Hay lectores que subrayan los libros, para destacar una idea que pensarán o que les parece que va dirigidos a ellos mismos. De los que no prestan libros, no por egoísmo, sino porque otra persona no podría leer el libro por los subrayados y los comentarios. De los que buscan aprender algo con cada libro que les llega a las manos porque reconocen que el mero hecho de publicar, sea en la editorial que sea, es algo que hay que valorar. Yo pertenezco a esa clase de lectores. Lo curioso es que, cuando abres el libro pasado un tiempo y lees lo subrayado, a veces, carece de sentido o no te reconoces en esa frase. En otro momento subrayarías otras frases. Pero, cuando estás leyendo un libro, estás pasando por un momento determinado y llamas tu atención sobre lo que es importante para ti en ese momento.
Pienso en los libros de John Powell el verdadero yo en pie, ¿por qué temo decirte quien soy o la felicidad es una tarea interior. Los leí hace tiempo, cuando estaba en una crisis de mi vida, en la que me costaba comunicarme con los demás, en la que me sentía una inmadura y en la que la vida me había dado una serie de golpes que me costaba mucho afrontar. Cuando los he cogido esta semana no entendía los motivos que me llevaron a subrayar unas frases determinadas. No eran las más importantes del párrafo. Evidentemente, no estaban marcadas para el estudio, fueron frases que me dijeron algo en un momento determinado. Igual me ha ocurrido con textos escritos en el pasado. Tampoco me reconozco en muchos de ellos y eso que están escritos de mi puño y letra. Leo mis pensamientos y me pregunto ¿dónde está esta chica?. La persona actual que soy tiene tan poco que ver con ella, que parece una extraña.
De diferente forma, ocurre lo mismo con las antiguas amistades. Hay personas con las que ya no sabría de qué hablar y que cuando las veo, me pregunto qué es lo que me unió a ellas. ¿Cuál es la persona verdadera, la de antes o la de ahora?. Supongo que ambas fueron reales, en ese momento concreto. Supongo que sin la que fui, no podría haber llegado a la que soy. Supongo que sin las cosas buenas y las malas del pasado no sería como ahora y no podría valorar mi experiencia. La que fui, intentó vivir la vida como pensaba que era lo mejor, siendo auténtica unas veces y otras dejándose llevar y diciendo lo que los demás querían oír. Supongo que por ello, al leer los libros subrayados, descubro en ellos mucha vida, mucha diferencia y muchos recuerdos.
También pasa cuando escuchas tus canciones favoritas. Alguna antigua de Luis Miguel, de Cristian, de Joaquin Sabina hasta los Heroes del Silencio. Responden a una etapa llena de vida, de sueños que en parte se hicieron añicos. Creo que más de uno necesitaría varias vidas para poder cumplir todos sus sueños. Una parte de mi anhela una vida que ya no puedo llevar, otra parte se quedó en el dolor y la rabia de la decepción con el mundo, con los demás y conmigo misma. Y otra, está encantada de ser quien soy, las aglutina a las otras y las domina para conformar a la persona que soy, que lucha, cae y se levanta, que acepta sus fallos y sabe de sus virtudes. Que da las gracias por las personas que la rodean, por poder hablar con el corazón con los amigos de verdad, que aprendió de las enseñanzas de la gente que ya no está y que lloró, rió y amó con todas sus ganas. Y lo sigue haciendo. Alguien que coge un libro de su colección y recuerda; pero también descubre lo que le quiere decir en ese momento. No todos los libros nos dicen cosas nuevas. Los de texto, siempre nos dicen lo que nos dijeron cuando los estudiamos, otra cosa es que nos acordemos o no. Los de pensamiento o los ensayos son los que entablan un diálogo con nosotros mismos. Al aplicarlos a nuestra vida diaria pueden tener muchas connotaciones.
