El ser humano, a veces, busca fuera lo que primero hay que buscar en uno mismo. Buscamos la felicidad a base de gastar dinero, comprar objetos, caprichos, que no llenan. Buscamos la aprobación de los demás, cuando la que vale es la nuestra propia. Buscamos los sueños de los demás, y los importantes son los que se quedan dentro. Y buscamos hacer viajes impresionantes, cuando el mejor viaje y que más experiencia te da es el que haces a tu interior. Pienso en países increibles: Canadá, Brasil, Costa Rica, Nepal, La India, Australia, Kenia... territorios de una belleza sin igual, de formas de vivir muy distintas a la nuestra y que seguro que merece la pena conocerlos. Cito unos cuantos; pero seguro que cada uno de nosotros tiene sus rincones mundiales que desea conocer. Se puede ir a ellos de muy diversas formas: con todo incluido, a la aventura, a vivir una experiencia trascendental... Pero, si no llevas bien hechas las maletas desde tu país de origen, me temo que volverás igual de vacío o con un sabor a fracaso en la boca.

Antes de viajar, hay que saber los motivos del viaje. El turismo puede estar bien; pero la mayoría de las personas nos cansamos pronto de lo que conseguimos rápido. Lo que nos cuesta, eso es lo que valoramos mas. Y en los viajes, sueñas con el viaje, lo preparas y luego cuando estás en el sitio determinado, si no te has preparado, se pasan los dias corriendo. Y, permíteme un consejo, no intentes fotografiar parajes para disfrutar de ellos en casa. Si no lo has hecho in situ, en casa sólo te darás cuenta de la oportunidad perdida. Si no llevas las maletas interiores de casa, no lo podrás aprovechar. No importa la duración del viaje, puede ser un sólo día de excursión o marcharte mas de 15 días. Porque lo que importa es la predisposición. Puedes ir dejándote sorprender, sin saber lo que te vas a encontrar, dispuesto a aprender y a pensar en lo que recibas, que siempre es mas que lo que darás. Y si no te encuentras a tí mismo, párate, y viaja a tu interior. Es el lugar más interesante y menos visitado. Y el que mas se busca. Pienso en las clases de yoga, de pilates, de relajación, que al final siempre hacen que entres en conexión contigo mismo. Y si no te aguantas, de verdad, no te muevas de casa.

Antes de casarme, antes de trabajar, tenía siempre un día a la semana en que me iba a un sitio para estar sola. A veces las horas parecían segundos y otras veces los segundos parecían horas. Pero permanecía, con la vista fija en el horizonte, en soledad y a veces sin hacer mas que escuchar mi corazón. Ahora que estoy de baja, paso mucho tiempo sin nadie a mi alrededor. Mi pequeño siempre me acompaña, pero puedo hacer silencio, apagar la tele, quitar la radio, dejar el ordenador y no leer. Parece pérdida de tiempo; pero esos momentos son necesarios. Recuerdo las lecciones del pasado, intento visualizar a mi bebe, ver cómo estoy por dentro. Los creyentes usamos ese tiempo para tomar conciencia de nuestra condición de criaturas y estar en contacto con el Creador. Pero, también los no creyentes pueden mirar dentro. Y verán, algo más que vísceras. La meditación no es patrimonio de unos pocos, ni es necesario tener una ocasión especial. No, porque si esperas la ocasión especial, que se den todas las circunstancias, no lo harás nunca. Y no hay tiempo mejor empleado que el que se dedica a uno mismo. A estar en paz contigo, ver cómo andas y saber los motivos de tus acciones y reacciones.

