La Coctelera

ULTREIA

Si no lo sientes, NUNCA lo lograrás... por tanto... SE TÚ MISMO

Categoría: Solo para tus ojos

29 Noviembre 2006

Libros subrayados

Hay lectores que subrayan los libros, para destacar una idea que pensarán o que les parece que va dirigidos a ellos mismos. De los que no prestan libros, no por egoísmo, sino porque otra persona no podría leer el libro por los subrayados y los comentarios. De los que buscan aprender algo con cada libro que les llega a las manos porque reconocen que el mero hecho de publicar, sea en la editorial que sea, es algo que hay que valorar. Yo pertenezco a esa clase de lectores. Lo curioso es que, cuando abres el libro pasado un tiempo y lees lo subrayado, a veces, carece de sentido o no te reconoces en esa frase. En otro momento subrayarías otras frases. Pero, cuando estás leyendo un libro, estás pasando por un momento determinado y llamas tu atención sobre lo que es importante para ti en ese momento.

Pienso en los libros de John Powell el verdadero yo en pie, ¿por qué temo decirte quien soy o la felicidad es una tarea interior. Los leí hace tiempo, cuando estaba en una crisis de mi vida, en la que me costaba comunicarme con los demás, en la que me sentía una inmadura y en la que la vida me había dado una serie de golpes que me costaba mucho afrontar. Cuando los he cogido esta semana no entendía los motivos que me llevaron a subrayar unas frases determinadas. No eran las más importantes del párrafo. Evidentemente, no estaban marcadas para el estudio, fueron frases que me dijeron algo en un momento determinado. Igual me ha ocurrido con textos escritos en el pasado. Tampoco me reconozco en muchos de ellos y eso que están escritos de mi puño y letra. Leo mis pensamientos y me pregunto ¿dónde está esta chica?. La persona actual que soy tiene tan poco que ver con ella, que parece una extraña.

De diferente forma, ocurre lo mismo con las antiguas amistades. Hay personas con las que ya no sabría de qué hablar y que cuando las veo, me pregunto qué es lo que me unió a ellas. ¿Cuál es la persona verdadera, la de antes o la de ahora?. Supongo que ambas fueron reales, en ese momento concreto. Supongo que sin la que fui, no podría haber llegado a la que soy. Supongo que sin las cosas buenas y las malas del pasado no sería como ahora y no podría valorar mi experiencia. La que fui, intentó vivir la vida como pensaba que era lo mejor, siendo auténtica unas veces y otras dejándose llevar y diciendo lo que los demás querían oír. Supongo que por ello, al leer los libros subrayados, descubro en ellos mucha vida, mucha diferencia y muchos recuerdos.

También pasa cuando escuchas tus canciones favoritas. Alguna antigua de Luis Miguel, de Cristian, de Joaquin Sabina hasta los Heroes del Silencio. Responden a una etapa llena de vida, de sueños que en parte se hicieron añicos. Creo que más de uno necesitaría varias vidas para poder cumplir todos sus sueños. Una parte de mi anhela una vida que ya no puedo llevar, otra parte se quedó en el dolor y la rabia de la decepción con el mundo, con los demás y conmigo misma. Y otra, está encantada de ser quien soy, las aglutina a las otras y las domina para conformar a la persona que soy, que lucha, cae y se levanta, que acepta sus fallos y sabe de sus virtudes. Que da las gracias por las personas que la rodean, por poder hablar con el corazón con los amigos de verdad, que aprendió de las enseñanzas de la gente que ya no está y que lloró, rió y amó con todas sus ganas. Y lo sigue haciendo. Alguien que coge un libro de su colección y recuerda; pero también descubre lo que le quiere decir en ese momento. No todos los libros nos dicen cosas nuevas. Los de texto, siempre nos dicen lo que nos dijeron cuando los estudiamos, otra cosa es que nos acordemos o no. Los de pensamiento o los ensayos son los que entablan un diálogo con nosotros mismos. Al aplicarlos a nuestra vida diaria pueden tener muchas connotaciones.