No recuerdo quién fue quien dijo que, en cada libro, hay una frase dedicada a cada lector. Que si los leemos, es porque tenemos que encontrar nuestra frase, lo que el escritor nos quiere decir a cada uno de nosotros. Y que, cuando la encontremos, no hace falta seguir leyendo. En mi caso, siempre he llegado al final, para tener la certeza que la frase que pensaba que era para mi era verdaderamente para mi. Así, se iniciaba un diálogo personal con el libro, una llamada de atención que hacía que no pasara por un libro mas en mi vida. Es lo bueno de los libros, no pasan las oportunidades, siempre puedes retroceder, o subrayar. En la actualidad, en la que hay muchas personas que no leen ni tres al año, me doy cuenta de lo que se pierden. Sí, no hay tiempo para nada, al menos vale como excusa. Pero, conozco a gente que usa el transporte público para ello. ¿Qué sería de los viajes en renfe, en metro o en autobús sin lectores de periódicos o de libros? ¿Qué sería de los ambulatorios, de las colas del inem o de las cafeterías solitarias sin algo que leer? Tener una lectura para aprender nuevas cosas, de las que te metes tanto en ellas que no oyes los ruidos que te rodean, que hacen que te olvides de todo lo que no sea la historia que lees.
Sí, los móviles están muy bien; pero si tratas de leer algo en ellos te dejas la vista. Lo mismo ocurre con Palm's o PDA's. Los portátiles se ven; pero donde esté la facilidad de llevar de un libro que se quiten los aparatos electrónicos. Otra opción es el walkman, con libros para escuchar. Pierde la belleza de leer con tu propia voz y es difícil poder pensar, por no hablar de que no te enteras de nada si los pones bajito o los oye todo el mundo si lo pones alto. Porque, no nos engañemos, las nuevas tecnologías no pueden eliminar al papel. Seguro que conocéis gente que busca lo que quiere leer en internet, baja el archivo a su ordenador y después lo imprime. El papel cansa menos la vista que la pantalla y se lleva mejor. Y si es papel reciclado, mejor, que necesitamos los árboles para respirar, para contener la tierra cuando tenemos las riadas y cuando no los tenemos, ya los echamos de menos.
Si echamos un vistazo a nuestro alrededor, veremos libros, sueños hechos realidad de personas que quisieron dejar escrito sus historias o sus pensamientos. Y que arriesgaron en perseguir el sueño de publicar. Que no tenían un nombre al principio y que puede que no vuelvan a escribir. Pero una vez, persiguieron un sueño, arriesgaron y les salió bien. Aceptaron negativas sin desilusionarse. Nadie conocería a Harry Potter si su autora se hubiera desanimado con las cartas de rechazo. Personas que pensaron que podían aportar algo y que, quien sabe, a lo mejor un lector necesitaba leer lo que estaba escribiendo. Gente que creyó en el producto de sus manos y lo defendieron. Hay muchos libros, auténticos best-sellers que se publicaron por una defensa del escritor. Pienso en la historia de Paulo Coelho, con su primer libro, dejando su cómodo trabajo y aventurándose en un mundo desconocido. O pienso en Ken Follet, con Los pilares de la tierra que era su apuesta personal, distinta a lo que estaba acostumbrada la editorial, que se salía de sus temáticas habituales. Y habrá otros ejemplos que pasaron sin pena ni gloria para la mayoría de la sociedad; pero no para sus autores. Pero los que llegaron al gran publico y tuvieron éxito han aportado mucho a mucha gente, han provocado consecuencias que nadie esperaba. Estoy segura que todos los que defendieron sus libros, a pesar de los obstáculos, tenían a alguien a su lado que creía en ellos, que les decía "ánimo, tú puedes, sigue".
Ayer, mi marido me dio una noticia que me sorprendió. Me indicó que si en Google buscas "blog ultreia" el primero que sale es éste. Si pones sólo "ultreia" este blog sale en la segunda página. Y me sorprendió porque, yo no sé la gente que visita este pequeño blog. No sé si me lee mucha gente o poca. No tengo muchos "amigos" en la coctelera, y los enlaces que he puesto son muy dispares. Algo ha ocurrido para estar ahí. Mi apuesta de escribir y lanzar mis ideas a la red, no pensaba que llegaran tan lejos. Supongo que si, mis artículos, ayudan a alguien a mirar la vida con esperanza, o hacen pensar, yo me doy por satisfecha, porque a la primera que me hacen pensar es a mi. No quiero acabar sin dar las gracias a los que me leen. Gracias por querer formar parte de mi vida, por gastar un poco de tiempo en leer lo que escribo y gracias por prestarme atención, sin conocerme de nada. Seguramente esa posición sea temporal; pero me permite hoy ser realista y dar gracias, tener los ánimos reforzados y seguir. GRACIAS.
Mi marido me ha hablado de un curioso blog:
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