Cuando sientes que todo el mundo está en contra tuya, que no tienen ni idea y vas hablando sentando cátedra, quizá sería bueno pensar antes de actuar o de hablar. Tener la suficiente calma como para pensar que es mi vida la que está en juego, tomar la responsabilidad de tus actos y aceptar que podemos equivocarnos. Recuerdo que cuando fui a Canadá, iba a la aventura, sola en medio de un grupo nuevo. Necesitaba cambiar de aires. Y allí, tuve momentos en los que me pude encontrar a solas. Y en medio de un paisaje impresionante, con gente hablando distintos idiomas al mio y con formas de vivir que yo pensaba que eran la mia, descubrí que echaba de menos lo que había dejado en casa. Fue la primera vez que llamé por teléfono casi todos los dias a casa. Y cuando colgaba, una lagrimilla se escapaba. Había dejado a un amigo, del que me acordaba y que por aquel entonces era sólo un amigo. Alguien que había abierto mi visión a otras cosas. Y allí, rodeada de un montón de gente, en un ambiente conocido, pensaba que quería volver. Una noche descubrí que lo que añoraba estaba dentro. Que había estado huyendo de mi misma y que por muchos kilómetros que hiciera, los problemas te acompañan, no se quedan en casa. Para bien o para mal, tenemos memoria.

La experiencia me sirvió para volver al interior. Hubo cosas que aprendí, otras que recordé y otras que tuve que apuntar en un cuaderno y que después rompí. Tuve la suerte, o la gracia según se mire, de darme cuenta, de parar y hacer revisión. Si no, me temo que habría vuelto de Canadá con vacío y fracaso. Más vacío de lo que llevé. Y es que sólo cuanod estás bien en tu pellejo y en tus zapatos, eres capaz de disfrutar de las cosas. Cuando hay nervios, te bloqueas y no puedes hacer nada.

Ahora, en mi retiro laboral, veo las cosas desde la lejanía y comprendo que este tiempo, se me ha otorgado porque lo necesitaba. Como los coches necesitan sus revisiones. Lo que ocurre es que las revisiones humanas no son tan caras, aunque tengas que cambiar las pastillas de freno, o los filtros, el aceite. Cada ciertos kilómetros recorridos, es bueno hacerse una revisión. Abrir el capó y ver los niveles de aceite, cómo está la bateria, si tenemos en buen estado las ruedas, si hay muchos golpes en la carrocería o nos falta pintura por arañazos. Será mejor hacer revisiones que tener que cambiar de coche. Porque en el caso de las personas, no se puede cambiar. No puedes decir, no me gusto y me cambio entero. Puedes cambiar lo de fuera, al estilo el programa de operaciones quirúrjicas a lo bestia para ser una persona aparentemente distinta a la que eres. Puedes cambiar algunas vísceras de dentro que hayan dejado de funcionar o que estén causando problemas. Mas, mucho me temo que lo que se llama el ser, el espíritu, el alma, como quieras llamarlo, no lo puedes cambiar. Y si lo tienes lleno de arañazos, de golpes a las primeras de cambio, pues así te tienes que aguantar, porque eso es lo que eres en esencia, lo que te hace único. Puedes estar pendiente y curar las heridas, cuidarlo y estar bien contigo mismo.

Ahora que no me muevo mucho de casa, que siento mucho mas mis limitaciones y que no controlo ni los cambios de mi propio cuerpo. Ahora que comparto mi vida con una nueva vida, tengo tiempo para pensar en que primero tengo que buscar todo en mi, la alegría, la serenidad, la fuerza, el amor. Si lo encuentro en mi, podré darlo a los demás y poner mi empeño en lo que hago. Si por dentro estoy vacía, seré como una mano agujereada, lo que reciba de fuera no podrá llenarme.

Por eso, hoy pienso que primero hay que buscar en uno mismo antes de iniciar una aventura o un viaje externo. Puedes provocar ese viaje interior con uno exterior; pero al menos llévate unas cuantas preguntas que quieras resolver. Y no hay que agobiarse, que si escuchas y te das tiempo, todas las respuestas están dentro. Quizá ése sea el éxito de la película "El gran silencio". Tres horas en el cine sin diálogos. Quien sabe si para algunos esas tres horas pueden ser una oportunidad para conocerse o para conocer otras formas de vida. De ver cómo vive gente que ha dejado todo, incluso el uso de la voz, y que son felices. No hace falta recorrerse el mundo para ver a personas vivir de manera diferente. Sólo hay que abrir los ojos, los oídos y el corazón. Y para eso, primero hay que buscar en uno mismo. No es necesario cambiar lo de fuera, basta con empezar a cambiar lo de dentro.