Llevo días sin escribir, sin tener ideas para plasmarlas en un artículo. Creo que, al igual que a mucha gente, estas fiestas me terminan empachando, no sólo estomacalmente sino que también afectan a mi mente. Te lanzan tantas ideas de bondad, de solidaridad, de buenos deseos, que terminas con una sensación rara, como si tu vida no valiera la pena el resto del año, mezclándose el consumismo con esa capa de buenos deseos que oculta la verdad cotidiana. ¿Cuál es la verdad? Que cada uno vamos a nuestro rollo, porque bastante tenemos con lo nuestro como para pensar en los demás. Que nos cansan las comidas familiares, en las que se hablan de las mismas cosas y todos ponemos buena cara, porque es lo que toca. Hacemos cosas que en otra época del año nos parecería por lo menos ridículo, cogemos las zambombas, las panderetas, cantamos villancicos, mandamos felicitaciones por e-mail, desde las complejas con música, hasta una simple hoja de word para felicitar un nuevo año. Nos ponemos en plan serio para escribir deseos a las personas que nos escriben, que nos importan, que vemos a diario o a las que no vemos en meses (o años). Y no nos sentimos como tontos si expresamos nuestros sentimientos o jugamos con los niños, igual que ellos o casi siendo peores.
Hoy, al ponerme a escribir tenía dos ideas claras: Hablar de que no encontraremos las respuestas si primero no enunciamos las preguntas correctas. Y la segunda idea es hablar de esa Novedad que nos ofrece el Año Nuevo. Y como siempre, una cosa es la idea inicial y otra muy distinta es donde acabará el artículo. Quien se ha puesto a escribir alguna vez, sabe de lo que hablo, que piensas en una cosa, una idea te lleva a la otra y al final terminas de hablando de algo que no era lo inicial y que sin embargo te parece mucho más interesante. Porque podemos tener muy claro el punto de partida; pero a la meta se puede llegar por muchos caminos y no siempre es como pensábamos. Usando una vez más el ejemplo del camino: por mucho que te lo conozcas, puede haber agentes externos o internos que lo cambien. Externos, como la lluvia, la nieve (escasa en esta temporada) o la acción de los hombres. Internos, nuestros estados de ánimo, nuestras circunstancias. Yo he hecho varias peregrinaciones a lo largo de mi vida y puedo asegurar que cada una de ellas era distinta, distinta situación vital, distinta compañía. Por eso siempre que me decían ¿otra vez peregrinas a Santiago de Compostela, a Javier, a Guadalupe? ¿No has ido el año pasado? ¿No lo conoces ya? pensaba que quizá en plan turista; pero no sé lo que me iba a encontrar, lo que iba a vivir en ese momento de mi vida. No se trataba tanto de superación personal sino de tener momentos de pensar, de entrar en el interior, dejar comodidades y buscar respuestas a las preguntas vitales.
La primera idea de hoy: No encontraremos las respuestas si primero no enunciamos las preguntas correctas. Parece una chorrada, lo reconozco. Más es verdad. Muchas cosas pasan en la vida porque no nos paramos a preguntar. ¿Se nos ocurriría ir a un sitio concreto sin antes mirar el mapa para ver por dónde llegar? Seguramente no, porque no vaya a ser que quieras ir a Valencia y termines en León. En la vida diaria hay muchas preguntas; pero hace falta ser sincero, honesto con uno mismo para enunciarlas y para aceptar la respuesta: ¿Soy feliz? ¿Puedo hacer algo para conseguirlo? ¿Qué hago con esta situación? ¿Qué ha pasado para este cambio? ¿Por qué me encuentro así? Cada uno tiene las suyas propias, yo sólo puedo poner algunas de las mías. La de esta mañana era: ¿Por qué llevo días sin escribir, sin publicar nada? La verdad es que una vez enunciada la pregunta es más sencillo ver la respuesta: No he escrito porque no me he puesto a ello. No se trata de ser duro con uno mismo, eso ya lo hacen fuera. Tampoco vale el autoengaño, hay que ser sinceros y buscar la pregunta buena y la respuesta de verdad, la que nos ayude a seguir, a ver la realidad y ver que puedes cambiar lo que no te gusta. Si aprendemos a hacer bien las preguntas en cosas poco importantes, como por ejemplo, el tema de la escritura, nos resultará más fácil cuando se trate de buscar soluciones a situaciones de la vida. Si hacemos la pregunta correcta, veremos la respuesta nos indicará el camino a seguir y será solución, de las que se consigue rápido o bien, es un primer paso de un camino nuevo.
La segunda idea del dia: la Novedad que nos ofrece el Año Nuevo. Si le llamamos AÑO NUEVO es porque nos ofrece una novedad ¿no? Es una nueva oportunidad, que siempre llenamos de propósitos: aprender o mejorar el nivel de inglés, ir al gimnasio, dejar de fumar y bajar los kilos que nos sobran ¿No os suenan? ¿Qué pasa para el mes de Marzo? Que nos hemos cansado de todos ellos y que la mayoría no persevera. Y para Octubre, tenemos que reconocer que, una vez más, el año se está acabando y los propósitos siguen ahí, sin ser realidad. Al principio del año hay mucho tiempo para ello, ya empezaré mañana y al finalizar el año es que no he tenido tiempo ¿No os suena? Si hasta un anuncio de TV nos lo recordaba hace tiempo para promocionar una bebida. No creo que haga falta decir la marca.