No recuerdo quién fue quien dijo que, en cada libro, hay una frase dedicada a cada lector. Que si los leemos, es porque tenemos que encontrar nuestra frase, lo que el escritor nos quiere decir a cada uno de nosotros. Y que, cuando la encontremos, no hace falta seguir leyendo. En mi caso, siempre he llegado al final, para tener la certeza que la frase que pensaba que era para mi era verdaderamente para mi. Así, se iniciaba un diálogo personal con el libro, una llamada de atención que hacía que no pasara por un libro mas en mi vida. Es lo bueno de los libros, no pasan las oportunidades, siempre puedes retroceder, o subrayar. En la actualidad, en la que hay muchas personas que no leen ni tres al año, me doy cuenta de lo que se pierden. Sí, no hay tiempo para nada, al menos vale como excusa. Pero, conozco a gente que usa el transporte público para ello. ¿Qué sería de los viajes en renfe, en metro o en autobús sin lectores de periódicos o de libros? ¿Qué sería de los ambulatorios, de las colas del inem o de las cafeterías solitarias sin algo que leer? Tener una lectura para aprender nuevas cosas, de las que te metes tanto en ellas que no oyes los ruidos que te rodean, que hacen que te olvides de todo lo que no sea la historia que lees.

Sí, los móviles están muy bien; pero si tratas de leer algo en ellos te dejas la vista. Lo mismo ocurre con Palm's o PDA's. Los portátiles se ven; pero donde esté la facilidad de llevar de un libro que se quiten los aparatos electrónicos. Otra opción es el walkman, con libros para escuchar. Pierde la belleza de leer con tu propia voz y es difícil poder pensar, por no hablar de que no te enteras de nada si los pones bajito o los oye todo el mundo si lo pones alto. Porque, no nos engañemos, las nuevas tecnologías no pueden eliminar al papel. Seguro que conocéis gente que busca lo que quiere leer en internet, baja el archivo a su ordenador y después lo imprime. El papel cansa menos la vista que la pantalla y se lleva mejor. Y si es papel reciclado, mejor, que necesitamos los árboles para respirar, para contener la tierra cuando tenemos las riadas y cuando no los tenemos, ya los echamos de menos.

Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, veremos libros, sueños hechos realidad de personas que quisieron dejar escrito sus historias o sus pensamientos. Y que arriesgaron en perseguir el sueño de publicar. Que no tenían un nombre al principio y que puede que no vuelvan a escribir. Pero una vez, persiguieron un sueño, arriesgaron y les salió bien. Aceptaron negativas sin desilusionarse. Nadie conocería a Harry Potter si su autora se hubiera desanimado con las cartas de rechazo. Personas que pensaron que podían aportar algo y que, quien sabe, a lo mejor un lector necesitaba leer lo que estaba escribiendo. Gente que creyó en el producto de sus manos y lo defendieron. Hay muchos libros, auténticos best-sellers que se publicaron por una defensa del escritor. Pienso en la historia de Paulo Coelho, con su primer libro, dejando su cómodo trabajo y aventurándose en un mundo desconocido. O pienso en Ken Follet, con Los pilares de la tierra que era su apuesta personal, distinta a lo que estaba acostumbrada la editorial, que se salía de sus temáticas habituales. Y habrá otros ejemplos que pasaron sin pena ni gloria para la mayoría de la sociedad; pero no para sus autores. Pero los que llegaron al gran publico y tuvieron éxito han aportado mucho a mucha gente, han provocado consecuencias que nadie esperaba. Estoy segura que todos los que defendieron sus libros, a pesar de los obstáculos, tenían a alguien a su lado que creía en ellos, que les decía "ánimo, tú puedes, sigue".

