No se trata de alarmar a los demás, sino de un recuerdo de lo que me dijo el sacerdote el dia de mi boda. Tanto mi marido como yo trabajamos en una empresa de seguridad y de ahí que el párroco decidiera darnos caña con el tema de las alarmas. Recuerdo que nos decía que sonaran las alarmas si había problemas de comunicación entre nosotros. Que hablaramos entre nosotros, que nos escucháramos y que nos amáramos tal como somos. Si estábamos pendientes el uno del otro, la alarma sonaría en nuestro hogar si los ladrones de la desunión, de la rutina y del desamor intentaban entrar. Después me metió caña a mi, que soy a la que mas conoce, indicándome que el cambio de parroquia no tenía que significar que mi fe cambiara, y que además tenía que seguir abriendo mi vida a Dios. Hoy, al recoger la revista de mi antigua diócesis del buzón, me he acordado de mi párroco, al que debo una visita, por cierto.

Y tiene razón en lo que me dijo. Cada matrimonio es distinto, único. Te cuentan cosas, tienes el ejemplo de tus padres; pero convivir cada día con una persona y apostar por ella es algo que se aprende poco a poco. Vas conociendo sus manías, sus gustos, sus "pros" y sus "contras". Y hay que ir despacio, porque estás construyendo un proyecto de vida en común. Es como esas casitas de piedra que se venden para montar. En las cajas, siempre pone “fácil montaje”; pero en realidad, para construirlas hace falta, paciencia, perseverancia, dedicación, tiempo y esfuerzo. Es decir, que de fácil no tiene nada. He tenido la oportunidad de ver casitas de esas. Mi marido cuando éramos novios empezó una iglesia románica. No recuerdo cual es. Está arriba, a medio terminar y quien sabe si no la terminará cuando el peque sea un poco mas mayor.

Volviendo a las casas de piedra, la compras y cuando abres la caja y te encuentras un saco de piedras pequeñitas, pegamento, un dibujo ideal y con eso te las tienes que arreglar. En la mayoría, te dan la estructura en cartón. Pero en el matrimonio, no hay estructura posible ni instrucciones de montaje. Al menos a mi no me lo dieron el dia que me casé. Cada pareja es una casa completamente distinta a las demás. Limar las piedras, colocarlas en la fila, cuidar el detalle... ir levantando las filas, apoyando las piedras nuevas en las ya puestas... eso es el amor. Una preciosa casa que hay que montar entre dos cada día, no sólo en los ratos libres, porque si sólo se construye cuando hay un rato, la casa no avanza. Y si se construye demasiado deprisa, o se cae o se queda en la repisa de cualquier mueble. Hay que dedicarle tiempo, presencia física, accesibilidad... darle la importancia que se merece. Se tarda toda la vida. Leyendo ésto seguro que mi marido sonríe, pues el ejemplo de la casa de piedra ya me lo ha leído alguna verdad, y está de acuerdo conmigo.

A nosotros nos quedan muchas filas por poner de nuestra casita, vamos despacio; pero con buenos cimientos, y buenos materiales. Cada día que amanece es otro puñado de piedras. Unas veces pule él las aristas, otras veces las pulo yo. Somos jóvenes e inexpertos, puede que en nuestra construcción cometamos errores, un muro que se caiga si no está bien recto o que el techo se desplome. Las mejores catedrales no se tardaron precisamente poco en contruirse y alguna vez hubo que volver a empezar tras su derrumbe.

El ejemplo de la casa es estupendo en estos tiempos en los que la cultura del ladrillazo está a nuestro alrededor, con la burbuja inmobiliaria y toda la trama de corrupción que hace que circule el dinero fácil por los que son seguidores del Antiguo Egipto, porque ponen una mano palma arriba delante y otra mano palma arriba detrás. En estos tiempos en los que nos venden casas de papel, de las que se montan en minutos y que se caen si quieres poner un cuadro en el salón. Me pregunto si no tiene que ver las casas con las personas que las ocupan, o con la sociedad que las construye. Me explico, no es la primera vez que veo un puente hecho por los romanos que aguantan lo que un puente moderno no. Las obras actuales tienen una duración mucho menor que las hechas en la antigüedad. Por lo que me pregunto si de verdad el hombre ha evolucionado. En algunos conocimientos, sinceramente, creo que mas que avanzar, hemos retrocedido.

Volvamos a las alarmas. Es una pena que las pongamos en nuestras casas y no tengamos activas las de nuestra vida. Queremos estar seguros en casa, nuestro refugio, donde entra quien uno quiere y si pasa algo, salta la sirena armando una escandalera que hasta el vecino de enfrente la escucha. Es un aviso de que algo no marcha. Poco a poco se van introduciendo en nuestra vida, incluso ya hay casas que ya nos ofrecen la alarma puesta en el momento de comprarlas, que las incluyen en la memoria de calidades de la nueva edificación. Y está genial. Se va creando un hábito que nos ofrece confianza, seguridad y tranquilidad. Ojalá en nuestra vida pudiéramos disfrutar de lo mismo. Si algo no va en nuestro interior, tuviéramos algo que saltara. El cuerpo tiene una alarma estupenda en el dolor. Si te pasas haciendo un esfuerzo, lo mínimo que puedes tener son calambres o que te duela algun músculo. ¿Y qué pasa con la parte psíquica?. Creo que en eso, tenemos que estar atentos, revisarnos de vez en cuando para que todo vaya bien. Y si hay algo que no va, no tener ningun temor en recurrir a otros. La pareja, los amigos o profesionales. Lo que sea para poder ser felices y no quedarnos en plan desierto del Sahara. Prestar atención y ver para actuar contra la sequía interior.

Si nos alimentamos por fuera, nos damos cremas para cuidarnos y elegimos nuestra ropa, creo que podemos dedicar todos los dias un ratito al "conductor". Si estamos enfadados con el mundo, parece que todos están contra mi y que no saben nada, pues a lo mejor el problema está dentro. Habrá que montar el sistema de alarmas interno y escuchar la sirena. En este caso, los creyentes tenemos la suerte de que estamos conectados a la central receptora de alarmas divinas, con lo que si suena la alarma, nos pegan una llamadita. Pero los que no son creyentes pueden conectarse a los demás. No a cualquiera, sino a la gente que se preocupa de ti.

Hagamos poco a poco nuestra casita de piedras, con buenos cimientos y bien arreglada para que a nuestro alrededor crezcan y florezcan las alegrías y no haya demasiado desierto. Pongamos alarmas; pero que no tengan la necesidad de sonar.