¿Nos falta voluntad o de verdad es falta de tiempo? Diría que la corriente "fast" nos enreda y como no se ven los frutos demasiado pronto, te cansas y lo dejas. Me explico con la idea de corriente "fast": en la actualidad lo queremos todo para ya y con el menor esfuerzo posible: si te duele la cabeza, una aspirina y en segundos se quita. Vamos a un restaurante y no queremos esperar para comer, comemos deprisa y pasamos a otra cosa. En casa, tenemos el microondas, que hace lo mismo en mucho menos tiempo. Y más de uno anhela los tele-transportadores de las películas para evitarse los atascos, las esperas. Nos gustan los centros comerciales porque hay muchas tiendas en poco espacio; pero nos desesperan las aglomeraciones. Es la corriente "fast" cuyo máximo exponente es la "fast food". Recuerdo que hace tiempo, tuve un propósito: andar despacio. Reconozco, que me duró quince días, me desesperé muy pronto. Ahora, que estoy embarazada, ya he aprendido que no puedo ir deprisa, me fatigo pronto y no consigo ni la mitad de lo que me propongo. Tengo que ir a mi ritmo, lo que hace que consiga poco a poco mis objetivos, no me sirve de nada pelear, estar acelerada. Por usar un ejemplo, ya no soy un deportivo, soy un trailer.
Seguramente si nos ponemos metas mas pequeñas, conseguiremos mas que si nos planteamos un propósito enorme para el nuevo año. Quizá dejar de fumar sea un listón muy alto; pero ¿Y fumar un cigarrillo menos hoy? Hacer algo concreto y que no suponga demasiado esfuerzo puede que sea mejor que una meta aplastante. No se trata de tener metas pequeñas, se trata de ir consiguiendo poco a poco andar. Mirar más allá y saber que en el más acá hay cosas que sí puedo hacer. Aprovechar la oportunidad diaria, no hace falta más. ¿Para qué esperar para ser feliz si ahora tengo un motivo para sonreir?. Es una felicidad pequeña; pero muchas pequeñas felicidades pueden hacernos felices de verdad. Es como cuando tienes el objetivo de conseguir un millón: o lo consigues de una vez, con un esfuerzo gigantesco o te lo planteas como que hoy tienes que conseguir mil. Quizá conseguir mil hoy, mil mañana y mil pasado sea mas sencillo que conseguir un millón de golpe. Y al final, el resultado es el mismo, con más o menos tiempo; pero el resultado es el mismo y, me atrevería a decir que la satisfacción es mayor que de la segunda manera.
En la mayoría de los casos, nos falta serenidad, tener una mirada clara para ver con cierta distancia, mirar más allá del esfuerzo cotidiano. Lo que se consigue rápido se va rápido. Y la vida es otra cosa. No se valora igual si te dan un árbol que si te dan una semilla y un poco de tierra para plantarla, regarla y cuidarla. En ambos casos, al final tendrás el mismo árbol, aunque el primero será un árbol normal y el segundo será el árbol de los logros. Por eso, creo y es mi opinión personal, que es mejor un propósito diario pequeño que uno anual enorme. Y para mí, un propósito determinado puede ser un logro mientras que para otra persona puede ser una tontería: quien mide el esfuerzo es uno mismo no los demás. Puede que yo considere un logro subir las escaleras de mi casa, mientras que para el vecino sea algo tonto. No importa, si para mi lo es ¿qué más dá lo que opine el vecino? ¿Acaso él sabe el esfuerzo que me cuesta a mi? ¿Acaso él está en mi pellejo y en mis zapatos? No miremos con sus ojos, sino con los de cada uno. Es mejor no comparar porque nunca se está en igualdad de condiciones.
No quiero terminar sin poner el decálogo de la serenidad del beato Juan XXIII. Seguro que más de uno lo conoce; pero me parece que ilustra muy bien mi idea de que en la novedad que nos ofrece el AÑO NUEVO podemos hacer muchas mas cosas y ser más felices si las metas están más cercas de cada uno, si nos miramos dentro y pensamos un poquito lo que queremos conseguir y las herramientas para hacerlo. No creo que haga falta ser creyente para intentar vivir alguno de sus puntos.
Decálogo de la Serenidad1- Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.
2- Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto, cortés en mis maneras, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie sino a mí mismo.
3- Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino también en este.
4- Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que todas las circunstancias se adapten a mis deseos.
5- Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.
6- Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.
7- Sólo por hoy haré por lo menos una sola cosa que no deseo hacer, y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.
8- Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré a cabalidad, pero lo redactaré y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9- Sólo por hoy creeré aunque las circunstancias demuestren lo contrario, que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.
10- Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y creer en la bondad.
Puedo hacer el bien durante doce horas, lo que me descorazonaría si pensase tener que hacerlo durante toda mi vida.
¡FELIZ 2007 A TODOS!
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Grácias por este decálogo.