Ayer, mi marido me dio una noticia que me sorprendió. Me indicó que si en Google buscas "blog ultreia" el primero que sale es éste. Si pones sólo "ultreia" este blog sale en la segunda página. Y me sorprendió porque, yo no sé la gente que visita este pequeño blog. No sé si me lee mucha gente o poca. No tengo muchos "amigos" en la coctelera, y los enlaces que he puesto son muy dispares. Algo ha ocurrido para estar ahí. Mi apuesta de escribir y lanzar mis ideas a la red, no pensaba que llegaran tan lejos. Supongo que si, mis artículos, ayudan a alguien a mirar la vida con esperanza, o hacen pensar, yo me doy por satisfecha, porque a la primera que me hacen pensar es a mi. No quiero acabar sin dar las gracias a los que me leen. Gracias por querer formar parte de mi vida, por gastar un poco de tiempo en leer lo que escribo y gracias por prestarme atención, sin conocerme de nada. Seguramente esa posición sea temporal; pero me permite hoy ser realista y dar gracias, tener los ánimos reforzados y seguir. GRACIAS.

27 Noviembre 2006

Mi marido me ha hablado de un curioso blog: Abandonalia y la verdad, es que después de navegar por él, me he acordado de lugares que conozco y que me hicieron pensar en lo que pongo en el título, el capricho del ser humano. Porque, es un capricho que haya lugares que se van poblando y al cabo del tiempo se convierten en una gran ciudad y otros, en cambio, se abandonan y se envían al olvido. Es un capricho porque en las dos opciones, hay personas, hay vivencias, hay historias. Y no hay nada que diga que una pueblo va a prosperar o se va a abandonar. Las situaciones geográficas pueden influir, el estar cerca de un río, el tipo de tierra que lo rodea; pero no creo que eso sea lo determinante.

Muchos pueblos se abandonaron porque la gente se marchó a las ciudades en busca de trabajo, de éxito y de una vida mejor. ¿Qué es lo que marcó que unos lugares se poblaran y otros se despoblaran?. Creo que el capricho humano. Los pueblos abandonados, que figuran a los márgenes de nuestras carreteras nos hablan de historias. Fueron útiles hace tiempo para albergar a una familia, un amor. Y cuando dejaron de ser útiles, se arrinconaron. En la actualidad hay pueblos habitados por muy pocas personas. Incluso se llega a fomentar que la gente vaya a hacer su hogar a base de regalar casa y ofrecer trabajo. O se hacen "caravanas de mujeres" como en Cobos de Fuentidueña (Segovia) o Villafrechós en Valladolid, pues hay muchos holmbres solteros en el pueblo y pocas familias, por lo que se intenta que vayan mujeres de otros sitios y así hacer aumentar la población. Demostrando que se puede vivir muy bien en pueblo con pocos habitantes. Allí no hay problemas de malos humos, atascos y precios prohibitivos de la vivienda, como en las capitales. Y el trabajo, pues hombre, no hay muchas oficinas, pero el trabajo manual puede enseñar muchas cosas y aunque no ganes tanto como en otro sitio, puede que también no tengas tantos gastos.

Muchos de nosotros, que vivimos en las ciudades, pensamos que seríamos más felices en el campo, en pueblo pequeños, teniendo un hotelito rural, o siendo guardabosques, o cultivando champiñones. Nos escapamos a los pueblos buscando ese nivel de vida que perdemos en la ciudad. Tiene muchas cosas buenas, pero sobra estrés, prisa y es difícil ver las estrellas. Ahora se buscan soluciones intermedias. Vivir en un pueblo cercano a la capital, donde están las ventajas y menos inconvenientes. También hay precios demasiado altos en las ciudades colindantes o en las que se han convertido en "ciudades dormitorio".

