Después de unos días melancólica, vuelvo a escribir un artículo, tras un susto típico de embarazadas. No notaba a mi bebé. El peque es muy inquieto y el viernes no se movía. Me asusté, y nos fuimos a Urgencias. Todo está bien. No hay problemas, sólo un peque que está más tranquilo de lo normal. Un susto que me ha recordado que tengo que vivir el hoy. Queda poco para el parto, y en cuanto pase, ya no notaré a mi bebé dentro de mi. Parece tonto; pero es una sensación muy especial, que no se puede explicar. Cuando le vi en la ecografía, tan tranquilito, latiendo su corazón, me tranquilicé y pienso que es una maravilla sentir a un peque en mi vientre. Y el tiempo pasa muy deprisa. Quiero vivir esta etapa a tope, disfrutando al máximo de todas las sensaciones. Intento hacer partícipe a mi marido de lo que es un regalo de la vida. Y sí, no todo es color de rosa, parezco una morsa más que una persona, mi equilibrio parece que era verde y se lo ha comido un burro. Me siento pesada y patosa. Mis hormonas juegan con mi humor y hay cosas que no puedo hacer.

Hay que vivir el presente porque es lo único que tenemos. El pasado es un baul de recuerdos y el futuro, aunque algunos cobren por adivinarlo, no existe. Nunca podremos decir "ya estamos en el futuro". Siempre, con lo que podemos contar es con el presente. Sí, podemos llenar la agenda de cosas por hacer mañana, pasado, dentro de semanas o meses ¿Quién nos asegura que viviremos esas cosas?. No es ser alarmista; pero nadie nos garantiza que vivamos mañana. Lo que no haga hoy, no podré hacerlo. Habré perdido una oportunidad de vivir, aunque sea algo chiquitin, sin importancia. El mero hecho de hablar con mi pequeño, de cantarle, de decir "te quiero" a mi marido, leer, escuchar música de verdad... cosas que podemos hacer cualquiera y que parece que no tiene sentido. Son las cosas pequeñas las que se echan de menos cuando no se tienen. Y son los pequeños detalles los que marcan la diferencia.

Hoy hemos salido un poco por la mañana, para comprobar mis fuerzas, que siguen siendo escasas. Un simple paseo hasta la plaza del pueblo en el que vivo y volver a casa. En estos días de comidas y cenas de empresa, el que salga una mañana un poquito, para mi es el mayor motivo de celebración. Este tiempo cercano a la Navidad es para vivirlo desde uno mismo. Las luces están muy bien, el juntarse está muy bien y el pensar en los demás, también; sin perder la perspectiva de uno mismo. Que este tiempo es tiempo de pensar y de vivir desde dentro el hoy. Es lo único con lo que contamos, así que es preferible vivirlo bien y sacar el máximo partido. No tanto en lo material como en lo personal. Hombre, si te toca la lotería, mejor; pero no es lo principal. Yo prefiero saber que mi bebé está bien, que mi familia es feliz y que juntos podemos conseguirlo todo a que me toquen un porrón de millones y luego estar temerosa de que me los quiten, de no saber en quién puedo confiar y en que el cambio no me cambie. Prefiero que cuando me pregunto a diario si soy feliz pueda decir de verdad que sí, con mis lios e historias, cosas buenas y cosas no tan buenas. Preocupaciones y motivaciones. Pero ser feliz con lo que tengo y con lo que soy hoy.

Me pregunto si hay muchas personas que se saben felices, en este mundo frío en que el contacto se puede hacer mediante una pantalla de ordenador. La diversión es mucho más que mandos de consolas, teclados y monitores. Es una opción más, evidentemente; pero no es la única. A mi me maravilla cuando veo a un niño actual bailando la peonza o jugando a las chapas. Sí, parece que tengo 80 años y que cuento batallitas. Son cosas del pasado pero que nos enseñaban los valores de compartir, de divertirnos con amigos, de ser competitivos pero sin perder de vista a la otra persona. Nos llenaban de humanidad y el resultado del partido no era tan importante. Te preparabas tus propios juguetes, había esfuerzo y concentración. Y siempre, terminabas la partida y volvías a casa con la familia. Los padres eran referencia, personas que te quieren de verdad, que se preocupan por ti y que te educan, lo mejor que saben. Diciendo a cosas que sí y a cosas que no. Sabías que nada de montar pataletas a tu madre o a tu padre fuera de casa, porque eso sólo te conseguía una reprimenda y un castigo. Los tiempos cambian y lo que aprendes de niño hace que seas de una forma o de otra de adulto.

Cada uno tiene su tiempo y cada tiempo tiene sus cosas buenas. Hoy son buenos tiempos para los que nos toca vivirlos. Es el momento de nuestra vida, el fundamento de nuestra felicidad. Si no soy feliz hoy, no lo seré nunca. Si no vivo mi presente lo mejor posible, no seré la persona que quiero ser. Busquemos la oportunidad de vivir de verdad. Miremos con los ojos de los demás las cosas y comprenderemos que hay otra realidad fuera de nuestros intereses. Hay muchas iniciativas buenas fuera, mucha solidaridad y mucha alegría. Hoy he visto un belén en medio de las obras de la M-30. Fiestas latinoamericanas que nos llenan mundialmente, que nos enriquecen culturalmente. Una propuesta de comerciantes para conseguir fondos para una fundación que investiga para mejorar la vida de los niños. Hay muchas iniciativas, propuestas para salir de nuestro mundo, que nos darán siempre más de lo que recibamos. No sólo en Navidad. Vivir mejor depende sólo de nosotros, no de las situaciones económicas. Vivir bien nuestro presente es conseguir ahora lo que queremos. El pasado será un fantástico regalo que podrás disfrutar y que recordarás con cariño. Y el futuro será un reto. Y hoy quiero acabar con una frase (no sé de quién es, pero me gusta):

Aprender es descubrir lo que ya sabes.
Actuar es demostrar lo que sabes.
Enseñar es recordarles a los demás que saben tanto como tú.
Somos todos aprendices, ejecutores y maestros