencias. No se trata de poner en duda todo lo que te han enseñado, sino de encontrar el camino propio. Habrá luces y habrá sombra. Pero lo que no hay, son rebajas. Como en toda experiencia vital, toca apostarlo todo, lanzarse y vivirlo con toda la intensidad que puedas. Y lo que creas que es lo mejor para tí, eso es lo que tienes que seguir, aunque sea lo mas duro o los demás no lo entiendan. El corazón entiende de muchas cosas; pero no de rebajas.