Es lo que se llama el capricho humano de querer siempre lo que no se tiene. Los que viven en los pueblos, buscan su futuro en la ciudad y los que viven en la ciudad buscan la tranquilidad del campo. ¿Lo dejaría todo y empezaría una nueva vida en el campo? No será la primera vez que ejecutivos, ingenieros o gente con un buen sueldo, lo deja todo y compra una casita en un paraje perdido para vivir una nueva vida. Para muchos es locura, para otros lo que provocan es envidia. Muchos de esos pueblos abandonados se empiezan rehabilitando por el sueño de un ciudadano cansado, hastiado de su vida. Se compra una casa o se rehabilita la de los abuelos o de los bisabuelos. Se vuelve a las raíces, a un lugar que trae buenos recuerdos y se apuesta por una vida nueva. Se añaden comodidades, porque nadie dice que se viva sin luz o agua corriente. Y al final, se consigue.

Se abandona el modelo de vida urbano, por buscar un poco de humanidad. No es un camino de rosas y no siempre se consigue la felicidad. Pero si no se intenta, no se consigue nada. Seguro que también hay mucha gente feliz en medio del bullicio de las ciudades, en plena hora punta, o en las calles repletas de gente en los dias de Navidad, cuando más que calles parecen una marea de cabezas. Y también habrá gente feliz en las ciudades que pasan alguna temporada en un pueblo y que son felices allí también.

Recuerdo que la primera vez que entré en un convento de clausura me llamó la atención la tranquilidad que se respiraba cuando estaba en medio de la ciudad. Fuera se oían los pitos de los coches, el ruido de los motores, las voces de los vendedores. Dentro, había veces que oía sólo el latido de mi corazón. Fuera había comodidades, dentro... el frío de la iglesia sin radiadores, la incomodidad de los bancos antiguos y el viento que se colaba por las rendijas de las ventanas. Fuera estaban los periódicos, la televisión, la radio, internet... la libertad de decisión, hacer lo que da la gana... dentro las reglas, el silencio, la soledad, el estar supeditado a los demás. Y lo curioso es que, al hablar con aquellas mujeres, sentí que su felicidad era de verdad y que fuera de esos muros era casi imposible sentirla. Me enseñaron mucho y me dieron más de lo que el mundo de afuera jamás me podría ofrecer. Es una vida muy dura, dificil; pero que puede hacer feliz.

Cuento este recuerdo porque también hay monasterios abandonados, mucha menos vida consagrada que antes. La sociedad nos brinda muchas opciones de vida, no como antes que siendo mujer, o te casabas o te ibas al convento. Los tiempos han cambiado y los que ahora entran en religión lo hacen eligiendo entre varias opciones. Algo respetable, se entienda o no. Y porque haya menos gente, no significa que haya menos vida, como en los pueblos rurales que están poco habitados. Cuando se abandona un pueblo, algo de los que allí moraron queda. Al pasear por sus calles tenemos una llamada de atención a pensar en nuestra vida, en nuestros logros y fracasos. Se nos invita a pensar en cómo era la vida de sus habitantes, y las circunstancias que les llevaron a dejarlos. Son historias que se perdieron en el tiempo y quien sabe si no se perdió con ello también sabiduría, plantas que curan, remedios caseros o conocimientos que se transmitían de padres a hijos, no en la escuela. Algo del ser humano se queda en ese lugar abandonado. Algo de humanidad se pierde en esas calles desiertas.

28 Octubre 2006

Hace bastante tiempo leí un libro que tiene el mismo título de este escrito. El coraje de tener miedo. En aquella ocasión la lectura era sobre temas de fe. Pero me gustaría dar una vuelta de tuerca a este título. Al comenzar el blog, hablé de que los sueños tarde o temprano se cumplen. Uno de los comentarios me decía que en ese momento las dificultades te duelen y no ves mas allá. Y eso es cierto. Cuando estás en medio del terremoto, los minutos pasan muy, pero que muy lentamente. Lo bueno es tener siempre un recuerdo para aguantar. Con uno basta, porque recordar, es volver al corazón, a las entrañas y allí, sólo aparece la esperanza, la historia personal con los buenos momentos. Un recuerdo lleva a otro y éste a otro...

