El año pasado, para el puente de la Almudena, tuve la oportunidad de ir a un concierto de Rosana en Granada. Fue una recarga de pilas y un poder descansar lejos de las obligaciones cotidianas. Mi marido y yo intentamos encontrar entradas para Madrid y nada. Probamos con Barcelona y menos. Pero para Granada tuvimos suerte, así que nos buscamos un hotelito y reservamos esos dias para ver Granada y disfrutar de una de las mejores cantautoras de España. El hotelito lo encontramos en el Albaycin, el palacio de santa Inés, una habitación duplex, en un lugar impresionante, cerquita de la Alhambra y mas cerca todavía de la Plaza Nueva. Al poco de llegar, ya tuvimos la sensación de que hacía semanas que habíamos salido de Madrid. A veces nos asombra nuestra capacidad de desconectar. Imagino que debe ser porque nosotros entendemos las vacaciones desde el mismo momento en que salimos del trabajo, lo que hace que disfrutemos del viaje, sin pensar tanto en que tenemos que llegar al sitio determinado. Los dos por separado ya habíamos estado en Granada, conocíamos los lugares turísticos. Se puede decir que tanto el concierto como el viaje era una excusa mas para salir de Madrid unos dias, de estar solos transcurridos unos meses de la boda y de poder ver cómo estaba el proyecto que es nuestro matrimonio. Y es que estar en casa es genial, y la familia es una pasada; pero a veces hay que salir de lo conocido y estar con tu pareja en un sitio distinto a lo habitual. Se descubren cosas que con el quehacer cotidiano no puedes percibir.
Fuimos con el único plan fijo de asistir al concierto y de ver la Alhambra. Los dos la habíamos visto anteriormente; pero los sitios tienen un encanto especial cuando los visitas con la persona que amas.
La subida a la Alhambra me costó un poquito, menos de lo que pensaba, se notó el tiempo en el gimnasio fortaleciendo mis rodillas. Y una vez en ella, la verdad es que borró todos los recuerdos que tenía, descubriéndose como un sitio mágico. Dimos un paseo, dejando las fotografías a un lado, abrazados como cuando éramos novios, hablando de todo y de nada. Dando gracias de no haber tenido entradas para Madrid y por esos dias que aún nos quedaban. Por supuesto que hicimos un buen reportaje fotográfico; pero estando pendiente siempre el uno del otro.
A la bajada nos tomamos una cerveza y una tapa mientras pensábamos donde comíamos. Siempre en nuestro plan, es decir, comer pronto para encontrar sitio y después aprovechar que la gente está comiendo para pasear mas tranquilamente. Nos pateamos la ciudad, descubriendo sitios nuevos, lugares para recomendar y lugares en los que dejamos un poquito de nosotros. Cada uno iba hablando de los sitios que habíamos visto cuando fuimos a Granada antes de conocernos, enseñándonos los sitios que nos gustaron en los viajes anteriores. Siempre recorriendo la ciudad a pie, que es cuando mejor se descubre, perdiéndose por las calles, entrando en contacto con el latir de la ciudad, ajena a la visión del visitante, en su rutina diaria. El coche se quedó aparcado cuando llegamos y sólo se movió para volver a Madrid.
Lo bueno de ir sin planes prefijados es que el tiempo parece que se aprovecha de otra forma, se disfruta lo que vas viendo a cada paso. Te paras en mercadillos, en puestos de libros, entras en sitios que parecen tugurios, descubres el latir de la ciudad, a pie, desde la calma de un visitante, que no tiene rumbo fijo. Recuerdo muchas calles, muchas conversaciones que aquí no voy a poner, porque el texto se haría más largo de lo normal, y porque eso queda en la intimidad de mi marido y yo. Y paseando, llegamos al lugar donde era el concierto, que parecía lejos de nuestro hotel y luego eran diez minutos andando.
¿Qué contar del concierto? Pues que fue una pasada. Empezó Rosana sola con una guitarra e iluminada por una sola luz. Poco a poco fue haciendo repaso a su disco "Magia" y su repertorio de siempre. Hubo dos canciones que no me sabía, que no había oído nunca: "Besos" y "Quiéreme". Recuerdo que estaba sentada en la butaca del teatro, con mi mano cogida a la de mi marido, medio abrazados y pensé que era difícil decir mejor que esas canciones lo que yo sentía por él. Si alguien no las ha oído, le recomiendo el disco "Marca registrada" donde se encuentran en el concierto del CD2, o que busque las letras en la página web de Rosana. Fue un concierto con magia, que disfrutamos los dos y donde una vez mas, lo especial del momento lo daba la compañía. Porque cualquier sitio es especial, si vas con la persona a la que amas. Y cualquier momento desprende magia si lo compartes con la persona a la que amas. Y eso se puede vivir, siendo novios o estando casados. Los lugares son eso, lugares; pero la visión y el recuerdo que tenemos de ellos van unidos a las personas que los contemplaron con nosotros.
Yo recuerdo con mucho cariño ese viaje, donde casi me quedo afónica de cantar, porque lo viví con la persona a la que amo. Eso no me saca de la realidad, sino que hace que la afronte de una forma distinta. Y el viaje de vuelta, con todos los discos de Rosana en el cargador de CD's, cantando en el coche, dedicándonos las canciones el uno al otro. Es como si no existiera nadie mas, como si esas canciones fueran para nosotros, sobre todo la de "Quiéreme" y unos párrafos que no me resisto a poner aqui, que me sé de memoria y que son especiales:
Yo te quiero, porque sobran las razones,
porque el alma si no estás se queda en cueros.
Yo te canto en un puñado de canciones que Te quiero.
Yo te juro que hay promesas para siempre.
Yo prometo no cansarme de quererte.
Yo no sé vivir sin tí, no sé ni puedo, yo te quiero...
yo te quiero, veneno que me des veneno bebo.
Yo te quiero, no busques ni motivos ni porqués.
No quieras que te deje.
No me dejes de querer.
Con lo mucho que te quiero, quiéreme.
Yo te juro y jurar me está prohibido,
que te quiero y desde siempre te he querido,
porque no hay amor sin ti ni Dios sin cielo,
yo te quiero.
Descubriendo una forma de vivir optimista, hasta en los malos momentos. Porque juntos, podemos con todo, juntos todo merece la pena, juntos siempre se cumple la frase de:
triunfo total, éxito sin precedentes
pues nuestra fuerza reside precisamente en nuestra unidad, en escucharnos y vivir todo lo que nos supera unidos. Así, cada viaje es una aventura y cada día merece la pena. Se vive el presente con magia, con alegría y sin miedo. El miedo se vence hablando con el otro. Haciendo que todas las cosas giren a nuestro alrededor, donde decir "gracias" tiene sentido porque el otro no está obligado a estar conmigo, sino que lo hace porque le da la gana, que es el motivo mas sobrenatural para hacer las cosas. Ojalá todo el mundo pueda vivir una historia de amor y felicidad como la que tenemos mi marido y yo. Una historia que nos da una estabilidad, una tranquilidad y un vivir intensamente que es una gozada. Y que me hace afortunada, incluso en los momentos duros.
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aupa rosana!!
eres genial!!!
te quiero!
Me gusta mucho Rosana... genial