El lunes estuve viendo en Madrid Directo la situación en Valdemingómez, en la cañada real. Sólo están a 14 kilómetros de Madrid. Cuando vemos noticias de Africa, Latinoamérica o de Asia, nos tocan el corazón; pero están lejos, no lo vemos cercano. En estas fechas cercanas a la Navidad toca sacar el solidario que llevamos dentro. Programas para apadrinar niños aparecen en las parrillas de las TV y en los periódicos. Y se consigue dinero, para acallar el lado humanitario que todos tenemos dentro. Y está bien, aunque es poco. Gastamos y gastamos, metidos en nuestra vorágine, en nuestra parcelita del mundo, sabiendo que hay un colchón en el banco que que nos permitirá dormir, viendo de lejos esa pobreza.
Madrid Directo mostró este lunes que a sólo 14 kilómetros de Madrid hay pobreza, niños pisando el barro, bañándose en un barreño, con muy pocas cosas. Mostraron como la gente no quiere ver ese lugar, los problemas de no tener médico y cómo hay gente que sigue sacando negocio de las desgracias ajenas. Sólo están a 14 kilómetros de Madrid. Una distancia parecida a La Moraleja, a Las Rozas, Majadahonda, Pozuelo... Es una paradoja que pensemos que España es un país desarrollado, de Europa, y aún en el siglo XXI haya lugares así. Me pregunto cómo será preparar la Navidad en sitios así. Me pregunto si allí llegarán los políticos o sus votos tampoco importan. ¿Dónde está el Estado del Bienestar? Imagino que en otros sitios. Y no creo que se esté allí por gusto, que a todos nos gusta vivir mejor. Cierto es que tampoco comparto que algunos tengan el agua y la luz por la cara, cuando los demás nos toca revisar las facturas para ver que está todo bien. La picaresca española se abre paso para vivir un poco mejor.
Ese tipo de reportajes, que en Navidad son frecuentes y que no se solucionan apagando la tele para que no nos amargue la cena familiar, tendrían que ser como una cerilla. Algo que nos empujara a hacer algo. No digo que nos vayamos todos a Valdemingómez, sino que intentemos mejorar la vida de los que nos rodean. Estar abiertos a sus necesidades. Cada uno con lo que pueda. Los que sólo puedan rezar, que lo hagan con fuerza y fe. Los que pueden ser voluntarios visitando a enfermos y ancianos, que piensen que un poco de tiempo es mucho. Los que se pueden rascar el bolsillo, que crean que es la mejor inversión. Los políticos, que miren menos su tupé y sus bolsillos y que piensen un poco mas en los ciudadanos. Los que tienen comida suficiente, que repartan. Los que escriben o cantan, que se acuerden que no todos tenemos la misma suerte. Y que salga de dentro, no por que digan los demás: "Mira lo que está haciendo, qué bueno/a es". No, lo mejor es hacer las cosas sin pedir permiso para ponerse a amar a los demás. Si buscamos la aprobación de los demás, estamos pidiendo permiso para amar. Las cosas buenas no arman tracas, perviven en el tiempo, despacio y no por temporada.
Zapatero a tus zapatos, es uno de los refranes que me sale ahora, haciendo el juego con el gobierno actual. A 14 kilometros están tus zapatos. Es a ellos a los que les debes lealtad. Ahí está tu progama electoral, tu triunfo o tu fracaso. Está el de todo el Estado español.
Vuelvo a mi mundo, a lo que conozco, que no soy quien para dar lecciones, más ahora que poco puedo hacer desde mi casa. Llevo unos días de bajón. Mis hormonas están haciendo de las suyas. La casa se me ha caído encima y me cuesta levantarme de mi rutina y buscar nuevos horizontes. Estar de baja no es estar de vacaciones. Hay mucho tiempo para pensar y no siempre es lo mejor. Mi marido lleva unos días que no sabe qué hacer para animarme. Y lo que me preocupa es que piense que no está haciendo todo lo que puede o hace algo mal. Porque no es así. Él lleva el peso del trabajo y casi del hogar. Yo estoy pasando unos días malos. Pienso en que si me viera así alguno de los que compartieron mi vida, me daría un par de tortas y me diría "¿Se puede saber qué leche te pasa?¿Desde cuándo no peleas?¿Qué haces ahí? Vamos, so vaga, arriba y lucha". Y tendría razón. El embarazo es un estado estupendo pero también lleno de cambios. De mi estado de ánimo depende que mi pequeño esté tranquilo y crezca bien o que le cueste. Tengo que animarme, aunque sea sólo por mi pequeño y por mi marido, que se preocupa. Ayer, en otro de esos detalles que hacen que se me caiga la baba con él, me regaló el nuevo disco de Luis Miguel. Un pequeño detalle, que me esperaba; pero que me cambió la cara. Ahora escribo mientras suena la música, pensando que tengo suerte y que tengo que animarme. Cuando nazca mi pequeño no podré dedicarme a estar mal, y ahora tampoco. Hay que recuperar las fuerzas. Si con esa pobreza que vi a 14 kilometros de Madrid había también felicidad, una sonrisa, no soy quien para dejar de luchar, abandonarme y renunciar. Tengo una nueva vida dentro de mi, de la que soy responsable y que depende de mi. Y yo quiero que sea feliz, de verdad. Y tengo a un hombre a mi lado, que se desvive y que necesita de mis cuidados. No puedo quedarme en mis hormonas.
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