Hoy hace 4 años que empecé a caminar con un amigo, que hoy es mi marido. Y se dá la paradoja de que el tiempo ha pasado lento y rápido y al mismo tiempo. Parece que no; pero son 4 años en los cuales la vida me ha cambiado completamente. Mejor dicho, nos ha cambiado a los dos. Ha pasado rápido porque ni me he dado cuenta, porque hemos hecho muchas cosas. Lento porque es como si lleváramos mucho mas juntos, como si nos conociéramos de toda la vida.

Hoy, el artículo está dedicado a la persona que amo. Cuando le conocí me pareció raro. Uno de ciencias que le gusta el arte, las letras y que, sabiendo mucho, siempre escucha para aprender. Muy distinto a mi. Yo tenía un tipo de hombre ideal que, gracias a Dios, no llegué a encontrar. Con él se puede hablar, compartir momentos y andar. Me ha abierto muchas puertas que yo desconocía. Me ha dado una visión que jamás esperé encontrar. Y me ha hecho mirarme a mi de forma distinta. Tener a alguien que te ama, te da seguridad para verte con otros ojos, enfrentarte a otros retos y descubrirte tal cual.

Hemos tenido también nuestras diferencias, como todas las parejas. Momentos en los que parecía que ibamos por caminos separados. Recuerdo un día, hablando por teléfono, la sensación de estar enfadados, sin llegar a decirlo. No quedamos para vernos en persona, pero al colgar el teléfono, fui incapaz de quedarme en casa. Cogí el coche y por el camino estuve rezando para que no se fuera del trabajo. Cuando llegué, me puse en la acera que se veía desde su ventana a saltar y hacer tonterías, móvil en mano, para que me viera. No pensé que nadie mas me podría ver, sólo me importaba él. Salió, hablamos y se acabó la mala sensación. Cierto es que los dos nos pillamos un resfriado estupendo por hablar debajo de la lluvia.

Son tantos los recuerdos de este tiempo juntos que tengo que poner orden mientras escribo. Recuerdo la primera navidad juntos, cuando se marchó a casa de sus padres. Y pasé la Nochebuena y la Nochevieja hablando con él por el Messenger. Esperando que lo montara. Estuvimos hasta las tantas hablando de nada, contándonos qué habíamos cenado y que habíamos hecho con la familia. Creo que fueron las fiestas que mas tarde me acosté, y que me lo pasé mejor.

Jamás imaginé sentir lo que siento por él. Nunca pensé que fuera capaz de amar y ser amada así. Y hoy, tras cuatro años, seguimos igual o más tontos. Seguimos andando con las manos cogidas, o abrazados. Dándonos besos en plena calle y como si siguiéramos en esos primeros meses de noviazgo que ves todo en plan rosa, casi sin pisar la realidad. Cuidando los detalles y siendo felices con estar juntos. Viviendo pendiente del otro, con detalles pequeños llenos de amor. Hoy estamos esperando al peque que es el primer fruto de nuestro amor. Y manteniendo la promesa que si, por lo que sea, uno de los dos deja de sentir amor, se lo dirá al otro. Y el amor se ha convertido en algo más que un sentimiento que puede ser pasajero. La vida es algo más que pasar minutos.

Seguimos hablando de cómo va nuestra relación, si el matrimonio es lo que esperábamos, qué podemos hacer para mejorar, algo que podemos echar de menos y algo que puede sobrar. Nuestra fortaleza está en hablarlo todo, no dejar que un enfado o algo parecido pase para el dia siguiente. Antes de irnos a dormir hemos aclarado las posibles dudas, hemos repasado el día y nos hemos dado las gracias por estar juntos y querer continuar. Nos hemos dicho que nos queremos siempre que hablamos. Hemos escuchado lo que nos contaba el otro como lo que es, nuestra vida. Somos dos que van haciéndose uno y al mismo tiempo siguen siendo dos.

Creo que sin las cosas "malas" de estos cuatro años, no estaríamos así y si no hubiésemos cortado para pensar, ahora no estaríamos juntos. Todo tiene su sentido en este camino que es una relación de pareja. No hay recetas, en nuestro caso el sistema funciona, porque lo hemos montado los dos, sin querer cambiar al otro. Recuerdo que, cuando empezamos, me insistieron mucho en que siendo él agnóstico tenía que conseguir su conversión, que se hiciera creyente. Nada mas lejos de mi pensamiento. Yo le quiero tal como es y mi experiencia de fe me dice que no depende de dar la matraca, sino de quererle tal cual es. La fe es un don que concede Dios y que no se puede imponer a base de machacar. Y dudo que haya alguien con el que haya hablado de mi fe y mi relación con Dios mas que con él. Pero sin intentar convencerle, que si es plan de Dios, ya se le encontrará.

Los dos nos arriesgamos y apostamos por el otro. Lo hicimos hace cuatro años y lo hacemos cada día. Que aún nos quedan cosas por hacer, lugares que visitar y sueños que cumplir. Y lo que mas importa es el hoy, decir hoy "te quiero", hablar hoy, aceptar al otro hoy. Porque el pasado, pasó y el futuro nada nos lo garantiza. Sólo tengo hoy para estar con él. Sí, cada uno hace cosas distintas, el trabajo parece que lo llena todo y que nos separa. Nada mas lejos. Porque mi cabeza puede hacer mil cosas; pero siempre hay una parte que está con él y cada latido del corazón me lo recuerda. Él es mi fuerza, mi inspiración, mi alegría, mi vida. Hoy.

Podría llenar líneas y líneas hablando de él y me dejaría cosas. Es una gozada poder vivir algo así y todo mi pasado merece la pena por ello. Esta tarde estaremos solos, recordando y mirando mas allá. Sonriendo cuando nuestro pequeño dé alguna patada. No sé si saldremos o no. No importa, pues quien hace un momento especial es la persona con quien lo vives, no el lugar. Mañana, cuando contemos 4 años y un día, nos reiremos diciendo que suena a condena. Pero hoy es dia de celebrar, de seguir apostando y renovar, como cada dia, el amor.