El miedo, en la mayoría de los casos, es bueno, si no le permitimos que nos paralice. Cuando me enfrento a una página en blanco, o a escribir en el ordenador, siempre tengo miedo. Miedo a poder expresar lo que quiero. Miedo a lo que puede provocar el texto. Miedo al blanco, a no hacer la mejor de las oportunidades. Y miedo a tener las ideas claras y a quedarme en blanco, no poder hilar el texto como quiero.

Cuando me enfrento al reto, siempre me merece la pena. A nivel personal, siempre termino satisfecha. Eso no significa que escriba y haya párrafos que termine borrando. Las ideas hay que ir dándolas forma, viéndolas por todos los lados posibles. Y cuando se usa el lenguaje, se comprende la trampa del mismo, por lo que se le tiene cierto respeto. Se usan los espacios en blanco para poder pensar, para buscar otra idea. Intentas entrar en una especie de burbuja que haga que te olvides de todo lo que te rodea y centrarte en la conexión de los dedos y del cerebro. Sabes lo que quieres escribir y esperas encontrar la forma de hacerlo. Y en esos intentos, en ese constante escribir y borrar, me encuentro satisfecha. Porque encuentro el coraje de tener miedo.

Cuando empiezas un proyecto, no sabes lo que pasará en el futuro. Puede ir como esperas o salir por donde no esperas. No se trata de lanzarse, de hacerlo todo sin medir consecuencias ni aceptar responsabilidades, sino de enfrentarse a los retos. Pienso en que ahora no estaría embarazada, si en un momento no hubiera dado una oportunidad a mi corazón y a ese "algo" que sentía hacía una persona, un amigo que ahora es mi marido. Pienso que si no me hubiera atrevido a entregar un curriculum, ahora no tendría trabajo. Si no hubiera salido de mi mundo, me habría perdido muchas cosas.

El miedo a caer, a fracasar, a la burla y a la incomprensión nos paraliza. Y gana si nos detiene en nuestro camino. El mundo está lleno de errores. Y hay algo más duro todavía. La incomprensión de los que te rodean. A mi me ha pasado varias veces: estás hablando con una persona, intentando abrir el alma porque tienes algo que contar y descubres que esa persona en la que confías, está distraída, en su propio mundo, sin darte ninguna importancia. Y si te escucha es para decirte que estás mal, que te has equivocado, recriminarte que has metido la pata. Es como si te cayera encima toda el agua de las cataratas del Niágara.

No les creas si te dicen que no vales. No les creas si te dicen que no tienes remedio. No les creas, porque si lo haces, no andarás. Me acuerdo ahora de unas palabras de Mario Benedetti:

Obedecer a ciegas deja ciego, crecemos solamente en la osadía.

Es una frase que tiene mucho que ver con ese coraje del que estoy hablando. Date la oportunidad de intentarlo. No se trata de ir todos por esas estupendas autopistas, sino de buscar la velocidad y el camino de cada uno. Habrá cosas que te digan con lo que estarás de acuerdo y otras que te chirriarán en los oídos. Que te equivocas, no pasa nada. Otros no se han movido del sitio y tu has aprendido algo, ya tienes experiencia. Pasa con el trabajo, en todos sitios te piden experiencia. ¿Qué pasa si nadie te dá la oportunidad de demostrar lo que sabes, lo que eres?. Si alguien no se arriesga, no podrás tener experiencia.

Las oportunidades llegan para aquellos que tienen el coraje de buscarlas. Tienen el coraje de tener miedo, de abrir las alas para volar.

Sobre ULTREIA

Una mujer (y mami) con inquietudes que quiere mirar más allá de las cosas, atreverse a soñar despierta e ir poco a poco consiguiendo los sueños, vivir cada día intentando ser feliz sin esperar oportunidades perfectas.
Puedes pedírmelo a mi, si lo quieres dedicado y con un marca páginas, por correo en la siguiente dirección ultreiablog@gmail.com
Free counter and web stats
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons IBSN: Internet Blog Serial Number 41-27-02-2007
GRACIAS A TOD@S LOS QUE OS HABÉIS ACORDADO DE MI
Perfil de Facebook de Cris Carrillo

Amigos